Cambio de hábitos - Femme fatale 3
24 de Mayo, 2012 0
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-Le confieso que antes de venir a verlo a usted, pensé en consultar a un sexólogo- arremetió rápidamente la paciente al comienzo de la nueva sesión.

-¿Y que pasó?- le contesté con desdén.

-No lo sé… era muy chocante. No podía arriesgarme a que mi mamá se enterara (sostengo la mirada interrogándola con un movimiento de cejas) Es que si llegaba a preguntarme algo, tenía que decirle la verdad y es obvio que no le iba a caer nada bien la respuesta; no sé mentir ¿que quiere que le haga?

Vi una publicidad haciendo zapping en tv y me sedujo la idea. Ese doctor brindaba consejos prácticos de cómo tener buen sexo y todo lo necesario para pasarla bien en la cama con tu pareja. Me parece que en el fondo yo necesito eso, alguien que me indique lo que tengo que hacer, en donde debo ponerme y ¡listo! se acabó mi problema.

-Necesita alguien que le diga lo que tiene que hacer.

-Sí, pero no a cualquier persona sino a alguien que realmente sepa, no a mi marido sino a un profesional de la materia. Estoy buscando algo o alguien que me enseñe a liberarme para pasarla bien.

-¿Liberarse de qué?- la interrogué, prestando especial atención a su respuesta.

-De los miedos, los prejuicios que llevo en mi cabeza y que se ponen en juego a la hora de tener sexo, anhelo poder soltarme y disfrutar del momento, no debe ser tan difícil… ¿Por qué todos los demás pueden hacerlo y yo no?

-Y entonces creyó que un sexólogo podría darle la solución.

-¿Acaso no soy como cualquier mujer?- me preguntó mientras los ojos se le llenaban de lágrimas -No puede ser que me encuentre dentro del escaso porcentaje de mujeres insatisfechas, y tampoco creo tener nada de diferente al resto de los seres humanos.

-Lamento informarle que sí es diferente a las demás; usted es única y especial- le expliqué mientras me acomodaba en mi asiento -El sexólogo básicamente se ocupa de trastornos mecánicos y sinceramente no me parece que el suyo sea uno de esos problemas. Debe aceptar primero que su lógica interna no funciona como la de las otras mujeres porque usted recorrió un camino bien diferente y vivió experiencias que las demás no; partiendo desde ese punto crítico, podremos empezar a trabajar.

-¿Qué es lo que soy yo, entonces?- me preguntó visiblemente angustiada.

-Exactamente esa es la pregunta que tenemos que responder a lo largo del tratamiento- respondí serenamente.

-Ser mujer, señoras mías, representa tener una picardía única e irresistible que se encierra en nuestra misteriosa y atrapante sexualidad- Insistió mi amiga por tercera vez ya que nadie en la reunión le había prestado atención -Una puede acostarse con cualquier hombre, no hay duda de eso, pero aquel que mejor estimule nuestras fibras internas, producirá en nosotras una mayor satisfacción sexual, el pico de placer irá en relación a la capacidad afectiva que sea capaz de mostrar el macho hacia su hembra.

-¿Que pasó? ¿De repente nos volvimos eruditas en sexualidad femenina?- retrucó otra, algo excitada por el tequila que se había tomado y a punto de emborracharse -Me parece que me perdí de algo.

-Es que ayer me puse a analizar las escasas posibilidades que existen de conseguirme un novio como la gente. Si, ya sé que aparentemente no tiene nada que ver con el tema que estamos hablando pero, inevitablemente siempre termino pensando en sexo- insistió la primera.

-¿Y a que conclusiones llegaste, amiga del alma, si se puede saber? Porque sabrás que entre nosotras no hay secretos ¿Qué decís, tenemos solución o estamos condenadas a vivir insatisfechas?- preguntó la alcoholizada, aprovechando para continuar comedia.

-No debemos olvidar que por muchos años existió la discriminación de género en el ámbito sexual femenino, no se nos permitía expresar nuestros sentimientos en cuanto al sexo ni sacar a la luz los pensamientos con respecto a nuestros deseos. Hoy en día, las mujeres somos dueñas de nuestro propio placer, nos sentimos más seguras, sabemos lo que queremos y lo expresamos sin prejuicios ni vergüenza. Reconozco que en algunos casos la sexualidad femenina sigue siendo un misterio y que no se entiende cómo es que algunas mujeres no nos conformamos y queremos más; esto hace que para los hombres se cree una especie de incertidumbre de hasta donde seremos capaces de llegar con nuestros excesos y libertinaje.

-Ah, venía en serio la cosa, pensé que estabas por despacharte con una de tus aventuras sexuales en donde casi siempre nos dejas boquiabiertas, pero… sorprendiste- acoté sin salir de mi asombro.

Era cierto que mi compañera de aventuras, tenía una vida sentimental bastante agitada y cada vez que nos juntábamos ella nos utilizaba como auditorio cómplice de sus alocados relatos sexuales; obviamente yo no podía acotar ni aconsejar nada al respecto aunque, en el fondo me hacia bien escucharlas porque de alguna u otra manera, asimilaba conocimientos que esperaba en algún momento poner en práctica. Varias veces pensé en inventarme alguna historia amorosa extramarital aunque mas no fuera para tener algo nuevo y sorprendente para decir, pero enseguida me abstuve porque me daba terror no tener elementos suficientes para sostener la mentira; terminaba llena de bronca y de impotencia al darme cuenta de que era tan inexplicablemente honesta y predecible.

