La gran novela americana

Quedan aún algunas horas para que amanezca,

voy a tumbarme en la cama y permanecer despierto

hasta que vuelva a escuchar a los coches rodar por la autopista.

Luego oiré a las gaviotas en el puerto al alba

con el sol en horizontal al faro y su luz

cayendo sobre el agua como cristales rotos de una cabina.

Veré colorear la ciudad de naranja hacia el centro

y como un Quijote moderno imaginaré nubes saliendo

de los tubos de escape, de las fábricas, del tabaco,

y pensaré en que es fácil sentarse en una terraza sin esperar un puesto

o a un cliente o una oportunidad, y sonreírle al camarero

y llamarle por su nombre, como a un amigo.

Pero parece que los peces hoy trabajan, y madruga

la lluvia y este otoño, los pájaros se han vuelto funcionarios

y visten de traje y corbata y van en bus y no volando.

Parece que Franzen no lo hizo, este idioma

no es el mío, ni esta ropa ni esta seriedad ni este sueño,

no quiero vuestra necesidad ni esa ausencia,

ni lo que me contaron o lo que pude leer, América

cruzó el Atlántico y descubrió Europa, descubrió España,

y en esta industria de hoy participamos, aún sin quererlo.

 

Todavía faltan luces para que amanezca,

voy a abrazar mi almohada y seguir durmiendo

hasta que oiga a las gaviotas en el puerto, al alba,

y se apague el faro y el sol se proyecte sobre el mar

por accidente,

y todo sea tan sencillo como lo ha sido casi siempre.

Sin comentarios
Deja un comentario

1

Seguidor

3

Publicaciones

11

Veces que ha sido leído este artículo