La niña en la otra orilla está sentada
tan tierna, tersa y pura
que la brisa de la noche templada
susurra entre los olmos su hermosura.
Ya no deshielan las cumbres heladas
en níveos copos de nieve fundida
ni ríen arroyuelos en las cascadas
en carcajadas de agua entristecida.
Al fin ha llegado la primavera
y todo se ha llenado de alegría
aquella que este ruiseñor espera
desde hace tiempo en la melancolía,
pues tan solo está en la misma soledad
que rogaba un beso a la muerte fría.
¡Piedad!. Grité a la corriente del río.
Dejadme cruzar donde encuentre abrigo
aun siendo el grano del mismo trigo,
la misma oliva del mismo olivo,
la misma madera del mismo pino.
¡Dejadme vivir ahora que aún vivo!




¡Bienvenido a Falsaria!
Gracias por publicar en la red social literaria.
Un saludo,
El equipo de Falsaria
Bello, evocativo y sonoro. Me gustó mucho.
doperfilfla: lindo, muy lindo tu poema. Por bruto no lo había leído. Ahora que lo hago me entero de tu gran inspiración y tu bonito estilo para hacer poesía.
Felicidades
Mi voto.
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)