Hace aproximadamente nueve años, uno de mis colegas me derivó una paciente. Era una mujer de treinta y dos años, hermosa y distinguida, esposa de un analizante suyo.
-Vengo a verlo básicamente, porque no puedo llegar al clímax- se presentó la dama, antes siquiera de decir su nombre.
-¿Podría ser un poco mas específica?- le contesté desatando su verborragia.
-Me cuesta disfrutar plenamente del sexo con mi marido y no puedo llegar al orgasmo. Participo del jugueteo previo y del acto sexual en sí, pero… por mas que quiera no puedo gozar. Por lo general miento diciendo que la pasé muy bien y alguna que otra vez, fingí placer para que quien estuviera conmigo, no se sintiera frustrado. Tengo miedo de que mi pareja piense que es el culpable de lo que me está pasando y ¡nada que ver! porque… el problema lo llevo yo en mi cabeza. Es como si hubiera algo adentro mío que no me deja disfrutar de mi sexualidad libremente. Lo amo con todo mi corazón y haría lo que fuera necesario para que sea feliz, por eso vengo a verlo; quiero solucionar este tema cuanto antes.
-Siente que el problema lo tiene usted- reflexioné.
-Si, es que estoy un poco loca y reconozco que yo tengo la culpa, este tema es muy importante para mí. Creo que todavía soy una mujer joven y tengo todo el derecho del mundo de disfrutar a pleno con mi marido; si bien no soy una nena tampoco estoy tan vieja ¿tengo razón?- yo asentí instintivamente con la cabeza y ella continuó con su descarga -No me considero una adolescente aunque a veces le aseguro que me gustaría serlo, porque con esa parte de mi vida acarreo un gran inconveniente: simplemente no recuerdo nada. Tengo la sensación de haberme salteado esa etapa y haber pasado de ser una nena inocente con colitas en el pelo, a esta mujer adulta sin escalas.
-Usted cree que el no recordar nada sobre su adolescencia podría ser un inconveniente- le planteé en tono solemne.
-Me parece que sí, porque es una etapa fundamental para la sexualidad. Por lo que tengo entendido es cuando uno empieza a conocer su cuerpo y… si a lo mejor lo hubiese sabido antes, me hubiera ahorrado más de un dolor de cabeza.
-A ver… ¿Cómo se entiende eso?
-Supuestamente, en esa época empiezan a aflorar las necesidades sexuales, los deseos mas carnales y predominan las zonas erógenas- Me contestó como si estuviera diciendo una obviedad.
-Y a usted justo le falta esa etapa- solté en tono irónico.
-¡Claro! mi cuerpo fue todo un misterio para mí y tuve que ir aprendiendo a los tumbos yo sola. Creo que era obvio que iba a cometer errores y me parece que por eso me costó tanto tiempo definir mi sexualidad; basta con decirle que hasta hoy nunca ¿pero nunca, eh? me masturbé- se lleva la mano automáticamente a la boca y pide perdón -Mi debut sexual fue un verdadero desastre y totalmente olvidable; para variar yo estaba muy nerviosa, llena de miedos y acomplejada con mi cuerpo, no sabía lo que era un preservativo, en donde estaba el famoso punto G y nunca me había imaginado a un hombre desnudo.
Debo confesarle que hasta el día de hoy me parece que nunca he tenido un orgasmo, o si a lo mejor lo tuve, nunca me di cuenta. Fui aprendiendo un poco al escuchar las experiencias que contaban mis amigas, que por lo general fueron bastante mas precoces que yo; ellas aseguraban que si hasta ese momento no sabía lo que era una buena excitación, nunca había tenido una.
