-¿Crees que se cumplirá?-preguntó la niña.
-Esperemos que sí-contesté.
Una luciérnaga se acercó a ella y se colocó en su cabeza. Yo la cogí y la encerré con mis dos manos. La niña se acercó y los dos juntos pudimos observar como mis manos brillaban con una luz intensa. De repente desapareció y la cara de la niña que hasta ahora había permanecido ensombrecida se iluminó, entonces la reconocí, era ella, era Natalia…
Desperté entre sudores y fuertes latidos de mi corazón, todo había sido un sueño, pero por fin sabía quién era la niña de la fotografía.
-¡Marcos, baja, ya está la comida!
Era la voz de mi tía.
-Vale, ahora voy-contesté.
Necesité 2 minutos para recuperarme del sueño. Cuando llegué a la mesa, los platos ya estaban servidos, al parecer habían preparado una sopa tradicional de la ciudad. Durante el almuerzo mi tía nos preguntó a Sara y a mí que tal nos había ido en el mercado. Sara contó sobre las cosas que había visto dentro, pero no dijo ninguna palabra sobre la conversación que tuve con ella después. Cuando terminamos, mi tía se levantó para llevar los platos sucios a lavar, entonces me quedé a solas con Sara.
-Ya sé cómo se llama
-¿Quién?
-La niña de la fotografía
Ella se quedó en silencio un instante.
-Ven, sígueme
Asentí. Ella me llevo hasta su habitación. Entramos y me di cuenta que estaba decorada con las mismas cosas que la mía. Se acercó hasta una librería y cogió un libro. Lo abrió y sacó un sobre.
-Ten, esto es para ti
El sobre era pequeño y de color blanco. Lo cogí y lo abrí. Dentro había otra fotografía de Natalia y yo.
-¿Por qué tienes tú esta foto?
-La encontré de casualidad cuando subí al desván
Me quedé mirando la fotografía intentando grabar en mi memoria cada uno de los detalles. En la imagen se podía observar a Natalia con un vestido amarillo y bordado con pequeñas luciérnagas. Yo aparecía con mi abrigo azul que mi madre había comprado días anteriores en el mercadillo. Los dos estábamos riendo. Al ver la foto un sentimiento de felicidad invadió mi cuerpo.
-Te la puedes quedar, tal vez te ayude a encontrarla-Sara se había dado cuenta de lo importante que era esa foto para mí.
Se lo agradecí y me fui a mi habitación. Tenía mucho que pensar y no quería que me molestaran. El resto de la tarde la pasé encerrado hasta que me avisaron para bajar a cenar. Cuando terminé, regresé a mi cuarto y no tardé mucho en quedarme dormido.
Me desperté temprano, quería poner en orden la información que había obtenido por parte de Sara. Hasta ahora, había averiguado dos cosas, primero, que un recuerdo de mi infancia se había convertido en cuento y segundo, que mi tía y Sara querían que se cumpliera la promesa. En ese momento me vino a la mente otra persona, mi madre, ella también sabía lo del cuento. Eran las 7 pero no me importó, bajé al salón, cogí el teléfono y sin pensarlo llamé a mi casa.
-¿Diga?
Había contestado mi padre.
-Papá, pásame con mamá
-Marcos, ¿eres tú? ¿Por qué llamas a esta hora? Recuerda que hoy es domingo
-Pásame con ella y no te quejes
-Vale, pero que sepas que te quedas sin paga
Hacía tiempo que ya no la recibía pero mi padre se había creído que sí, supongo que sería por el sueño.
-¿Cariño, eres tú?
Si, esa si era mi madre.
-Mamá, dime todo lo que sepas sobre Natalia
-¿Natalia?
-Sí, la chica del cuento
-Oh, veo que ya lo sabes
-Sí, necesito encontrarla
Se hizo el silencio durante unos segundos.
-Está bien, te contaré todo lo que se sobre ella
Después de hablar más de una hora, colgué el teléfono, me tumbé en el sofá y esperé a que las horas pasaran. Todavía no podía asimilar todo lo que mi madre me había contado. Solo tenía claro una cosa, tenía que ir a mi antigua casa de Denver.



Que misterio la dichosa Natalia