Al andar por las sendas
que al cabo del tiempo han sido construidas
contemplo tu mirada agotada,
inundada con heridas.
Intentando navegar entre aquellas,
no consigo más que ahogarme en tus penas.
Galeones titánicos han naufragado,
vÃctimas de esa infernal tempestad
que a sus anchas no ha encontrado
apagarte para no brillar nunca más.
¡Valiente! SÃ, valiente y digno
de llamarte hijo del Creador,
quien te ha visto como favorito
para blindarte con Sus propias ropas
para usarlas a tú favor.
Empero, pagar grandes impuestos
es efecto de tal blindaje.
Y aunque el pago sea carnal
tu alma queda estoica por Su ropaje.
Tal cual estira y afloja,
tu hambre visceral,
es mi hambre espiritual,
y aunque abunde la tierra para cosechar la primera,
la segunda escasea por las plagas que la azotan.
¿Conferido estoy a sufrirte?
Por lo menos, la confusión nubla el deseo
de cambiar mi ropaje para imitarte
con esperanza de saciar mi hambre.
Goza pues de tu dicha,
compártela con los tuyos.
Quién sabe… Tal vez en otra era
se me conceda parecerme un poco más a ti.



