Era un anochecer oscuro en Londres, en época de verano, el mes de julio comenzaba y las nubes ocultaban la brillante luna que destellaba imponente en un pequeño espacio de cielo. Se podría decir que era un mundo normal, el tener un trabajo, una familia, unas autoridades en las cuales confiar nuestra tranquilidad.
Se acercaba la medianoche y las calles de Londres estaban completamente vacías, una extraña neblina nublaba los cristales de las techadas casas en hilera, las personas estaban aterradas, muchos asesinatos realizados por personas que no dejaban ni mínimo rastro de sus delitos, cada muerte era más inexplicable que la anterior y según muchos rumores eran individuos con algún tipo de poder mágico que solo con pronunciar dos palabras dejaban a la persona desprovista de sus signos vitales, Los días pasaban, la cantidad de asesinatos aumentaba, no habían testigos de los crímenes y lo que alguno llegaba a ver era solo un destello de luz verde que aumentaba y disminuía como un flash de cámara fotográfica, el primer ministro que, a pesar de las amenazas y mentiras del partido opositor, había sido reelecto, ya veía que esto no era un asunto normal y decidió convocar a una reunión con el ya electo desde hace un año ministro de magia, Rufus Scrimgeour.
La Reunión fue breve solo hablaron del desastroso caos que afectaba al mundo mágico y al mundo muggle y de que los aurores tendrían que actuar lo más rápido posible para evitar las muertes, aunque eso desencadenara que el secreto de la magia se descubriera por completo y el mundo muggle se mezclara con el mundo mágico en algo que no tendría regreso.
A poca distancia, en los alrededores del caldero chorreante sucedía algo muy extraño, había aurores postrados en la entrada, revisando el correo entrante y saliente, la seguridad era extrema, pero detrás de todo esto había un plan desestabilizador realizado por ese ser despiadado que llaman el-que-no-debe-ser-nombrado y sus mortífagos, esta banda de magos tenebrosos volvía a realizar obras maléficas desde hace tres años desde el momento en que quien-usted-sabe fue provisto de cuerpo y un alma que aunque está incompleta está llena de odio y ambición.
A varios kilómetros de allí se encontraba Privet Drive un lugar tranquilo y tan sereno que se escucharía el zumbido de una mosca a dos kilómetros de distancia, allí en el numero 4, vivía la familia Dursley una familia muy normal hasta cierto punto, hace 16 años que su vida cambio por completo cuando se despertaron una mañana y tuvieron que acoger a un niño al que temían, ya que su sangre era especial, era un mago y su nombre era Harry Potter, Harry que cumpliría diecisiete años en unas horas leía un ejemplar del profeta con un poco de pesadez y con lagrimas en sus parpados inferiores, el ejemplar decía en grande: “Albus Dumbledore…Que descanse en paz” con una enorme foto abajo con el rostro del anciano director asesinado por los secuaces de quien-usted-sabe, en el suelo de su cuarto se encontraba una carta de marco dorado avisando a Harry que el siguiente examen de aparición seria el día diecisiete de agosto, también un collar que su tía Petunia le había regalado con las fotos de sus padres y una Carta de Invitación a la boda de Fleur Delacour con Bill Weasley, Harry miro a la ventana, las estrellas brillaban más de lo normal, el viento estaba mucho más hostil y helado que de costumbre, había al menos 5 Dementores rondando Privet Drive pero para su alivio no había ni un muggle por los alrededores eran 11:45 de la noche, en quince minutos podría bajar y desaparecer cada uno de esos Dementores pero algo lo detuvo, sería mayor de edad en poco tiempo eso significaría, que el sortilegio marcado por Dumbledore, para su protección se rompería y la casa de los Dursley ya sería un estorbo para él, comenzó a sacar lo que realmente necesitaría, 11:50, diez minutos y se iría, abrió la jaula de Hedwig y comenzó a recoger sus cartas, cinco minutos, se equipó por completo y comenzó a bajar las escaleras, Dudley a pesar de la hora estaba hipnotizado viendo la televisión, ya era medianoche, Harry sintió un alivio que no había sentido nunca, ya no dependía de los Dursley y podía usar magia fuera del colegio, se sentó en el comedor y comenzó a escribir dos cartas una para Ron y otra para Hermione para recordarles que le avisaran a sus respectivos padres la situación que se estaba viviendo en el mundo mágico.
