Héroe
15 de Enero, 2012 2
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Esta espada, que se adentra
por el pecho de arcilla,
está en pena por la muerte
de la misma muerte.
Succiona cada tristeza
de la sangre
que se coaguló esperandola.
Entra, despacio,
no le importa el tiempo
que se detiene a verla.
No le importan los gritos
que no quieren saludarla.
Camina como el hombre
solo por su propio cuerpo.
No teme avanzar y perderse
en el lecho de su víctima.
No siente la angustia
que rodea sus tejidos abandonados.
Solo se incrusta
y sigue haciendo justicia.

2 Comentarios
  1. Muy bonito poema, gracias por compartir.

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