El secreto de Berkai (Parte 4)
25 de Julio, 2012 2
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Caminamos por varias horas, el trayecto era complicado y cansado, la noche era cada vez más oscura y fría. Observé en repetidas ocasiones que la pequeña no podía seguir “Estoy bien, sigamos adelante”. Me repetía en cada momento en que yo proponía tomar un descanso, era evidente que el cansancio le estaba siendo insoportable. Sus pequeñas piernas caminaban de una manera muy pesada, tropezaba a cada rato, e incluso la podía ver suspirar y cerrar sus ojos. Era más que necesario tomar un receso, también yo estaba agotado, así que sin más me detuve cerca de un pequeño río “Tenemos que descansar, yo no puedo dar un paso más” Estaba seguro que si no utilizaba este método ella seguiría avanzando aún contra su voluntad.
-Aún nos falta mucho, ¿Crees que sea lo correcto? - Pregunto la pequeña.
-Por supuesto, - Afirmé - recuerda que lo importante no es llegar rápido, sino llegar con bien. De nada nos serviría llegar cansados al unicornio, no entenderíamos nada de lo que diga. Además yo ya estoy grande, y necesito descansar, espero no te sea un problema.
La pequeña negó con su cabeza, lanzó un suspiro hondo y se sentó a unos metros de mí, yo creí que en su situación el sueño la vencería en seguida, pero no fue así, se recargó sobre una piedra y fijó su mirada en el cielo sin decir nada. El frío era bastante fuerte, al menos para mí, así que me decidí por encender una fogata. Sin alejarme demasiado de ella, fui a buscar troncos secos para poder prenderla, cuando regresé, ella seguía exactamente en la misma posición, creí que el sueño le había ganado aún con los ojos abiertos.
-Hay muchas cosas que no entiendo. - Me dijo volteando su mirada hacia a mí – Todo es muy extraño ¿No lo crees?.
-Depende a lo que te refieras – comenté mientas continuaba con la labor de la fogata.
-¿Porqué no me hablas de ti? No te conozco nada de nada. - añadió ella – Dime ¿Porqué te dicen “Viejo sabio” si eres tan joven? ¿Porqué te dicen “sabio”? ¿Porqué vives tan alejado de la aldea? ¿Porqué estás solo?.
-Vaya, creo que sí tienes varias dudas, pero no creí que todas fueran acerca de mí – repuse mientras me sentaba cerca de ella. Sus preguntas me parecieron extrañas para una niña de su edad, y además alguna de esas me había llegado al fondo de mí. -Creo que no querras saber todo eso, es mejor que descansemos para mañana continuar el viaje ¿Te parece? - Ella negó con la cabeza, y me pidió que le contara lo que me pedía, así que tuve que armarme de valor y responder con sinceridad a sus preguntas. Nada de eso lo había compartido antes a nadie, sería la primera, y si íba a compartir todo ese tiempo con ella, sería bueno poder contarle todo.
-Pues bien, te contaré entonces – Ella me miró con antención y recargó su cara sobre sus manos. -Hace muchos años conocí a un hombre, eramos grandes amigos, se podría decir que los mejores. Compartíamos casi la mayor parte del tiempo juntos, como es natural, ambos teníamos pareja, pero no permitíamos que esto interfiriera en nuestra amistad. Tú sabes que es complicado seprar ambas cosas, o bueno, tal vez más adelante lo sepas. En fin, nunca tuvimos problemas en ese aspecto afortunadamente. Dentro de la aldea habían hecho una hermosa figura a manera de altar, costó mucho sacrificio realizarlo, fueron muchos días de trabajo. Era una figura realmente extraordinaria hecha completamente de madera, no había un aldeano que no la admirara y respetara. Pero un día, los faunos entraron a la aldea. Comenzaron a romper todo, y a destrozar todo lo que estaba a su paso. Se dirigieron hasta la escultura hecha en madera, los aldeanos preocupados los corrieron de la aldea con antorchas y cuchillos filosos, de momento se fueron, pero un día al amanecer la figura había desaparecido, solo restaban pedazos de ella tirados por el suelo. Mi compañero que había puesto especial empeño en ella, se enfureció y comenzó a mover a las personas para atrapar a los faunos, como es de comprender muchos los apoyaron y seleccionaron a los hombres más fuertes, yo no quise participar, algo dentro de mí me lo pedía. Él no entendió mis pretextos, porque eso eran, pero los respetó y salió con sus hombres.

