Susurro en la noche (primera parte, capítulo I)
25 de Mayo, 2012 6
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-Plumas negras… Soledad incandescente…-

 

Una canción, una voz rasgada levemente acompañada por un piano resbalaba por su mente… la voz de su hermano, la música del filo de las espadas resoplando a su alrededor como si de un viento travieso se tratara, una brisa con olor a sangre.

Las imágenes se sucedían una y otra vez, mientras la voz de su hermano sonaba feliz de fondo, repetía una vez más la canción, el honorable guerrero sosteniendo firmemente el filo entre sus manos. Era sobrecogedor. La victoria estaba muy lejana, sin embargo era un hecho inminente, esperado, ansiado…

La sonrisa de su hermano ahora acariciaba suavemente sus oídos, eso lo tranquilizaba, lo llenaba misteriosamente.

Él era simplemente sí mismo. Y de repente… la abrumadora soledad, acompañada por la melodía del piano.

Una parte de él se había esfumado, la muerte lo había poseído en vida y no existía resurrección posible, simplemente el peso del plomo en su garganta, el gorjeo de su estómago y el vidrio en sus ojos.

Odiaba el pelo corto, por eso le dejó total libertad, así ya no miraba su imagen en el espejo. Así la realidad dejaba de existir. Sólo quería los sueños, donde escuchaba el filo de la espada acompañada por su voz.

-Hermano…

 

 

Capítulo 1:

… dos de las cuatro víctimas implicadas en el accidente de la AP 6 todavía se encuentran ingresadas con pronóstico reservado… Nuevos datos acerca de la oleada de profanaciones que sufre en estos momentos los cementerios de la ciudad de Sta. Ana, han sido detenidos cuatro jóvenes como principales sospechosos, aunque la policía no descarta que haya más implicados, las autoridades mandan un mensaje de calma a la población y descartan cualquier implicación de organizaciones satánicas en los hechos…Un cadáver ha aparecido en la zona franca de Barcelona con signos de violencia según las últimas investigaciones se sospecha que se puede tratar de un ajuste de cuentas por…

El avance informativo de las seis cumplía fielmente su horario una vez más, haciéndose eco a través del tema de Naildown se sonaba en la habitación de arriba, luego, una musiquita daba paso al nuevo reality show de la tarde, otro ridículo programa más que rebajaba los costes de las cadenas y aumentaba vilmente la audiencia, odiaba que entre ella se encontrara su madre, por lo que Adrien subió el volumen y se dejó enfrascar por el limpio sonido de la música.

Estaba un poco nervioso, sabía que no podía permitirse perder, y mucho menos ahora que por fin había conseguido dejar un poco atrás la soledad y había gente que lo comprendía.

Nunca había sido muy sociable y la cosa había empeorado de forma alarmante desde aquello así que se había obligado a sí mismo a dar el paso hacia su “nueva vida”.

Echó un último vistazo al reloj antes de arreglarse un poco el remolino del pelo y ponerse la cazadora y la bufanda. Bajó hábilmente las escaleras con una pequeña carrerita que despertó a su madre media dormida en el sofá.

-¿A dónde crees que vas? - la voz de esta sonaba rasgada.

-Voy un momento a casa de un amigo, volveré pronto - gritó Adrien cogiendo las llaves del porta llaves al lado de la puerta, comenzaba a sentir un leve escalofrío plagado de asco.

-¿Y son estas horas de ir a casa de alguien? - la distorsión de la voz de su madre se hacía más patente a medida que se acercaba a la puerta del salón a trompicones. -Tú no vas a ninguna parte.

-En tu estado no eres quien para decirme nada - Sentenció el joven abriendo la puerta sin girar la cabeza, no soportaba ver a su madre así.

-¡Ven aquí!- le gritó ella mientras se dirigía a él - Esta es mi casa… y aquí se hace lo que yo digo, ¡entendido! - Ante la actitud evasiva de su hijo, esta se acercó todavía más a él con el ceño fruncido y el acento autoritario. - ¡Es que no me escuchas! ¡Tú no vas a ninguna parte!

El asco y la repugnancia invadían cada vez más a Adrien, se quedó quieto de espaldas a su madre, no necesitaba girarse, sabía de memoria la imagen que vería.

-¡Pero me estás escuchando! - gritó ella mientras lo agarraba con fuerza.

Los dedos de su madre se aferraban a su brazo como babosas hambrientas, y su fétido aliento a whisky barato se introducía por sus fosas nasales convirtiéndose en arcadas, la presión de tener a ese ser nauseabundo encima hizo que Adrien perdiera los estribos.

