Cambio de hábitos - La historia de Junior 2
2 de Mayo, 2012 3
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Desperté una calurosa y húmeda mañana de Febrero del año dos mil uno, sintiendo una extraña opresión en el pecho. A la distancia me parece haber presentido que en ese momento se estaba gestando algo especial y trascendental para el resto de mi vida.

Abrí los ojos religiosamente como todos los días un poco antes de las siete, (inclusive en fines de semana y vacaciones mantenía esta costumbre que irritaba tanto a quienes me rodeaban). Me acerqué sobre la espalda de mi mujer y delicadamente la besé en el hombro, ella se sonrió y me habló bostezando:

-Buen día mi amor, ya me levanto -lanzó con una voz de ultratumba que no coincidía con su delicada apariencia.

Luego de darme una ducha más que reparadora, salvadora diría yo; de esas que evitan que salga uno a matar gente por la calle, comencé a vestirme muy lentamente. La sensación de malestar no desapareció con el baño y no sólo eso sino que, se fue intensificando a medida que avanzaba el desayuno.

Me introduje en un pulcro pantalón de vestir color gris topo, desafié a mis pies con unos zapatos negros bien lustrados y con una camisa blanca, terminé de armar mi uniforme de todos los días.

El desayuno en compañía de mi esposa por lo general se desarrollaba en silencio, a ninguno de los dos se nos antojaba hablar por la mañana y como ya teníamos nuestra rutina bien armada de antemano hacía años, no era necesario que perdiéramos tiempo preguntando que iba a hacer el otro. Mi mujer se levantaba temprano para poder aprovechar las primeras horas del día en pacífica soledad hasta que despertaran los niños, luego les preparaba a ellos el almuerzo y los depositaba en el colegio hasta las cinco de la tarde. En ese lapso, ella aprovechaba para salir con su mejor amiga y hacer todos los cursos y actividades que estuvieran a su alcance, cualquier temática era bienvenida: Yoga, gimnasia, natación, repostería, etc.

Como era de esperar, aquel día nada sucedió normalmente y el desayuno no iba a ser la excepción.

-Sabés que anoche tuve un sueño horrible y a la vez muy raro, mi amor-dijo mi señora tímidamente.

Despegando la mirada del café, Agustín lentamente fue alzando la cabeza mientras pensaba a cual de las emociones que brotaban de su interior debía obedecer: unas le impulsaban a arrojarse sobre su esposa y tomarla del cuello hasta dejarla inconsciente y otras, sólo a derramarle la taza de infusión caliente sobre su cabeza. Al toparse con el rostro pálido de su mujer, notó que realmente se la veía preocupada.

-Si querés podes contármelo- soltó acompañando la sublimación con una fingida sonrisa cómplice que ni el peor de los actores que pululan por televisión, podría competirle. Ella comenzó a hablar casi sin dejarme terminar la frase.

-Estaba sentada en el sillón del living mirando para todos lados y sin poder moverme. De repente todo en la casa comenzó a funcionar como por arte de magia, se encendió el televisor, la licuadora y el microondas, incluso la enceradora pasó delante de mí a toda velocidad. Sí, eso fue lo que pasó, no me mires con esa cara como si estuviera loca. Se prendieron todas las luces y ví a nuestros hijos salir por la puerta de calle vestidos con ropa de colegio. Lo que más me llamó la atención de esa alocada escena y me desesperó hasta las lágrimas fue ver pasar minutos después a nuestro auto frente a la casa con los chicos sentados en el asiento de atrás. En sí, el vehículo, no se manejaba solo, sino que alguien que se parecía mucho a mí estaba conduciéndolo. No me explico cual puede ser el significado de esa pesadilla pero si sé que me angustié mucho; lo cual no está nada bueno porque se supone que el sueño debe ser el guardián del dormir.

Agustín meneó un poco la cabeza y le dijo que no había de que preocuparse, que no debía tomarse las tareas del hogar tan a la tremenda y que necesitaba vacaciones urgentes.