Paso a relatarle cómo debatieron el tema, una fría noche de otoño, ante mi atenta mirada:
-¿Cómo puede una persona no saber si ha tenido un orgasmo?- preguntó la mayor de todas, abogada y casada hace varios años -Yo sé y entiendo que hay gente que nunca lo ha tenido, pero no saber si se tiene o no, no me cabe en la cabeza. Cuando una mujer ha tenido uno, no duda de ello ¡lo sabe! Las mujeres sentimos necesidad de gozar al igual que los hombres aunque tenemos tiempos diferentes; en algunos casos se torna una ventaja para nosotras porque nos permite tener en un mismo encuentro sexual, varios finales.
-Aparte, hoy en día te das cuenta hasta viendo una película- le retrucó la solterona, pero vencedora de mil batallas amorosas -Hay un montón de escenas, que no voy a detallar ahora, en donde muestran lo que le sucede a una mujer en el cuerpo, cuando alcanza el éxtasis; es algo tan intenso que cuando te pasa es difícil no reconocerlo. El disfrute en sí, es un largo y misterioso camino que puede llevarnos a infinitas formas de satisfacción, el orgasmo es maravilloso pero no es el objetivo único de la experiencia sexual.
-¿Ah, no? ¿Entonces cuál es la finalidad del sexo, que a mi nadie me avisó?- volvió a insistir la primera, lanzando una carcajada sonora.
-No confundan a la chica ¿quieren?- apareció en escena la menor de las integrantes del “quinteto de la muerte” o “The Ladykillers” como le llamábamos al grupo que se juntaba una vez por semana a tomar algo siempre en el mismo bar del centro -Si solamente buscás el clímax en una relación sexual entonces ¿para qué necesitás a la otra persona si podes conseguirlo vos sola?
-Puede haber muchos beneficios en el contacto de los cuerpos y sin necesidad de ponernos filosóficas, te doy un ejemplo concreto: el placer en sí mismo, que no siempre se alcanza con el orgasmo- se sinceró la asesina que faltaba, una hermosa morocha de pelo lacio hasta los hombros, de buena posición económica y estudiante de medicina -En mi caso, lo que más me gusta del sexo es todo lo que está antes del acto consumado, porque el furor dura sólo un instante y la previa, mucho más; una vez que se logra alcanzar la satisfacción, ya no hay nada mas por hacer y por eso prefiero mil veces los preliminares espectaculares.
Cuando escuchaba a mis amigas debatir sobre estas cuestiones, me sentía cada vez mas extraña, me encogía de hombros y trataba de hacerme pequeña en mi asiento para pasar desapercibida. Ellas tenían bien en claro que a mí no me gustaba hablar mucho de sexo y por eso, me dejaban al margen de la conversación aunque, me involucraban todo el tiempo con su mirada. Sólo conocían de mí, la parte fragmentada de la historia que yo les había contado y si bien estaban al tanto de que nunca había tenido un éxito amoroso, no me molestaban con ese tema porque les dejé bien en claro en su momento, que no me interesaba hablar de eso.
Creo que jamás será posible para mí, hablar de algo personal tan abiertamente como ellas lo hacen y como contrapartida, me siento totalmente ajena a lo que cuentan, un sapo de otro pozo como se dice habitualmente. Me parece como si estuvieran describiendo sensaciones y sentimientos que nunca experimenté ni creo poder vivirlos jamás.
-Para una persona que si sabe lo que es haber tenido un orgasmo, si no se da cuenta si ha tenido uno, es porque evidentemente nunca lo ha tenido ¿se entendió?- continuaron aleccionándome -Mas que nada porque cuando aparece esa sensación, el cuerpo se paraliza y no querés que termine nunca.
Esta vez no me aguanté la impotencia de sentirme aludida por la conversación y me animé a proponer una pregunta a las diosas del amor:
-¿Cómo se puede enseñar a alguien a sentir el placer?
Se produjo un instante de silencio y cuando por fin pudieron comprender lo que estaba ocurriendo, (que una de sus siervas, la mas reservada y misteriosa, les estaba consultando algo a ellas como a un oráculo) continuaron hablando, esta vez dirigiendo toda su atención hacia mí.
