
Recorrí todo el teatro y los alrededores pero sin éxito, Natalia no apareció. Eran más de las 3 y había quedado para comer en casa de mi tía pero no quería ir, no quería encontrarme con Sara. ¿Por qué había actuado así? Éramos amigos y ahora no sabía que pensar de ella. Me detuve en un parque y empecé a darle vueltas a la cabeza pensando que hacer.
-Hola-escuché una voz detrás de mí.
Me giré y vi a Sara con los ojos tristes como si hubiera llorado por alguna razón.
-Entiendo que me odies pero me tienes que escuchar…-añadió pero no la dejé terminar.
-¿Qué quieres?-pregunté bruscamente, no quería ver a nadie y menos a ella.
-Lo siento-dijo entre lágrimas.
A pesar del odio que sentía en ese momento, quise escucharla, no me gustaba ver llorar a nadie.
-¿Por qué lo hiciste?-le pregunté.
-¿Por qué?-sollozó-¿No te has dado cuenta?
-¿Darme cuenta de qué?
-De lo que siento por ti-alzó la voz.
Siempre intentó ayudarme en todo lo posible, desde el primer momento fue amable conmigo pero creía que me estaba ayudando a que estuviera con Natalia, ¿por qué ahora confesaba que le gustaba?
-Es cierto que al principio quería que estuvieras con ella pero-hizo un pequeño silencio para tranquilizarse-después me comenzaste a gustar-me contestó como si hubiera leído mi mente.
-Pero sabes que ahora me gusta Natalia
-Lo sé, pero tenía que intentarlo-volvió a llorar.
Ya no la odiaba ni estaba enfadado con ella, todo lo contraria sentía pena por ella ya que al fin y al cabo yo también había sido rechazado alguna vez en el instituto. Me acerqué a ella y la abracé, ella se sorprendió y dejó de llorar.
-Tranquila, te perdono-le dije con una suave voz en el oído.
-Gracias-respondió.
Después de eso nos fuimos a casa, por mucho que intentara encontrar a Natalia sería imposible, ella conocía mejor la ciudad y seguramente se habría escondido en algún lugar que yo no conocía. No es que no la quisiera encontrar, pero la confesión de Sara me había abierto los ojos para que me diera cuenta que había más personas importantes en mi vida a las cuales tenía que valorar.
Cuando llegué a casa, mi tía nos acribilló a preguntas sobre la obra, Sara se dedicó a contestarla evitando sacar el tema de Natalia. Después de comer y recoger los platos, subí a mi habitación y me senté en la silla del escritorio. Bruno se acercó, no sé si sabía lo que me pasaba pero se subió a mis piernas y empezó a frotarse contra mi pecho a modo de caricia.
-Gracias-le dije. Él me contestó con un maullido.
-¿Qué haces?-Sara había aparecido.
-Pensando
-En ella supongo
-Eres muy lista-le contesté con sarcasmo.
-Y en vez de estar ahí sentado sin hacer nada ¿por qué no sales a buscarla?
-¿Y a dónde voy?
-Creo que sé dónde podría estar
-¿Tú lo sabes?-pregunté burlonamente.
-Sí, hay una cosa que tú desconoces…
-¿Cuál?-pregunté intrigado por lo que había dicho.
-Ella y yo nos conocemos desde hace tiempo
-¿Qué?
-No te lo quería decir pero ella te ha estado probando todo este tiempo
-No te entiendo
-Cuando tu tía me contó que ibas a venir se lo dije a Natalia y ella me pidió que te vigilara
-¿Vigilarme? ¿Para qué?
-Ella quería saber si tú seguías acordándote de la promesa
La promesa empecé a recordarla, le prometí a Natalia que la próxima vez que nos viéramos nunca más no volveríamos a alejar y sin embargo no lo había cumplido, ahora ella estaba escondida en algún lugar de la ciudad y no me quería ver.
-¿Y lo del beso? ¿Y lo de tu confesión? ¿Era falso?
