Pequeña dama IV – El sueño
15 de Febrero, 2012 4
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Salí de mi habitación buscando algo que me atormentaba cada día en sueños. En él aparecía un hombre con pelo largo negro que corría sin parar en un pasillo lleno de estatuas de animales y junto a ellas habían estatuas de hombres armados mirando a su fiel animal. De repente dejó de correr, se quedó parado en una estatua con forma de león que sostenía una espada. Entonces miré para atrás para ver de que huía. El pasillo se había convertido en una boca con grandes dientes sedientos de sangre. Desesperada sin mirar atrás empecé acorrer. Miraba a mi alrededor buscando un lugar para esconderme. Entonces tropecé y caí al suelo rompiéndome el tobillo.

-¿Porqué ahora sólo queda oscuridad? ¿porqué sólo está su boca ensangrentada?- me pregunte en mi interior.
Cuando ya iba ser presa de la muerte, desperté llena de sudor y desorientada.
Entonces salí al pasillo principal que llegaba a la cocina donde olía todavía a carne cocinada a fuego lento y al oler el delicioso olor me entró hambre y cogí un poco de pan y lo mojé en la olla y me lo comí. Rápidamente salí al patio de armas donde estaba un guardia durmiendo como un tronco, abrazando a una espada larga, la que sostenía con sus manos ásperas. Su mango era de plata envejecida y la unión de la espada era un gavilán precioso el cual llevaba dos volutas a cada lado que tenían cada una dos esmeraldas. La punta de la hoja estaba clavada en la tierra verde y eso me hizo ir con cuidado, para que el guardia de la reina no me encontrará merodeando por el castillo.

Mis pies lentamente fueron hacia la torre principal que estaba envuelta de niebla . Abrí la pesada puerta con cuidado para que el guardia no me oyera. Entre dentro, estaba asustada y mis pies me temblaban y me costaba pillar el paso. Quería ser silenciosa pero mis latidos me delataban. Subí las escaleras y Sentí el frío de la piedra en mis pies como bloques de hielo. Oí un ruido detrás y la respiración de alguien. Al notarla por mi cuerpo me paralicé. Ya no sentía frió sino un calor penetrante en mi espalda. No podía mover mi cuerpo solo respiraba. Estuve así durante largos minutos. Hasta que sentí una mano que pasó levemente por mi espalda.

- Celina, la dulce mariposa – su voz sonó como susurro en mi oreja.
- ¡Ahh eres tú!,menudo susto me has dado- le pegué un manotazo en el hombro.
- ¡Au!, eso ha dolido -dijo él molesto.
-¿Se puede saber que haces aquí ?. No es que no me alegre que vengas a visitarme – lo dijo con un tono de humor.
-Sino que tu rostro puede ser rajado de arriba a abajo- dijo con seriedad.
-Mi madre, castiga a las cotillas que se meten en cosas que no le convienen meterse- dijo con tono serio.
- Me perdí estaba buscando, Adelaida -le respondí con un hilo de voz.
-Si claro será eso que echas de menos a tu dulce nana- respondió irónicamente.
-Vamos- dijo mirándome a los ojos y cogiéndome del brazo.

Estaba nerviosa y mi corazón latía apresurado. Mis pies se tropezaban, pero el seguía tirando de mi como si fuera su caballo. Yo me resistía, pero el tiró tan fuerte que sentí mi hombro crujir. Solté tal grito de dolor que sentí escozor en mi garganta. Entonces, él paró en seco. Se dio la vuelta y me miró con tal odio que sus ojos se clavaron en los míos como puñales. Me cogió a volandas y yo empecé a golpear su espalda con fuerza y de repente, se paró en seco. Entonces oí el sonido de una cerradura de hierro cediendo.

- ¡Suéltame vil hombre! , ¡suéltame patán insensible!, ¡cerebro de mosquito!- empecé a gritar como loca.
Él ante tan situación se echó a reír, su risa era como un hipo gracioso, pero aún así, yo me enfadé aún más todavía y en ese instante cerré mis puños empecé a golpear su espalda. Él reía cada vez más fuerte, entonces dejo de reír y abrió la puerta. Yo ante el dolor de puños, me rendí sin más y me resigné apoyando mi cabeza en su espalda. En ese mismo momento levanté la mirada, es ahí, donde uní las piezas al ver el largo pasillo detrás de mí.
-¡Es el de mi sueño!- me dije en mi interior sobresaltada.

Mi mente empezó a dar vueltas y todo lo de mi alrededor empezó a difuminarse, excepto el león y el hombre de pelo largo y su larga espada, que estaban esculpidos en piedra, se veían con toda claridad. Entonces volví a la realidad. Él me dejó en el suelo y vi que el pasillo seguía hasta una puerta de madera y entonces me quedé mirando el largo pasillo y me dije a mí misma:

-si son las mismas estatuas de animales y hombres, ¿donde está el león y el hombre?.

4 Comentarios
  1. Nalleba: te felicito por esa inspiración exuberante. Esa imaginación de la que eres dueña, te lleva a lugares nada comunes para los seres comunes y corrienes.
    Felicidades.
    Atentamente(Volivar)

  2. Impecable, gracias por compartir.

  3. Buenisimo!!!, me meti a tu blog y adelante algo me encanta esta historia!

  4. Gracias a todos por vuestro apoyo.
    Un saludo y un abrazo grande.

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