-Lo mágico que tiene ser mujer- continuó con su relato, la voz cantante de mi amiga -es eso que nos hace ser consideradas como una “Caja de Pandora”: nuestra sexualidad, que no todo hombre puede alcanzar ni comprender. Para una inmensa cantidad de varones, un misterio inalcanzable envuelve al deseo femenino pero lo más grave de observar, es lo poco que sabemos algunas mujeres sobre la propia sexualidad.

-Tenés razón- acotó otra por el fondo -desde el nacimiento, el miembro del varón queda a la vista para siempre, en cambio, el sexo de la mujer permanece escondido y en silencio, no sólo para los demás, sino hasta para nosotras mismas. Así, el nene sólo se tiene que mirar para descubrir su sexo culturalmente explícito mientras que las nenas nos tenemos que explorar profundamente, a escondidas, para descubrirlo curioseando “indebidamente” nuestra intimidad. De manera que, para la mujer, indagar en la propia intimidad no es tarea fácil y menos en culturas sexofóbicas como la nuestra. La complejidad de esta exploración hace que la historia de muchas mujeres se convierta en un cúmulo de sentimientos encontrados, una suma de temores, dudas, vergüenza y pudores que condicionarán nuestra conducta sexual posterior.

-Igualmente- retomó la anterior, cada vez mas destruida por los efectos del alcohol -supongamos que yo soy una imbécil que no sé lo que es disfrutar a pesar de que me haya acostado con varios tipos, pues me voy a internet, busco información y se terminó el asunto, ¿para qué sirve tanta comunicación entonces?

-Tengamos en cuenta que mas información no es igual a mejor sexo, muchachas, equivale a menos tabúes, mas libertad, menos complejos, incertidumbres y también menos enfermedades de transmisión sexual pero… no nos convierte en mejores amantes- saltó otra de su asiento y que hasta el momento no había abierto la boca -De qué sirve tener un montón de datos y teoría si luego muchos no se toman la molestia de ponerla en práctica. Lo que cuenta es ir aprendiendo del propio placer y del ajeno teniendo en claro que el sexo es compartir y no solo un desahogo en solitario. No se puede comer primero el postre salteándose el primero y el segundo plato.

-A veces me levanto, licenciado, y me siento culpable de estar viva, no sé bien por qué- continuó la paciente con su relato -Mientras me ducho por la mañana pienso que a lo mejor estoy pagando algún error de mi juventud, aunque no logro distinguir bien cuál pude ser.

-Cree que hizo algo malo por lo que está siendo castigada- dije, intentando seguir el hilo de su razonamiento.

-¡Por favor! me llenaron tanto la cabeza con eso de que Dios está en todas partes y que todo lo vé que me siento perseguida y observada día y noche; pienso que con cualquier mal pensamiento o mala acción que cometa, me voy a ir directo al infierno. A veces imagino como si ya hubiese estado ahí, otras, creo que este lugar en donde habitamos es el mismísimo averno y no nos damos cuenta.

Todo lo que me pasa lo asocio con un castigo divino, incluso las enfermedades que tuve de pequeña las vivía como si fuesen una prueba que me ponía el de arriba- señala el techo y se persigna -Cuando me encuentro un rato a solas y me pongo a analizar mi situación, me parece que esto de pensar todo el tiempo en el sexo, y el hecho de no poder disfrutarlo como es debido, podría llegar a producirse porque soy un alma pecadora y hay algo dentro mío que no está bien visto a los ojos de Dios.

-¿Qué cree que es lo que tiene que pagar? (Inesperadamente se emociona y se pone a llorar, cuando se tranquiliza un poco, continúa hablando aun entre sollozos)

-La semana que viene no voy a venir. En realidad no sé cuando voy a poder volver porque ayer fui al doctor y me dijo que tengo displasia uterina. Estuve investigando sobre el tema y me informé todo lo que pude, sé que es una enfermedad parecida al cáncer que puede desaparecer sola y muchas veces necesita tratamiento; mi médico me dijo que en mi caso me van a tener que operar y extirpar el útero ¿Entiende ahora por qué le digo que me parece que estoy pagando alguna culpa del pasado?

La convalecencia de la operación se tramitó con éxito y rapidez, pero no trajo felicidad a la paciente. El primer día que se levantó de su cama se sintió indefensa, caminó por la habitación meditando sobre la enfermedad y sabiendo que de alguna u otra manera tendría que volver a aprender a vivir con la idea de que jamás podría ser madre. Contempló por la ventana el espléndido jardín que ella misma había plantado y que cuidaba en sus ratos libres, ahora un poco descolorido por la época del año y por su ausencia de los últimos días. A pesar de que aquella familiar visión la tranquilizó, seguía sintiendo algo en el pecho que la oprimía, una sensación difusa y descolorida. Toda su monótona existencia se le apareció como si fuera siempre el mismo día repetido sin mayores modificaciones, se veía previsible, un destino fácil, seguro y estructurado.

Solo tenía a su marido y aunque eso le colmaba el corazón, le producía un amargo sabor en la boca. Al pensar en él su malestar pareció atenuarse un poco aunque subsistió en ella, abstracto y tenaz, rodeando intangiblemente la imagen de su pareja, una gris estela de temor que no comprendía bien, que la turbaba y que muy adentro suyo, se negaba a reconocer.

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