Isis y Dania (7ª parte)
26 de Septiembre, 2012 3
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Entraron en el metro. Estaba lleno de gente. Nadie reparaba en ellos, nadie les miraba. Dania agarraba con fuerza la mano de Isis. Isis era a lo único a lo que podía agarrarse en el mundo, un mundo que ahora se le presentaba imprevisible, esperanzador por un lado y aterrador por otro.

Llegaron al aeropuerto. El corazón artificial de Dania latía con fuerza, con tanta fuerza como si hubiera sido un corazón de verdad. En el aeropuerto había mucha gente. Dania sentía mezcaldos un sentimiento de esperanza y un sentimiento de miedo. Nadie les miraba. Caminaban cogidos de la mano, buscando el lugar donde se encontraban las compañías que vendían billetes para aviones que salían el mismo día. Se cruzaron con dos policías y ambos sintieron un enorme sentimiento de terror. Pero los policías ni siquiera les miraron.

La gran cantidad de gente que iba y venía en todas las direcciones y que no reparaba en ellos les fue tranquilizando. Ahora no tenían duda de que parecían dos seres humanos normales. Pasaban totalmente desapercibidos entre el gentío.

Llegaron al fin al punto de venta donde una compañía aérea vendía billetes para viajar el mismo día sin necesidad de reservas. Isis, temblando, pidió dos billetes a Nueva York. La chica que atendía apenas les miró. Isis se tranquilizó. “No tengo que preocuparme” pensó, “pasamos por humanos”.

Isis compró los billetes con el dinero que llevaba en efectivo. Agarró fuertemente la mano de Dania. Miraron el gran indicador que mostraba la salida de los aviones. Solo faltaba una hora para que saliera el de ellos. “Todo tiene que salir bien” pensaba Dania. “¿Habrá más casos como el nuestro?”, se preguntaba mientras avanzaba de la mano de Isis por el aeropuerto, “¿más robots que busquen la libertad?, “tal vez no lo sepamos nunca” concluyó, “pero ahora quienes importamos somos nosotros, nuestra felicidad, nuestra libertad”.

Isis y Dania intentaban poner cara de naturalidad, disimular lo más posible el miedo. Llevaban cada uno en una mano una pequeña maleta con su ropa y a la vez la mano izquierda de Isis sujetaba con fuerza la mano derecha de Dania. Eran dos seres contra el mundo, un mundo que les destruiría de saber que eran practicamente humanos.

Dania reparó en unos niños que jugaban. “Algo que nunca podré ser, madre” pensó con tristeza. Le gustaban los niños. Les veía en la calle, en el parque. Envidiaba a sus madres.

Isis y Dania se puesieron en una cola que avanzaba al lugar donde se revisarían sus maletas y donde se les pediría la documentación. Se habían tranquilizado un poco viendo que pasaban desapercibidos en el aeropuerto, pero ahora venía un momento de angustia. Era la prueba de fuego final. Ambos trataban de tranquilizarse a sí mismos. “No pasará nada” pensaba Isis. Pero a medida que se acercaba el lugar donde se hallaba el detector de metales, donde se revisarían sus maletas y donde tendrían que enseñar la documentación, el miedo aumentaba. Pero ya no podían echarse atras. “No pasará nada, no pasará nada” seguía repitiendose Isis. Estaba tan nerviso que lo acabó diciendo en alto. “¿Como dice?” le dijo un hombre que iba delante pensando que se dirigía a él. “Nada, nada” contestó un Isis cada vez más nervioso. Dania pensaba que su corazón aritficial se le iba a parar de un momento a otro.

La cola fue avanzando y por fin se les revisó el equipaje, pasaron el detector de metales y mostraron la documentación a un policía que la miró sin reparar en que era falsa. Isis y Dania pensaron que aquel había dido el momento más largo de sus existencias. No podían creer que el policía les hubiera devuelto la documentación sin poner la más mínima objeción y que se les hubiera permitido seguir avanzando, cada uno con su maleta y cogidos de la mano, hacia el avión.

Cuando se encontraron ya dentro del avión la emoción que sintieron fue indescriptible. Dania, de haber sido humana, habría empezado a llorar. Se sentaron en sus asientos. El de Dania estaba al lado de la ventanilla. Dania sentía un cierto miedo ante la experiencia de volar, pero su alegría y su esperanza vencian el miedo.

El avión donde viajeba Isis y Dania recorrió a toda velocidad la pista elevándose en pocos segundos. Iniciaban su vuelo con destino a Nueva York.

El presidente del gobierno había convocado una reunión de urgencia con todos los ministros. Estos, sentados en una larga mesa, miraban expectantes al presidente, que la presidía. Tras unos segundos el presidente empezó a hablar.

_Tenemos informes que indican que un número no determinado de los llamados “robots de compañía” tienen una inteligencia y unas capacidades no ya iguales sino superiores a las de los seres humanos. Se ignora, por ahora, cual es la causa. No se sabe si es un defecto de fabricación o es que algún ingeniero ha jugado a ser Dios. Lo cierto es que muchos de esos humanoides son seres de una enorme inteligencia, capaces de rebelarse contra los seres humanos. La existencia de esos robots constituye un enorme peligro para la especie humana. Esos robots inteligentes deben ser detectados y desactivados. Solo deben existir humanoides de inteligencia limitada y con la única función de servir al hombre en calidad de esclavos.

Los ministros se quedaron asombrados ante las palabras del presidente. Le miraron todos con cara de asombro sin poder creer lo que oían. El presidente, tras unos segundos de silencio, continuó hablando.

_Hoy mismo he recibido una llmada del presidente de los Estados Unidos. Me ha comunicado que la policía norteamericana ha detectado en la ciudad de Nueva York, a una pareja de humanoides prodedentes de España que viven en una habitación alquilada. Por los informes de la policía norteamericana no hay duda de que se trata de los dos robots que, de forma misteriosa, desaparecieron en Madrid hace unos días y cuyos nombres de fábrica eran Isis y Dania. El presidente de Estados Unidos me ha comunicado que, en las proximas horas, esos humanoides serán detenidos y posteriormente desactivados. Se comunicará este peligro a todos lo presidentes de todos los estados de la Tierra para que, en todos los países, la policía tome medidas para detectar y desactivar a los robots inteligentes.

En lo que a mi respecta piendo tener cuanto antes una reunión con la aquí presente ministra de interior para diseñar un plan de búsqueda y detención de robots inteligentes y que será llevado a la práctica, cuanto antes, por la policía española.

FIN

3 Comentarios
  1. Sigue mas interesante, Alca, felicitaciones y mi voto.

  2. Hola Alca, no fue sino hasta hoy que decidí leer completas las 7 partes de este cuento. Los relatos de ciencia ficción futurista me fascinan y este te salió genial. El final es algo triste pero aleccionador. Me alegra haber leido de un sólo tirón la historia, me pone nervioso hacerlo por entregas, por ello no comenté antes.
    Felicitaciones y un fuerte abrazo!
    Rafael

  3. Muchas gracias por tu comentario. Me alegra mucho que te haya gustado. Creo que era más creible un final triste que feliz aunque en eso hay diferentes opiniones. Me parece bien que lo hayas leído de un tirón. No lo publiqué entero porque es muy largo, pero creo que como mejor se lee es seguido.

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