-Siempre va a ser más fácil tener o descubrir nuevas emociones si practicamos a solas. Lo primero que debemos hacer es conocer cuáles son las zonas de nuestro cuerpo que nos brindan mayor placer y tener la suficiente confianza con nuestra pareja para que sepa que puntos tocar y con cuanta intensidad. Sin una comunicación abierta y fluida no hay forma de que el hombre sepa lo que una mujer quiere. Es importante saber que la mujer necesita un mayor tiempo para lograr la excitación y esto tiene que ser hablado con el compañero, sin pudores; si no hay estimulación suficiente es muy difícil que se puedan producir finales asombrosos.
Creo que en ese momento de la charla me puse roja como un tomate, al darme cuenta de lo cerrada e inexperta que era; me parece que mi amiga mayor, también lo notó porque instantáneamente su tono de voz se volvió más comprensivo y tierno:
-No te preocupes, el método es sencillo. Sólo tenés que buscarte el tiempo necesario para estar tranquila, ensayar las distintas formas de darte placer e ir subiendo el nivel de excitación de a poco; es probable que no llegues en la primera ni en la segunda vez, pero vas a lograrlo.
-Todos los placeres viven dentro de nosotras y sólo tenemos que hacerlos emerger, hay que dejar que salgan sin culpas ni remordimientos- completó la solterona -Cuando alguien más y más, se empecina en tenerlos, se obsesiona por ellos y ocupa tiempo de su vida deseándolos, peor es la experiencia; debemos evadirnos de la castración sexual en la que estamos inmersas y dejar de actuar sólo en los papeles cotidianos de madre, trabajadora y esposa. Tenemos que dejarnos llevar por el disfrute y el erotismo, lo demás va a salir solo.
-¿Y usted que opina sobre lo que dicen sus amigas?- le pregunté a la paciente, sin anestesia y con mirada desafiante.
-A veces me alivia pensar que el sexo es cosa de dos personas y que hay que llegar a un acuerdo, porque me cuesta creer que el hombre cada vez que termine sea porque está totalmente satisfecho- contestó bastante mas calmada que cuando llegó -Entiendo que plantear el placer sólo como la búsqueda del orgasmo es una tontería y en ese sentido me siento mas cerca de la opinión de mis amigas. Me seduce el sexo con mi marido y no la paso mal, aunque debo reconocer que nunca tomé la iniciativa en la pareja y no sé muy bien por qué; me parece que a lo mejor, no quiero que me tome por puta- vuelve a taparse la boca instintivamente con una mano mientras se disculpa -¡Que mal hablada que estoy últimamente, por favor! Yo no soy de expresarme así, de decir malas palabras y todo eso; últimamente este tema me pone tan nerviosa que no controlo ni siquiera mi lenguaje, me la paso todo el día proyectando e ideando posibles soluciones para terminar con esto de una vez por todas.
Pienso en mi marido y me estimula saber que él nunca me reprochó nada en absoluto; a veces me dice en broma: -¿Cuando va a ser el día que propongas algo vos? Cada vez que él me lo pidió y tuve que tomar las riendas de la situación, fue un verdadero fracaso; me desenvolví torpemente y no supe que hacer. Al final tuve que abandonar como una cobarde y dejar que él continuara como siempre.
-¿Cómo es la relación con su marido?– indagué, pretendiendo sacar sus emociones del adormecimiento.
-¿Qué hacemos ahora mi amor?- le pregunté ansiosa a mi esposo y sin dejarlo contestar, le sugerí -salgamos a dar una vuelta que el día esta precioso.
-¿Adonde querés ir?- me contestó él de manera amorosa -Estoy muy cansado por el viaje… ¡acabamos de llegar! Desarmemos los bolsos aunque sea, ya vamos a tener tiempo para pasear y disfrutar, tenemos diez días para nosotros solos. Planeamos estas vacaciones durante mucho tiempo como para derrochar toda la energía en la primera jornada.
-Es que me muero de ganas porque conozcas un lugar hermoso que te va a encantar- insistí tomándolo de un brazo.