-No, al principio solo me interesabas como amigo pero luego me empezaste a gustar
No sabía cómo reaccionar, me había enterado que todo lo que había vivido todos estos días había sido un engaño.
-Pero ella te quiere-sonó una voz. Alcé los ojos y vi a mi tía apoyada en la puerta.
-Ella te quiere-repitió otra vez.
Entonces todo el mundo estaba implicado, todos me había puesto a prueba para descubrir si de verdad la quería o no.
-Tienes que ir a buscarla-habló Sara-, confía en mí, sé donde está
-¿Estás segura de lo que haces? Después de todo yo te gusto
-Sí pero lo que hice estuvo mal, no debería haberlo hecho, me dejé llevar por mis impulsos, quiero que estés con ella-dijo muy seriamente.
-Vale, dime donde está-había creído sus palabras, confiaba en ella a pesar de todo.
Descubrir el lugar donde se escondía me sorprendió, de todos los lugares nunca pensé que lo haría ahí, en el monte donde al día siguiente se celebraría el mayor acontecimiento del país, el monte Thaba, el más grande de toda la ciudad y el más importante de todo el país.
-Recuerdas cómo subir ¿verdad?-me preguntó Sara.
-Claro-respondí-, me lo conozco como la palma de mi mano-sonreí a pesar de que era una mentira.
Ella supo de inmediato que estaba bromeando y me indicó que para llegar a la cima tenía que seguir un sendero. Con cada paso que daba una sensación de alegría y emoción se mezclaban en mi interior. Diez minutos después llegué arriba pero Natalia no estaba, sabía que no la encontraría nada más subir, tenía que buscarla en un lugar concreto. Hace 12 años, ella y yo hicimos la promesa cerca de un árbol grande y robusto, ese había sido el lugar que el Señor Antonio había reservado para cenar. Caminé unos metros y la encontré, ahí estaba ella tumbada durmiendo bajo la sombra del árbol. No quise despertarla así que me senté y apoyé mi espalda en el tronco. Tenía una bella expresión así que me quedé contemplándola. No sé cuánto tiempo estuve así, los minutos pasaron sin darme cuenta hasta que finalmente ella se despertó.
-Hola-al igual que en el antiguo monte, esa fue primera palabra que le dije cuando la vi.
Se levantó y me quedó mirando sorprendida.
-¿Qué haces aquí?
-Eso debería preguntártelo a ti
-Quería estar sola-se dio la vuelta para no mirarme-pero dime, ¿a qué has venido?
-Te quería ver
-¿Para qué? ¿No prefieres estar con Sara?
-Calla tonta-le contesté con una sonrisa.
-Primero besas a Sara y luego me insultas, eres…-pero no la dejé terminar, me levanté y la abracé como nunca antes había abrazado a una persona.
-¿Qué haces? ¡Suéltame!
-Ambos sabemos que eso no es lo que quieres
-¿Y tú que sabrás tonto?-se sonrojó.
-Puede que no sepa mucho pero sé que te quiero y eso es lo único importante
Ella se quedó callada y yo aproveché para besarla.
-Tonto, ¿por qué lo has hecho?
-Lo siento, creí que estaría bien
-No es eso, quería decir que porqué has parado de besarme.
Sonreí y nuestros labios se volvieron a unir y no pararon hasta que nos dimos cuenta que el sol se estaba ocultando.
-Tenemos que volver, no quiero que mi abuelo se preocupe por mí-dijo Natalia-además tengo hambre
-Toma-saqué una pequeña bolsa de papel que guardaba en el bolsillo y se lo entregué-ábrelo, es para ti.
Ella lo abrió con mucha curiosidad y sacó un panecillo en forma de luciérnaga. Mientras bajábamos el monte, ella se lo fue comiendo. Faltaba un día para “La Noche de la Luciérnagas” y todavía quedaban muchas más experiencias por vivir.



A yo pense que se iba a quedar con Sara, y bueno asi es la vida, vamos a ver como sigue!!!
Esta re linda!
A mi también me gustaba más Sara pero me daba pena Natalia jajaja Tranquila, pensaré un buen final para todos