La noche de las luciérnagas - Capítulo 7
11 de Enero, 2012 1
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La chica nada más vernos se levantó de un sobresalto y se quedó mirándonos sin pronunciar ninguna palabra.

-¿Eres Natalia?-le preguntó Sara.

Se hizo un breve silencio y luego sonó una bella voz.

-Sí-contestó la chica.

Unas ganas locas de acercarme más a ella empezaron a florecer en mi interior pero me mantuve inmóvil, no quería llamar su atención.

-¿Y vosotros sois?

-Él es Marcos y yo Sara

Natalia giró sus ojos hacia mí y me quedó mirando muy fijamente.

-Hola-solo pude pronunciar esa palabra.

Ella se sonrió y luego agachó la cabeza.

-¿Me recuerdas?-pregunté.

Ella me volvió a mirar y asintió con la cabeza. Un escalofrió sacudió mi cuerpo, ¿y ahora que la iba a decir?

-Creo que vosotros dos tenéis mucho que hablar-dijo Sara-Será mejor que os deje solos

Ella empezó a bajar la cuesta poco a poco hasta que finalmente desapareció de nuestra vista. A pesar de que ya era de noche, la luz de la luna iluminaba nuestros rostros. Di unos cuantos pasos hacia Natalia y fue entonces cuando la pude ver con total claridad. Llevaba un vestido blanco de tirantes, bastante sencillo que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. La verdad es que estaba preciosa.

-Me gusta tu vestido-genial, lo primero que digo es eso, empezamos bien pensé-Quiero decir…te queda muy bien

-Gracias-contestó ella con una bella sonrisa-¿Por qué no te acercas más?

¿Qué me acercara más? si a esta distancia ya estaba muy nervioso como estaría estando más cerca. Tragué saliva y me acerqué hasta que estuvimos frente a frente. Ella volvió a sonreír y me acarició la cara con su mano derecha, al sentirla di un paso atrás sorprendido por su reacción.

-Lo siento no quería asustarte-dijo ella de inmediato-Solo quería comprobar que no eras un sueño

-Ah, bueno…no pasa nada-contesté, aunque en realidad si pasaba, era algo extraño.

Natalia se volvió a acercar pero esta vez solo me cogió la mano.

-¿Lo recuerdas?-sonrió-recuerdas aquella noche cuando hicimos la promesa

-Si…-dije un poco asustado.

Un viento muy fuerte empezó a soplar. Los árboles se movían violentamente y las ramas se convertían en peligrosas hojas afiladas.

-Será mejor que nos vayamos

-Quiero quedarme aquí

-¿Con este viento? ¿Estás loca? Si te quedas puedes resultar herida o te puedes enfermar, vámonos

Con la mano cogida, la llevé cuesta abajo, ella no se resistió y dejó que la guiara. Tuve mucho más cuidado en atravesar la valla y cinco minutos después llegamos a casa de su abuelo. No sé cómo lo hizo pero en el momento exacto que iba a llamar al timbre, abrió la puerta el mayordomo.

-Señorita Natalia, su abuelo estaba preocupado por usted

-Hola Alfred, ¿mi abuelo sigue despierto?

-Sí, no podía dormir sin saber donde se encontraba usted

-Ah, bueno, dile que ahora entro

-Lo que usted diga señorita

Alfred, que así se llamaba el mayordomo, dejó la puerta medio abierta y se marchó.

-Ya es tarde, tengo que regresar-dije.

-¿Seguro? Podrías perderte-contestó ella.

-Tranquila, me puedo guiar con la luz de las farolas-respondí.

-Perdone señorita, a su abuelo le gustaría que entrara ya, tiene miedo que se resfríe-el mayordomo había vuelto a aparecer.

-Está bien ahora entro-respondió ella.

-Bueno, entonces ya nos veremos-dije mirándola.

-Espere señor, lo mismo va para usted, el señor Antonio desea verle-comentó el mayordomo.

¿Y a mí por qué? No quise preguntar así que simplemente acepté y entramos en la casa. Reconozco que agradecí su gesto porque afuera hacía mucho frío.

El señor Antonio se encontraba en el salón sentado en una butaca con una taza entre sus manos. Al vernos, dejó la taza a un lado y se levantó a saludarnos.

-Natalia, ¿dónde te habías metido? Casi toda la ciudad te ha estado buscando, no me des esos sustos jovencita que a mi edad no es recomendable-fue lo primero que dijo.

-Tranquilo abuelo, solo estaba reflexionando sobre cierto tema-contestó ella.

-Pues espero que lo hayas solucionado y en cuanto a ti…-se giró hacia donde estaba y me miró con cara seria-debo darte las gracias por encontrarla

-No, no ha sido nada

-Abuelo, deja de entretener a Marcos, debe regresar a su casa

-¿Tan tarde? Será mejor que se quede a dormir, ¿tú qué dices pequeño?

¿Dormir en la casa de Natalia? No me veía capaz de hacerlo.

-No señor, no hace falta se lo agradezco

-Nunca acepto un no por respuesta. Alfred, prepara la habitación de invitados por favor

-Si señor como usted mande

-Supongo que no me puedo negar, pero tengo que avisar a mi tía

-No te preocupes pequeño, de eso me encargo yo, mejor iros a cenar, seguro que tenéis hambre

Los dos asentimos y fuimos a la cocina.

-Hay sopa, ¿te sirvo?-me preguntó ella mientras miraba una enorme olla.

-Sí-contesté.

Natalia cogió dos platos hondos y sirvió la misma cantidad de sopa en cada uno. Los calentó en el microondas y luego me dio uno de ellos.

-Esta sopa está buena-comenté.

-Gracias-Alfred había aparecido sin darnos cuenta-será por la hierba aromática que lleva

-Sí será eso…-contesté con voz baja. Yo quería estar a solas con Natalia y su presencia me lo impedía.

-Alfred, ¿mi abuelo ya se fue a dormir?-le preguntó ella.

-Sí señorita-respondió el mayordomo.

-Muy bien, si lo deseas ya te puedes ir a dormir, nosotros nos quedaremos hablando unos minutos más-añadió ella.

-Está bien, entonces, con vuestro permiso me iré a descansar, buenas noches a los dos-dijo el mayordomo mientras hacía una reverencia.

-Buenas noches-le contestamos a la vez Natalia y yo.

El mayordomo se marchó y nos quedamos finalmente a solas, entonces, ella se acercó hasta mi oído y me susurró con una voz suave y sexy: “vamos a mi habitación”.

1 Comentarios
  1. opaa, ligerita la nena ajaja, me atrapo tu historia, como al capitulo nueve ya lo lei seguila pronto

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