Tal vez lo apuñaló el tiempo
empuñando un reloj cascado
que irónicamente se detuvo
en el minuto exacto de su muerte.
Otra teoría sería la del amor,
con cómplice femenino de piernas suaves
y labios fríos que supieron sorber
al susodicho su capricho y calor.
Descartemos una pelea familiar o un accidente
nada ingenioso que tan sólo enturbiaría
las tesis que barajan los amigos
y conocidos del aquí ex-presente.
El comisario avisó y alertó contra
la posibilidad de que la misma vida
castigara al pobre hombre difunto
por jactarse de no quererla lo suficiente.
-Tal vez fue Dios- dijo el sobrino
casi en silencio, y mencionó
que los actos de Éste encubrían
con alcurnia lo que la sucia esencia
de su ser superior implicaba- el sobrino
era de ciencia y ética, no se duda-.
A la escasa semana de al escena se
descubrieron unos papeles sobre
el escritorio del difunto, y rezaban,
a modo de testamento,
una despedida poco habitual para los suyos:
“No os riféis mis cenizas
porque ni siquiera os valdrá la pena,
¿y la causa? no fue al vida, sino la suerte
que me dió caza a mí antes de que yo la cazase a ella.




Buen poema, tienes mi voto.
Eloy. Como nos tienes acostumbrados, otro hermoso poema.
Mi voto
Volivar
Felicidades Eloy,me gustó.
Un saludo compañero.