¡Hey Dudley! no creo que el sillón resista tanto peso por mucho tiempo deberías entrar en uno de esos programas para bajar de peso o a uno de esos campamentos de verano para una rehabilitación –Le insinuó Harry-
El haría que Dudley pagara todas y cada una de las cosas que le había hecho pasar, Dudley se levanto en un abrir y cerrar de ojos, Harry vio su rostro rojo del enojo, Dudley era una tres veces mas fuerte y grande que el, pero Harry no era estúpido, tenia un plan, saco su varita y apunto a Dudley con ella, Dudley vaciló pero siguió caminando con decisión
Tú no puedes hacer magia fuera de tu colegio de fenómenos, Potter – Bramó Dudley con tono burlón-
En el rostro de Harry se dibujó una sonrisa, ya era libre de esas reglas del ministerio, era mayor de edad y lo demostraría en unos segundos
De que te ríes Potter, acaso no tengo razón – volvió a hablar Dudley sin temor alguno-
Hay algo que no recuerdas cerebro de maní, ya soy mayor de edad en ese mundo que tu llamas de “fenómenos” y los mayores de edad, pueden usar magia fuera del colegio, es decir en su vida cotidiana – Dijo al fin Harry con una seguridad que jamás había mostrado ante nadie excepto ya sea, con Voldemort-
Ah sí… – Dijo Dudley un poco asustado y nervioso – ¡Pruébalo! – Retó a Harry mostrándole que sus amenazas no lo amedrentaban-
Harry lo miro a los ojos y sin pensarlo agitó su varita contra Dudley sin pronunciar palabra alguna, las piernas Dudley se unieron y cayó al suelo con un ligero temblor
¡Me las pagaras! – gritaba Dudley impotente-
Harry lo miraba con una sonrisa que no podía contener pero luego volvió a agitar su varita y Dudley volvió a la normalidad, con un poco de temor que le impedía golpear a Harry.
Por el ruidoso sonido que se propago a varios metros de Privet Drive, Vernon Dursley decidió levantarse e ir a arreglar la situación como siempre lo hacía, se escucharon sus pasos hacer rechinar cada peldaño de la escalera y luego se escucho su recia voz
¡Dudley ya es medianoche vete a dormir y tu Potter o te comportas o veras las con…
¡Que consecuencias! – Interrumpió Harry con decisión poco antes de que su tío terminara su frase – Me voy de esta casa no tengo ya razón por la cual estar aquí.
Amarró las cartas a la pata de Hedwig e hizo volar al ave – les deseo suerte, Muggles – con esa forzosa despedida salió del numero 4 de Privet Drive para no volver en lo que le quedaba de vida.
…
El ambiente que se sentía en las lúgubres calles de Privet Drive era un poco molesto ya que la neblina creada por la presencia de los Dementores dificultaba la visión, Harry se limpiaba las gafas cada minuto, analizó la situación, pensó que si había derrotado hace tres años y medio, a mas de cien Dementores, cinco no serian problema, se aclaro las gafas por ultima vez y coloco su varita en ristre, tres Dementores se le acercaban con aire amenazador, Harry pensó que debía pensar en algo diferente, variar pensamientos para tener mas oportunidad de hacer un Patronus corpóreo sin problemas, recordó su pasado año en Hogwarts, pensó en Ginny, a quien tuvo que proteger alejándose de ella desafortunadamente y sabia que lo demás solo eran malos recuerdos, la traición de Snape, la muerte del profesor Dumbledore, pero recordó que hace unos momentos había vivido uno de sus mejores momentos, darle su merecido a los Dursley, se concentró y gritó con fuerza
– ¡Expecto Patronum! –
un hilo de plata salió de la punta de la varita de Harry convirtiéndose en un luminoso escudo que tomaba forma cada segundo que pasaba en un incandescente ciervo galopando con aire de batalla hacia el trío de Dementores, haciéndolos desaparecer, la niebla se disipó un poco pero aun quedaban un par de Dementores un poco lejos, cerca del numero siete. Se escucharon gritos, dos niños estaban siendo atacados por un lobo que no era nada amigable, Harry volteó hacia ambos lados casi al unísono, el par de Dementores entrarían al numero siete si no los detenía, pero si lo hacia, el lobo terminaría por asesinar a los indefensos niños, Harry estaba en una encrucijada no sabia que hacer, en ese momento se escuchó un grito
– ¡Térgeo! –
Harry pareció escuchar la voz de Ron y efectivamente lo era, también estaba Hermione con Hedwig en un brazo, el amenazante lobo quedo atrapado en cuerdas.
