
Añoro aquel cielo limpio, ninguna tormenta a vista.
Y veo la inocencia, incólume, en su campo de flores.
La ternura sin ansias o temores, nada la contrista.
Un columpio, vuela al viento, la alegría sin invasores.
Visiones de azúcar huyen por grietas de la memoria.
Las alas del divino recuerdo sobre mi día danzan.
Bailan en la mente los trechos felices de la historia.
Yo dejo fluir ese hilo, filamento de añoranza…
…y escurre miel de aquella pureza que esfumó.
Inunda toda mi alma; indefensa la melancolía.
Queda amortecida la agonía que me amargó.
Partes perdidas de mí revivo; el dolor se vacía.
Pero el río del tiempo no para; agua caudalosa.
Extravía la atmósfera en que suspiré encantada.
Guardo la risa en el cajón; retomo la vía afanosa.
Otro día piso nuevamente esa senda azucarada.

