Rompen el silencio
las gotas del martirio,
sangre derramada pero
no solo eso.
El resquebrajo de hojarasca,
el alma en delirio
de un cuerpo que la transporta
como dos partes distantes
de un todo, algo así como un humano
Algo así, como las penas sin desahogo
que buscan por la selva de sus miedos,
a los asesinos, los impuros…
Pero la última lágrima dicta,
que ese humano no busca otra cosa
que su propia espalda,
lo que nunca vio de sí,
la marca de Caín,
la astilla que se encarnó sin piedad.
Algunos la llaman esencia,
otros la sociedad.
Tal vez Dios o Belcebú
No, la sangre no es parte
de una simple brizna que
hace cientos, miles de estaciones,
acaricia las mejillas de personas
que sufren y lloran
por penas tan hermosas,
penas que él, el viento,
no puede sentir.



Fossa: me gusta mucho el poema. Felicidades. Mi voto.
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México