-¡Una borracha como tú no es quién para decirme nada! - vociferó sacándose a su madre de encima de un empujón.

-¡Como te atreves a hablarme así! – ella volvía nuevamente a la carga, odiaba cuando se ponía así de pesada

-Yo te hablo como me viene en gana - Las palabras salían de la boca del joven como un torbellino descontrolado.

-¡Serás malagradecido! ¡Eso no se le dice a una madre!

-Tú has dejado de ser mi madre hace mucho tiempo - Adrien traspasó el umbral cabizbajo, quería salir de allí cuanto antes, pero ella lo volvió a agarrar con nuevos reproches.

-¡Aquí se hace lo que yo digo!

-¡Suéltame!

La testarudez de la mujer se acentuó haciendo la situación insostenible.

-¡Que me sueltes coño! - Adrien se deshizo de su madre con un violento derechazo acompañado de un ruido sordo.

El llanto enfrascó sus oídos, no quería girarse, no quería ver lo que había obrado, pero su cuerpo cobró voluntad propia…

Estaba en el suelo con la mano palpando la boca, un hilillo de sangre asomaba por la comisura de los labios, la bata le resbalaba por los hombros dejando al descubierto la pálida piel de su pecho y los cabellos invadían su rostro desencajado por el alcohol y el golpe.

Adrien se asustó, no podía creer lo que había hecho ¿esto lo convertía en un monstruo?, su cuerpo comenzó a temblar, su mente se nublaba no entendía el por qué, él no era así, siempre había sido la parte buena, la parte tranquila, es esa la que debía prevalecer, entonces por qué… ¡Por qué!

El graznido de un cuervo se escuchó a lo lejos acompañado por los aullidos de los perros del barrio, asustado, Adrien se alejó de su casa con la cabeza baja y apurando el paso, a su espalda las voces de su madre se perdían en un llanto ahogado.

 

El frío le quemaba las mejillas y rasgaba sus pulmones, estaba inquieto, la conciencia jugaba perversamente con el sentimiento de culpa atormentando sus pensamientos. Miró repetidas veces el reloj, todavía faltaba un poco para la hora acordada aun así apretó el paso como si con ello pretendiera borrar lo que había sucedido.

El parque estaba completamente vacío y el silencio nocturno era sucesivamente interrumpido por el susurro de las ramas de los árboles próximos y el irritante chirrido de los columpios. Se sentó en el primer banco que vio, notaba un ligero tembleque en las piernas, no podía dejar de recordar la imagen de su madre tumbada en el suelo.

-Soy un miserable… - se reprendió así mismo.

La muerte de su hermano gemelo no había hecho más que hundir lo poco que quedaba de su familia, desde entonces culpó duramente de ello a sus padres, era obvio, si ellos no estuvieran tan ocupados con sus estúpidas discusiones, si papá no se hubiera marchado, si mamá se hubiese preocupado más por ellos y no por buscar… ¿lo qué?… Tal vez no supiera que mamá… tal vez él no era el único que había sufrido, mamá también lloraba. Aun así ella era incapaz de comprender el vínculo que los unía, no supo manejar la situación y se encerró en sí misma.

-Por vuestra culpa…Mi otro yo…

Un ruido lejano le despertó de su ensimismamiento, levantó hábilmente la cabeza buscando su origen, notó como el sonido se intensificaba, cada vez estaba más cerca, era como… ¡era el sonido de unas ruedas! Este vino precedido de un fuerte crujido, como si algo callera pesadamente sobre el suelo para luego comenzar a rodar de nuevo, se fue aproximando más y más hasta hacerse totalmente visible.

Sus ojos contemplaron la enclenque figura de un muchacho de poco más de quince o dieciséis años ataviado con unos vaqueros corroídos y una sudadera negra, algo mayor de su talla, al galope de un desgastado monopatín enganchándose fervientemente a una barandilla, era sobrecogedor verlo volar de aquella manera, pero en el aterrizaje la tabla salió despedida haciendo que se diera de bruces contra el suelo.

Por un momento una ligera carcajada emanó del rostro de Adrien, pero enseguida se esfumó al ver que el joven skater no se levantaba del suelo.

-¡Ei, chaval! - gritó dirigiéndose hacia él - ¿Te encuentras bien?

El chico intentaba incorporarse torpemente, apenas se le veía la cara que estaba tapada por un gorro lanudo de rayas rojas y negras que le resbalaba por la frente, a escasos milímetros de los ojos cubiertos por gruesas gafas cuadradas de pasta, y que dejaba escapar tímidos mechones de cabello azabache.