-Sólo espero que no haya que caminar mucho- suspiró mientras se frotaba la frente con una mano.
Finalmente salimos por el sendero de árboles añejos que bordeaba el casco de la estancia y caminamos en silencio algunos minutos. Aspiraba con todas mis fuerzas el aire puro de campo y llenaba mis pulmones de vida, podía sentir la brisa fresca atravesar todo mi cuerpo hasta desvanecerse en mi boca. Hinché el pecho y me embellecí por el amor que me invadía como a un ave salvaje, sonreí ante la nuca despoblada de mi marido y me deleité contemplando su curtida espalda como si fuera la primera vez que lo hacía. Me agaché con la excusa de atarme los cordones y me detuve a observar su pausado caminar, sereno y seguro; me quedé así un instante para poder contemplar aquella escena aunque sea unos segundos mas. El tibio sol del mediodía se filtraba entre las espesas copas y junto al furtivo rocío que aún quedaba en el ambiente montaban un espectáculo natural irrepetible.
Pensé en mi compañero como un hombre nacido bajo el signo de Libra, todo en él era justicia, pasión y armonía, era una persona que me amaba con todo el corazón y podía sentirlo a cada paso. Llegamos al final del camino y el sol nos sorprendió de frente hasta enceguecernos, el valle florido se asomaba bordeando una pequeña colina, en lo alto alrededor de la cima flotaban algunas nubes.
-¿Y, que te parece?- le dije con una enorme sonrisa.
-Tenías razón es hermoso, valió la pena la caminata- me contestó, y para mí ése fue uno de los días más felices de mi vida.
¿Era yo, en ese momento, realmente capaz de valorar todo el amor que él sentía por mí? ¿Me preocupé lo suficiente porque estuviera contento y no le faltara nada? Todo lo que él hizo por mí, todo lo que siempre me dió, lo acepté como algo natural y obvio, como si fuese de mi pertenencia y en cierta forma, me lo debiera. Nunca me detuve a pensar en los sentimientos y experiencias que mi marido había tenido antes de casarse conmigo; jamás le cuestioné su pasado. Juntos sólo teníamos necesidad de lo que era real, de lo que existía inexorablemente entre nosotros: amor y compañerismo incondicionales, nada más.
Recordé por un instante sus manos delicadas y amables, su sonrisa espontánea, su mirada traviesa; tuve la convicción de que tanto aquella sonrisa de ángel, esa mirada sincera y sus finas manos, eran de mi propiedad absoluta y estaban a mi disposición para cuando yo las solicitara. ¡Cuánto sufrimiento podía causarle si me lo proponía! Mi marido era lo único que valía la pena para mí en esta vida, nada digno de ser destacado había en mi mundo que no fuera él. Pasara lo que pasara, me prometí en ese momento que nunca lastimaría al hombre que amaba. Si acaso estuviera en mis manos el hecho de que fuera feliz o penara por su vida, me propuse que de aquí en adelante todo sería bienaventuranza, por lo menos, mientras que el destino siguiera uniéndonos como hasta ahora. Me dí cuenta de lo agotadora que resultaría la tarea que pensaba llevar adelante y a pesar de eso, me sentí fortalecida, entera y tan enamorada que la misión aceptada, me pareció de pronto, fácil de cumplir.
Luego de pasar un largo rato observando aquel magnífico espectáculo tirados en el césped todavía húmedo, regresamos a la estancia y nos tumbamos en la cama exhaustos. Mientras yo meditaba como lograr mi propósito sin que mi marido se percatara del cambio que se había producido en mi interior, nos quedamos dormidos. No deseaba esperar más tiempo para demostrarle la nueva ternura en la que me encontraba embarcada y al despertar, me acerqué a su boca para darle un profundo beso mientras él, aunque se hallaba inmerso aún en ese límite incierto que separa la vigilia del sueño, se abrazó a mi cuerpo con pasión. Permanecimos así, rendidos en esa playa oscura y cálida que es el amor antes de adquirir la conciencia del despertar, largo rato; luego nos miramos como si acabáramos de descubrirnos y con aquella mirada se encendió una llamarada tan intensa que experimenté una excitación como nunca antes había sentido.