Harry, elimina a esos Dementores, Hermione y yo nos encargaremos de cubrirte –Dijo Ron-
Harry se sintió aliviado, Ron y Hermione se habían cruzado con Hedwig y habían llegado para ayudarle, se dirigió como una bala al número siete, pero los Dementores habían desaparecido, Harry se sintió por un momento confundido, ¿por que huyeron? o ¿quién los habrá eliminado?, en ese momento una voz serena resonó a espaldas de Harry.
Veo que te enseñe muy bien Harry, ese Patronus corpóreo estuvo genial – Dijo Remus Lupin con orgullo-
Profesor Lupin ¿qué hace aquí, no tenía la misión de espiar a Greyback y a los hombres lobo? – preguntó Harry tratando de descubrir la razón de por qué un miembro de la Orden estaría en Privet Drive aparte del hecho de protegerlo
Vine a entregarles algo – Dijo Lupin algo nervioso-
Harry notó que Lupin buscaba algo en su vieja y raída túnica
¡Aquí están! – dijo acertadamente Lupin, mostrando tres insignias doradas con las letras O y F –
A partir de ahora son miembros activos de la Orden del Fénix, ahora Harry si me disculpas cerca de aquí hay varios Dementores y animales hostiles por el cambio de temperatura, recuerda que nunca estarás solo suerte con la misión que Dumbledore te encomendó, Adiós. – y Lupin desapareció dentro de un callejón entre dos casas.
A Harry le brillaban los ojos, veía su insignia y se sentía importante, sentía que de alguna forma lo tomaban en cuenta y que ya no estaría con la constante protección de los dos últimos años. Ron y Hermione venían a donde Harry estaba.
-Ron coloco su mano en el hombro de Harry y dijo un poco confundido – ¿Que tanto haces aquí?, ¡ah! los niños están bien, Hermione se encargo de curarles las heridas y de calmar al lobo enfurecido, ¿que es eso? – termino Ron señalando las insignias doradas que brillaban con la luz de los defectuosos faros de Privet Drive-
Son las insignias de la Orden del Fénix, somos miembros oficiales – les dijo Harry con emoción- sus rostros se llenaron de júbilo, a Ron se le aguaron los ojos y Hermione decidió tomar la suya y colocársela al igual que Harry.
Harry, Ron y Hermione caminaban por las desoladas calles de Privet Drive, al ver que ya no había peligro, decidieron sentarse en el parque un rato, pocos minutos después se escucho una estridente bocina y un autobús con tres pisos de aspecto tenebroso apareció frente al trío. Hermione pego un grito y levantó los hombros de allí salió, para el asombro de Harry, Stan Shunpike que fue involucrado injustamente en cargos penales que se le debían atribuir a otras personas
– Bienvenidos al auto…¡Harry Potter!, Ern mira quien esta aquí es Harry Potter, ¡Sube y ustedes dos también suban! – dijo Stan con aire de emoción e ignorando levemente a Ron y Hermione- él sabía que por obra de Harry, lo habían liberado y por supuesto por el hecho de que el, Harry, es El Elegido.
Hola Stan – respondió Harry con una sonrisa satisfecha- sabía que Rufus Scrimgeour había reaccionado y pondría cartas en el asunto de Voldemort y sus mortífagos o al menos eso pensaba.
El viaje en el autobús noctámbulo fue menos turbulento de lo normal, el trío pidió ir al caldero chorreante, se quedarían allí algunos días antes de comenzar su peligrosa e intrincada misión, en el autobús discutieron varias cosas, la boda de Fleur y lo poco grato que era vivir junto a ella, le contaban a Harry que notaron en el camino a Privet Drive, a varios mortífagos y a miembros de la Orden como celajes y sombras en callejones y lugares ausentes de luz. En la cara de Stan se notaba una expresión de felicidad, Había una gran diferencia en ser libre y en que te encerraran injustamente y te liberen.
Alto Ern, ya hemos llegado – dijo Stan pensando que Ernie no sabía que el caldero chorreante estaba justo al frente-
el autobús noctámbulo se detuvo en seco, varias camas se rodaron medio metro hacia delante, Harry se levantó y estrechó su mano derecha con Stan, se miraron a los ojos, Stan le debía algo más que la vida a Harry y se lo pagaría de alguna forma.