-¡Mierda! - tosió el muchacho sujetándose el estómago - ¡Puto kingpin!

-¿Estás bien? - repitió Adrien al llegar a su altura tendiéndole una mano.

-Si… - dijo el chico aceptándosela mientras se levantaba con ciertas dificultades, su voz sonaba extrañamente suave y sus ojos se abrieron como platos al verlo. - Gracias.

Se sacudió el pantalón, se recolocó las gafas y el pucho, enrabietado, revisó nuevamente el eje roto del patín y tan fugaz como había aparecido se alejó del parque cojeando.

-¿Seguro que no te pasa nada, chaval? - preguntó atónito al verlo así después de semejante caída

-No… ¡Gracias tío! - respondió el joven de espaldas mientras levantaba el brazo derecho en forma de saludo.

 

El incidente había despistado de tal manera a Adrien que no se había percatado de que un coche lo estaba esperando junto la entrada del parque, ante la insistente llamada se su bocina, se apresuró a entrar.

-¡Hola! - le saludó una voz femenina desde el interior - ¿Qué hacías ahí parado?

-Sí, ya se nos hizo un poco tarde, los demás estarán impacientes. ¡Vamos, sube! - exclamó el conductor girándose hacia el asiento de atrás, en el, dos jóvenes más, ataviados de riguroso negro, lo ojearon con la mirada perdida y los ojos adornados con abultadas ojeras.

El vehículo se puso en marcha y no tardaron en alejarse del barrio, una pesada atmósfera presidida por un silencio casi infernal se cernía sobre ellos, por un momento Adrien se sintió un poco incómodo, pero luego una especie de paz comenzó a invadirlo, así que se recostó sobre el asiento perdiéndose en el paisaje que rodaba a través de la ventanilla.

 

Una luz blanca apareció ante él, al final de ella se vislumbraba la figura de un niño de espaldas con el pelo corto y erizado, enseguida lo reconoció y comenzó a correr hacia él, una gran felicidad lo invadía por dentro.

-Hermano…

Al llegar a su altura este se giró de repente y en su lugar apareció el rostro desencajado de su madre sudoroso y jadeante que lo miraba con ojos suplicantes.

-Adrien, ¿por qué…?

Asustado comenzó a retroceder, un acentuado temblor comenzaba a atacar sus miembros.

-Yo…yo…yo no he…

-Adrien…- Su madre se iba deformando a medida que un fétido olor invadía sus fosas nasales, las arcadas se sucedían instantáneamente.

-¡Yo no soy así! ¡Yo soy la parte buena!

-¿No, Adrien? - Se giró en el mismo instante en que el muchacho que había visto minutos antes aparecía ante él tendiéndole el patín - Tú eres él y él eres tú, sois uno, sus deseos también son los tuyos ¿No…Adrien?

La sangre salía a borbotones de la cabeza de su madre al ser golpeada con el eje roto del patín tiñendo sus manos de un vibrante carmesí, mientras la risa de su hermano acompañaba la escena con una escandalosa carcajada.

 

Sus ojos se abrieron en el instante en que se apagó el motor, sentía un molesto sudor frío escurriéndole por debajo de la ropa.

-Tienes mala cara Adrien - comentó la chica una vez fuera de coche - No te preocupes, esta noche va a ser grandiosa, no te pongas nervioso, aunque es normal ante la primera vez - la sonrisa de la joven más que tranquilizarlo lo alteró todavía más.

Se llamaba Sofía, era una esbelta rubia con la que había compartido clase desde que tenía uso de razón y con la que había fantaseado multitud de veces. Así que cuando le había propuesto entrar en aquella especie de pandilla, o hermandad, como ellos la llamaban no se lo pensó. Descubrió que su compañera, con la que no había intercambiado apenas palabra en todos aquellos años, se había convertido de repente en una especie de ángel salvador que le había brindado de la noche para la mañana no solo un rayo de luz en su vida, sino también el amor fraternal que tanto estaba buscando.

Con ello no se fijó en el lugar en el que se encontraban hasta que se dio de bruces con la puerta.

-¿Qué estamos haciendo en un cementerio? - preguntó nervioso - No se suponía que íbamos a una celebración.

-Una gran celebración en tu honor Adrien - sonrió su compañera llena de júbilo.

Sin apenas darse cuenta Adrien se dejó arrastrar por ella, en el interior del camposanto tres jóvenes más los recibieron con caras de espectación, sus ojos estallaron excitados al ver a Adrien.

