
El cuarto de Natalia se encontraba en la segunda planta, para llegar tuvimos que subir las escaleras. Lo primero que me llamó la atención al entrar fue la cama de color azul claro que combinaba con las paredes del mismo color. También tenía dos estanterías llenas de libros y un gran escritorio. No recordaba esa habitación así que supuse que sería de alguna obra que hicieron.
-Toma asiento-ella me señaló la cama.
Le hice caso y me senté. Se acercó a la estantería y cogió un libro gordo.
-Es para ti-me dijo mientras me daba el libro.
Lo recibí y le di las gracias, luego lo abrí y empecé a pasar las hojas. Al parecer se trataba de una colección de cuentos que hablaban de la noche de las luciérnagas.
-¿Y esto por qué me lo das?-pregunté después de llevar unos minutos hojeando el libro.
-Supuse que te gustaría-contestó ella.
Empecé a considerar si solo me había traído hasta su habitación para dejarme el libro o si tenía otros motivos.
-¿Te puedo hacer una pregunta?-me preguntó sonrojada.
-Sí, claro-le contesté.
-¿Mañana vas a estar ocupado?
-¿Mañana? Pues no, creo que no
Una sonrisa se le dibujó en la cara.
-Ah, bien, perfecto-dijo ella con mucha alegría.
Miré el reloj que tenía colgado en una pared y me di cuenta que ya era tarde.
-Bueno…si no necesitas nada más de mi, será mejor que me vaya a descansar
-¿No te quieres quedar a dormir?
-¿Con…contigo?
Ella asintió. Yo me quedé enmudecido sin saber que decir. Unos segundos después ella empezó a desternillarse de risa.
-¿De qué te ríes?
-Deberías haber visto la cara que has puesto
-Entonces… ¿era broma?
-Por supuesto, ¿crees que dejaría que te quedaras a dormir? No soy una chica tan fácil-me dijo mientras me guiñaba un ojo.
Yo me avergoncé por pensar que ella tenía otras intenciones.
-¿Me podrías decir dónde voy a dormir?-pregunté.
-Sí, es la habitación de al lado-me contestó ella.
-Vale, entonces nos vemos mañana
-Claro-sonrió-Buenas noches
-Buenas noches-respondí antes de cerrar la puerta de su cuarto.
La habitación de invitados era más pequeña y menos decorada que el cuarto de Natalia. Lo primero que hice fue dejar el libro sobre la mesa de noche, después me eché en la cama pero no con la intención de dormir, no podía hacerlo pensando que al lado descansaba la chica que me gustaba. Si, por fin había me había dado cuenta de lo que sentía por ella. Pensando en esas cosas y en otras tantas al final me quedé dormido.
Para cuando desperté, el sol ya estaba en lo alto y los pájaros no paraban de trinar. Me fui al baño que se encontraba al final del pasillo y me lavé la cara. Me acordé del libro y volví a la habitación a cogerlo, luego bajé abajo. Me sorprendí al llegar al salón y no ver a nadie, así que me dirigí a la cocina, ahí me encontré con Alfred que estaba preparando la comida.
-Buenos días señor-me dijo al verme aparecer por la puerta.
-Buenos días-respondí-¿Donde están todos?
-El señor Antonio se levantó temprano y se fue a la plaza, al igual que todos los años es uno de los invitados al desayuno del alcalde.
Sí, ya me acordaba, el día antes de “la noche de las luciérnagas” se celebraban varios eventos, uno de ellos era el famoso desayuno que invitaba el alcalde a las personas famosas de la ciudad. El señor Antonio siempre iba debido a su pasado como alcalde.
-¿Y Natalia?
-La señorita también se despertó temprano y acompañó a su abuelo
-¿También estaba invitada?
-No, la señorita tenía que encargarse de la obra de teatro
Ese también era otro de los acontecimientos importantes de ese día. Cada año los niños de la ciudad representaban una obra de teatro. La encargada de dirigirlos era la misma chica que salía seleccionada para anunciar el comienzo de la fiesta que a la vez también elegía el tema de la obra a tratar.
-Bueno, entonces me iré a buscarla
-La señorita me comentó que estaría esperándole a las once en la estatua de la luciérnaga
-¿Y cuanto falta?
-Un cuarto de hora
Genial pensé, tenía quince minutos para llegar a la estatua. Me despedí de Alfred y salí corriendo al encuentro de Natalia.
La estatua de la luciérnaga se encontraba cerca de la plaza justo detrás de la panadería Lux. Cuando llegué no encontré a nadie, supuse que había llegado tarde pero me equivoqué, unos segundos después apareció Natalia con una bolsa de papel.
-Hola, bueno días-me saludó.
-Buenos días-respondí.
-Toma es para ti-me dijo mientras me daba la bolsa.
-¿Qué es?-pregunté.
-Ábrelo y lo verás-me contestó.
Metí la mano y saqué un panecillo con forma de luciérnaga.
-Fue lo que me diste la primera vez que nos vimos, ¿te acuerdas?
-Sí, lo recuerdo
Cogí el panecillo y me lo llevé a la boca, un intenso sabor dulce y cremoso me recorrió la garganta, era lo más bueno que había comido en toda mi vida. Ahora entendía porque eran tan famosos.
-Gracias, está muy bueno
Natalia sonrió.
-Por cierto, me han dicho que estás a cargo del teatro
-Sí, vengo de ahí, ya tengo todo listo para la representación
-Bien, me alegro-sonreí-. ¿Y a qué hora empieza?
-A la una, ¿vas a ir?
-Supongo que sí-volví a sonreír-, ¿quieres que vaya?
Ella se sonrojó y con un movimiento suave asintió con la cabeza.
-Por cierto, ¿ayer me preguntaste si hoy iba a hacer algo?
-Sí, te tengo una sorpresa-respondió ella.
-¿Cuál?-pregunté extrañado.
-Te la enseñaré después de la obra
-Me parece bien-respondí con otra sonrisa-, entonces luego nos vemos
-De acuerdo, más tarde te veo
Nos despedimos y me fui en dirección a casa de mi tía. Necesitaba tomar una ducha y cambiarme de ropa antes de ir al teatro.



Que linda historia, lastyima que empeze por el capitulo nueve ajaja, ire a leer los demas, me gudto mucho la historia!
Gracias por leerlo y me alegro que te gustara
Salu2