Mi negro, tú eres como mi cabello rizado,
cuando más guapo te veo es cuando te mueves girando,
te peina el viento y quedas renovado,
tropical pero no alineado, nada de eso.
Eres justo igual que mi cabello,
abundante y un enredo;
te llevo hasta en lo sesos, que injusto ¿no?
que no puedo arrancarte si quiero, porque con frío sobre mi chola quedo.
Eres como mi cabello, suelto y revuelto,
y cuando gustas, bien te recoges sin perder tu estilo.
Vas con todo lo que llevo puesto,
me atrae el perfil de cada uno de tus hilos.
Vas con todo lo que llevo adentro.
Eres tanto como mi cabello,
que los rayos del sol te hacen brillar
y por más que dicen que el agua e’sal hace daño,
digo yo que no te viene nada mal.
Eres como mi cabello cuando delicadamente despliegas tus caricias sobre mi espalda.
Eres como mi cabello y me complace que reposes sobre mi mejilla hasta llegar a mi pecho.
De hecho, ya ni quiero seguir hablando de ti, el detalle es que siempre estás ahí.
Y tu silencio no te hace ausente porque, tal como mi cabello, dices mucho sin hablar.
Eres como mi cabello,
en días algo difícil de manejar,
por eso he adquirido el arte de dejarte ser al natural
y que tu autenticidad no sea de acomplejar.
Me entretengo al inventar nuevas formas de contigo jugar.
Es cierto que tengo mis días de ser rara,
que lo menos que quiero es tenerte en mi cara,
y con ambas manos más un tanto de rudeza,
te amarro sobre mi cabeza y te aparto de mi mirada.
Admito que aveces no soy la más simpática en las mañanas…
Pero te aseguro que obtienes lo mejor de mi,
que antes que caiga la noche ya me he soltado el cabello de nuevo.
Pues libre es que te quiero.
Así, si no llega la mañana, tengo certeza que estuviste libre en mi almohada.



Curioso poema, mucho arte tienen tus palabras que a través de la dinámica de su verso convierte una escena cotidiana en algo absolutamente artístico. Mi enhorabuena y voto.