-Ambos las necesitamos, mi amor- le dijo su esposa en tono sincero -hace más dos de años que no nos vamos a ningún lado y…

-No quiero volver a hablar de ese tema- la interrumpí en seco -sabés que esta charla nunca termina bien. En cuanto pueda acomodarme y quedar bien posicionado en la clínica te prometo que nos vamos adonde vos quieras, mientras tanto…

-Si, hay que seguir aguantando, ya lo sé, esa cantinela me la tengo muy bien aprendida. Antes, cuando sólo atendías en el consultorio particular estábamos mejor, pero ahora se te puso en la cabeza esa idea de agregarte cada vez mas y mas trabajo ¡encima de que es poca plata lo que te pagan, casi nunca estas en casa!

-Si querés podes irte a algún lado vos sola con los chicos, ya te lo dije. Además, ya sabes muy bien que solamente con los pacientes particulares me sentía estancado y la clínica me presentó un buen desafío porque me permite estar en constante actividad y me brinda la seguridad de tener siempre nuevo material de trabajo.

No tenía el coraje de reconocer que también había acumulado mas horas de trabajo para, efectivamente, pasar tiempo fuera de la casa porque sentía muy a mi pesar, que ya nada me unía a mi familia.

-Necesitamos salir o hacer algo juntos un fin de semana- me dijo ella adivinando mis pensamientos - si dejaras al menos esa inútil guardia de los domingos, podríamos agarrar el auto e irnos al tigre aunque sea, a tomar un poco de aire fresco.

-Por ahora es imposible, mi amor- le susurré al oído intentando calmar su ansiedad –además, con tu mamá salen los fines de semana a pasear.

-¡Es que me casé con vos y no con mi mamá!- levantó el tono de voz casi al punto de gritar.

-¡Shh! que vas a despertar a los chicos- le dije y me dispuse a terminar el último sorbo de café.

-¡Me importa un cuerno! intento salvar nuestro matrimonio y no me interesa que se despierte quien se despierte. Ya no sos parte de esta familia y no sentís nada por tu esposa ni por tus hijos, sólo vivís pensando en esa maldita institución para que la trabajás y en tus estúpidos pacientes.

-Son enfermos neuróticos, no estúpidos- intentando escaparme por las vías del sarcasmo -ustedes me interesan y mucho ¿o acaso cuando llego a casa a la noche no les pregunto que hicieron en todo el día o en donde estuvieron? quiero que me cuenten cada novedad de la casa.

-Seguramente ni siquiera sabés que dejé mi curso de Yoga- me dijo con aire de nena caprichosa.

-¿Por qué?- le pregunté intentando seguirle el juego.

-Porque me ponía más nerviosa.

-Qué raro… se supone que eso ayuda a uno a relajarse.

-¡Ya lo sé! ¡Pero a mí me ponía más irritable, que querés que le haga!- Se incorporó de su asiento y se detuvo en el marco de la puerta. Apoyó su cuerpo contra la pared y cruzando los brazos sobre su pecho dejaba adivinar los atributos que me habían seducido cuando éramos jóvenes. Allí me dijo con voz temblorosa:

-A lo mejor tengo que buscarme un amante como lo hacen la mayoría de mis amigas.

Me dí la vuelta y la vi enérgicamente plantada. Tenía una expresión desolada y los codos afilados se destacaban sobre su largo y esbelto cuerpo. Me acerqué a ella y la abracé tiernamente.

-En donde te vas a conseguir un amante mejor que yo ¿en el curso de repostería? ¿En el gimnasio? ¿A la salida del colegio de los chicos? Tranquila, ya nos vamos a tomar un tiempo para nosotros, teneme un poco mas de paciencia.

Rodeándola con el brazo por la cintura, caminamos nuevamente hacia la mesa. Ella observaba de pie mientras yo me sentaba a terminar el desayuno. Se hizo un profundo silencio que obviamente daba por finalizada la discusión y apuré el último sorbo de bebida. Para dejarla mas tranquila le dije en voz baja:

-Estado transitorio de disociación del Yo y del cuerpo.

