Era otra de tantas noches que se escapaban entre la ilusión ajena, sonrisas y cantos entorpecían mi pensar, el aire se acaramelaba con perfumes caros y pecados adornados. Las máscaras solo cubrían la vergüenza del rostro que las pieles anhelaban les arrebatase un argento puñal de pasión. No bailaban, tentaban a los dioses del Olimpo a alcanzar lo que el hombre había logrado ya. Ya quisieran, esos dioses, una fiesta como aquella.
No hallaba paz mi conciencia entre las manos que me rozaban invitando a la piel por caminos vacíos, no eran manos, no lo eran; sino cadenas atando mis sueños al pasado. Tantas mentiras disfrazadas de pechos y caricias, tanta inquietud me causaban sus sonrisas.
Sin fulgor mis ojos se cerraban, no hay tormento mayor que esperar a la muerte mientras tan insistente la vida se estira, el placer que me quema las manos y la vista van dejando solo dolor al recordar sus mentiras. Ya no es igual querer, que querer el querer del pasado que enterré en el fondo de mi último cuadro colgando en el rincón donde tu adiós me mató la esperanza, ya no es igual quererte en el ayer sin sentir alegría por el mañana.
Y se me van las horas, el tormento solo agrava la demora, de la vida que asfixia mi pecho, al ritmo del salón que arde hacia el cielo.
Un poco más, hasta que las llamas me den tu paz, un segundo más cerca de poder olvidar.
El gran salón
5 Comentarios



Siempre anhelando ese amor verdadero, Yamino. xcelente escrito. Mi voto
Tristes evocaciones. Te sigo y mi voto. T.H.Merino
Muchas gracias y un gusto contarlo entre mis lectores. Un abrazo.
Sentimiento puro Leo. Un abrazo!
Hey, me ha gustado, te felicito, te doy mi voto. +1