Sabía que si esas manos cuya firmeza añoraba, me tomaban ahora mismo, no respondería de mí; si aquel cuerpo musculoso se deslizaba sobre mi piel, la invitación sería complacida y estallaría de placer. Pero, cuando apenas había comenzado a dejarme arrastrar por su magnetismo, me ví sorprendida por un destello de gratitud en el rostro de mi marido y otra vez, volvió a apoderarse de mí un sentimiento maternal, inocente. Nos quedamos inmóviles. Se despertó en mi interior una sensación de triste amargura pues, aunque sabía cuánto poder ejercía sobre su alma, sentí que ella en el fondo, me rechazaba; como mi carne y mi cuerpo lo estaban rechazando a él ahora.
Flotaba insatisfacción en el vacío que reinó luego entre nosotros y el aire se tornó denso, impenetrable. Por suerte los dos sentíamos recíprocamente apasionada complicidad capaz de superarlo todo, no nos dejamos desalentar por aquella derrota, por el contrario esa comunicación intrapsíquica era lo que nos acercaba y afirmaba nuestro lazo de amor indestructible. Nos amábamos por sobre todas las cosas, el placer sexual era algo efímero y vulgar, pensé; nosotros éramos dueños de un sentimiento mucho mas duradero que derribaba cualquier barricada.
-Quisiera hacerle una última pregunta- le dije a la paciente sacándola de su estructura -¿usted consulta por voluntad propia o porque su marido le insistió para que viniera?
Se produjo un largo silencio en el ambiente, la penumbra avanzó sobre las ventanas del consultorio; ella bajo la cabeza y se quedo pensando eternamente, sin contestar.



Bueno, a ver, Agustín… Para empezar, me encantó el relato, es instructivo para las que aún no lo han experimentado o no conocen las sensaciones placenteras de su propio cuerpo.
Tiene su toque romántico, melancólico y hasta seductor. Pero… alargas mucho los párrafos diciendo lo mismo una y otra vez, hasta distraerme. Condensa lo escrito, y sé más picante, si me doy a entender. A veces eso mantiene al lector con los ojos pegados en la pantalla.
Espero no ser muy dura, y no me odies.
Un saludo y me voto, porque a pesar de la crítica, tienes una maravillosa narración.
Martha
Muchas gracias por tus palabras
Es muy saludable que alguien vea el escrito mas alla de si le gusto o no y pueda hacer alguna critica constructiva a tener en cuenta. Solo puedo decir en mi favor que la idea es ser lo mas textual posible con el discurso de los pacientes aunque a veces redunde en aburimiento o cansancio pero lo que quiero es itentar poder transmitir ese sentimiento que tambien siente el analista ante una paciente de este tipo aunque sea “literariamente incorrecto”
Entonces las siguientes partes de este relato, los leeré bajo una nueva concepción. No conocía tu punto de vista, y tienes razón; sin embargo, corres el riesgo de perder el interés del lector (ojo con ello). No tiene caso trasmitir tu punto de vista si nadie desea leerlo.
Hoy por la noche le echaré un vistazo a la segunda parte de Femme Fatale y dejaré mi opinión; a ver qué tal.
Otra cosita: eso de “Cambios de Hábito”… , ¿es el nombre de algún blog, o me adelanté demasiado en la historia? Lo encuentro repetitivo, ¿o estoy equivocada?
Saludos.
Olvídalo, ya me di cuenta que es un blog. Qué tarada soy.
Martha
Gracias por ponerle énfasis a la historia y tenerle confianza.
Para entender mejor el hilo del relato te aconsejo que comiences con “La historia de Junior ” en donde se plantea toda la situación y se aclara un poco el panorama.
Espero tus impresiones de esa historia también.