>>En la aldea todos me miraban como “el traidor”, otros como “el cobarde” excepto mi novia, Cori, ella permanecía conmigo todo el tiempo, en ocasiones también la novia de mi amigo me visitaba, y para decir verdad eran momentos muy agradables, aún así no había día en que no habláramos de lo sucedido. Los guerreros tardaron tres semanas aproximadamente en volver, al llegar, mi amigo no tardó en buscarme, y contarme lo sucedido. A mí me pareció una historia fantástica, no podía creer eso del uniciornio y otras cosas de las que me hablaba, aún así me puse a investigar. Él volvió solo al bosque de cristal, en esa ocasión me pidió que lo acompañara, pero jamás pudimos llegar, él siguió el camino que había cruzado con sus hombres, pero jamás llegamos. Fue muy extraño, así que le propuse que avanzara solo, y lo esperé en ese lugar. Después de dos días él regresó con un aspecto impresionante. Me habló de las cosas maravillosas que había visto, pero yo no le podía creer, me aseguró haber encontrado a Berkai y además haber encontrado el oro mágico, me explicó completamente lo que era, y que solo él tenía acceso. Como puedes imaginar, no le creí, así que me decidí por solo escucharlo, él notó en mí mis gestos de incredulidad así que se decidió en mostrarme su “secreto” el oro mágico que había logrado obtener. “Toma, esto es para ti, tú sabrás qué hacer con él” me dijo, pero yo no pude ver nada, aseguraba haberlo puesto en mis manos, yo creí que estaba enloqueciendo y decidí seguirle la corriente.

>>Al volver a la aldea todo fue diferente, no sé si fue a base de “eso” que puso en mis manos, pero al pasar por entre la gente sentía sus dolores y sus preocupaciones, en seguida se lo dije a él y me aseguró que yo era el único que podría soportarlo. Aunque creo que se equivocó, fueron situaciones muy difíciles, no podía salir a caminar sin sentir el dolor de las personas, en ocasiones también percibía su alegría, pero la tristeza de otros la absorbía. No podía estar tampoco con Coti, comencé a darme cuenta de cosas que yo no creía. Yo sabía que la amaba, y que quería compartir el resto de mi vida con ella, pero no fue así – tomé un suspiro fuerte, los recuerdos llegaban a mí como si estuviera volviendo a vivirlos. - Las cosas no siguieron del todo bien, no podía evitar sentir lo que ella sentía, si ella decía “Sí”, pero su corazón decía “No” yo lo sabía. Nadie en la aldea sabía lo que yo estaba pasando, ni siquiera ella, y cuando lo supo pude sentir su angustia y desesperación. Ella me aseguró que todo estaba bien, pero yo sabía que no, y se lo hice saber. No sabía yo manejar ese don que el “oro mágico” me había otorgado, así que decidimos alejarnos, sentí el dolor que le causé, y este se juntó a mi propio dolor. No podía seguir entre la gente, tuve que salir de ahí, tuve que irme lejos, lejos incluso de mí. - La niña me miraba asombrada, no decía nada, solo me miraba. - Después todos supieron del “don” y comenzaron a llamarme sabio, erróneamente creo yo, más bien sería “el viejo empático”. O como tu abuelo ha dicho “el joven empático”.
-¿Hace cuanto pasó todo eso? - Preguntó interesada - ¿Porqué aún eres tan joven? ¿Porqué mi abuelo sí ha envejecido?
Me sorprendí con esas palabras, ¿Cómo sabía ella que el de la historia era su abuelo?, tal vez no era momento de preguntar, y me limité a responder su pregunta.
-No lo sé, conservo la misma edad desde el día en que volvimos a la aldea – le expliqué.

2 Comentarios
  1. Felicidades, Gustavo; sigo enganchada a tan bello relato.
    Mi voto y un abrazo.

  2. Gustavodeltoro: bonita la continuación, felicidades.
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