-Sofía, lo has traído…- murmuraron - Por fin ha llegado el momento.

Lo llevaron hacía un claro cercano a una gran tumba de letras corroídas, en él se disponían una serie de filas formadas por velas negras y rojas a intervalos regulares que en conjunto formaban un amplio círculo.

-Esto… - tragó saliva Adrien - Bueno, yo…no me van este tipo de cosas…

El nerviosismo comenzó a transformarse en miedo cuando aquellos extraños jóvenes comenzaron a cantar en una lengua extraña.

-Ya es la hora - anunció uno

-¡Sofía! ¿Qué es esto?

-Siéntate en el interior del círculo hermano Adrien - le invitó una chica que lucía un largo vestido negro con una cruz bordada de espinas en forma de broche.

Titubeó… ¿Qué coño era todo aquello? Su mente no era capaz de asimilar dónde se había acabado de meter, aún así obedeció, acción de la que enseguida se arrepintió, pues en el centro del círculo se distribuían diversos códigos y figuras extrañas escritas con tinta roja que enseguida identificó como sangre. En ese momento se levantó de golpe.

-Agradezco la amabilidad con la que me habéis tratado de verdad, nunca nadie se había comportado de esa forma conmigo… Pero a mí estos rollos no me van, no es que sea católico, ni creyente ni mucho menos, pero no creo en…

Los cánticos cesaron al instante, todas las miradas se tornaron hacia él, en ellas se podía interpretar un leve atisbo de rabia.

- Adrien…- la voz se Sofía se tornó suplicante - nosotros creíamos que tú querías ser de los nuestros.

-Y no digo que no, pero…

-¿Pero…? Nosotros te acogimos cuando nadie se percataba tan siquiera de tu existencia.

El corazón le dio un vuelco de repente, Sofía tenía razón, ellos eran… ellos se habían convertido en su familia.

-Nosotros sí que te amamos - le dijo mientras le pasaba una copa y lo rodeaba con los brazos - Y por ello celebramos esta reunión, para que formes parte de nuestra familia para siempre.

Todos alzaron sus respectivas copas, sin saber muy bien que hacer él repitió la misma maniobra, el tiempo había sembrado de tal forma la soledad en su corazón que decidió rendirse a lo que le ofrecían tan desinteresadamente aquellas personas.

Los cánticos se reanudaron una vez que todos bebieron, la celebración se iba tornando en un ritual cada vez más y más macabro. Para Adrien el mundo comenzaba a danzar a su alrededor y los miembros le fallaban por momentos, aun así vociferaba tarareando aquellas tétricas canciones, por una vez en muchísimo tiempo era el centro de atención.

Todo fue bien hasta que todo el alboroto se aplacó súbitamente.

-La hora ha llegado - vociferó el que parecía el maestro de ceremonias, mientras sacaba una afilada daga - Por fin todos tomaremos del elixir de la vida.

Mareado, Adrien no comprendía que pasaba a su alrededor, solo cuando sintió como la daga comenzaba a hundirse en su pecho fue capaz de reaccionar. En un rápido impulso, consiguió sacarse al maestro de ceremonias de encima.

-¿Qué…qué significa esto? – balbuceó aturdido, su voz sonaba demasiado lejana.

Vio como los demás se abalanzaban hacia él amenazantes.

-Ahora formarás parte de nosotros, Adrien - gritó Sofía agarrándolo por las muñecas.

Mientras tanto los demás se agolpaban como ratas sedientas a su alrededor, notó un leve pinchazo en el cuello, el mundo comenzó a girar vertiginosamente, las caras se transformaban en diabólicas muecas y su cuerpo se debilitaba.

 

Apenas podía ya moverse, solo sentía el intenso frío de la helada nocturna punzándole el cuerpo, ningún ruido, ningún movimiento, aquello… ¿qué era aquello? Algo negro se precipitaba desde el cielo, era suave y muy ligero. Era como aquella vez, el día en que su hermano murió ¡Sí, habían vuelto! Cientos de plumas negras caían del cielo…

6 Comentarios
  1. Muy bueno Su, seguiré atento a ésta historia. Mi voto y un abrazo.

  2. te superas poco a poco, muy bueno. mi voto por supuesto

  3. Zusions: sabes escribir, y te felicito.
    Atentamente
    Volivar

  4. Sois demasiado buenos conmigo. Mi objetivo es terminarla y aprender. Mil gracias :)

  5. Muy bueno mi niña, que bien escribes. Mis felicitaciones, Un bico

  6. jo!muchas gracias :)

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