-¿Que decís?- me respondió con un sonido ahogado, casi al punto de la congoja.

-Eso es lo que te pasó en el sueño, necesitas relajarte y descansar, nada mas.

-¿Descansar de qué?

-De mí- le dije mirándola a los ojos.

-Encima ahora ni siquiera tengo mi Yoga.

3 Comentarios
  1. Te hice caso y comencé por el principio; los leeré con más frecuencia para no perder el hilo de la trama. Por lo general no me gusta leer una novela por partes por las demoras de los escritores al subir los capítulos; pierdo en el acto el interés.

    En cuanto al comentario que te escribí del capítulo 1 de “La Historia del Junior” y que quedó a medias, te la vuelvo a trascribir para que lo puedas leer mejor.
    “No tengo crítica para este capítulo, a excepción de los márgenes que no me permitieron leer una pequeña parte de la historia; aunque, por supuesto, no es tu culpa. En cuanto al personaje…, vaya que me ha encantado ¡sus mil y una tribulaciones! No es perfecto, cuestiona todo: su fe, su profesión, hasta su mismo carácter. Esto es de lo que hablaba cuando me refería a que el psicólogo era pasivo; por supuesto, él está describiendo su situación emocional, sus vivencias… Pero cuando está en el consultorio, me gustaría escuchar más de sus propios pensamientos.

    Pasando al segundo capítulo: La conversación con la esposa deja ver el grado de cariño que se tienen los dos y los conflictos por lo cual pasa toda pareja. Vas un poco lento, pero no tengo prisas, veo que la personalidad del psicólogo se desarrolla a medida que se avanza en los párrafos. Me gusta, no sé hacia dónde piensas llevar al lector, pero estoy impaciente por descubrir más de él.

    SIN EMBARGO…. ¡escribes en primera y tercera persona! ¡¡No lo hagas, confundes al lector!! Tuve que leer dos veces un mismo párrafo porque pensé que me había equivocado. Debes tener cuidado, es un error terrible; o lo haces de un modo, o del otro, pero nunca de las dos formas. Tú escoges.

    Y en cuanto al nombre del personaje… ¿Eres tú? O tu sitio tiene el nombre del personaje. Jajajaja, sólo es simple curiosidad, mis seguidores a veces se confunden con mis relatos, creen que son autobiográficos, y no lo son. :)

    ¡Ah!, te di mi voto en los dos capítulos.
    Saludos, nos leemos mañana.

  2. Martha
    Nuevamente muchas gracias por tus comentarios.
    Acepto tus sugerencias y prometo que en una nueva relectura de la historia lo voy a tener muy en cuenta. El hecho de cambiar de persona en un mismo párrafo lo tomé como un juego nada mas y ver que efecto sugería en le lector y veo que solo confunde, igualmente creo que no lo volví a repetir mas en toda la historia.
    En cuanto a lo pasivo es verdad, igualmente no quise arruinar las historia con reflexiones o interpretaciones propias y traté de mantener mis comentarios personales al margen lo mas posible.
    En cuanto a tu ultima pregunta…
    Estuve viendo tus escritos aquí en Falsaria y prometo que te voy a leer y participar un poco mas activamente, tenme paciencia.
    Te cuento que la historia esta bastante avanzada y me estoy tomando un impasse para corregirla, por eso la saqué de mi blog y la estoy volviendo a subir de a poco, ya tengo 4 historias en total que cierran como un circulo perfecto, si quieres arriesgarte y solo por ser tu, mi seguidora numero 1, puedo pasarte por mail ( si quieres dármelo) la historia completa sin corregir, para calmar tu ansiedad y superar mi vagancia a la hora de corregir.
    Seguimos contacto…

  3. Tranquilo, esperaré, disculpa si no te doy mi correo por cuestiones de seguridad (tú sabes…)
    Y gracias por seguirme.

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