La sonrisa del gato me fascinaba, el recuerdo de su cuerpo flotando y desapareciendo estaba fijo en mi mente. Sus respuestas me parecían desconcertantes al igual que para Alicia, y el enigma que se presenta ante los caminos, las bifurcaciones. Esa sonrisa me guiaba, hacia ninguna parte, sin saber a dónde ir, me invitaba a seguir.
Si este recuerdo era verdadero y paso exactamente de esa manera, o es verdadero desde el momento en que lo cuento no tiene mucha importancia. O puede ser inventada, una nueva historia, mi historia con el gato de Cheshire. La realidad que configuro a través de su imagen y su respuesta: “En ese caso, da igual hacia donde vayas”.
En la ficción, da igual hacia donde vaya, porque permite tomar todos los caminos, o no tomar ninguno y dejar en blanco este papel. “¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte, si caminas lo bastante”, otra genial respuesta del felino. Podría preguntarme, para que escribir, para que escribir ficción, o porqué no escribirla y de que nos sirve, todas preguntas que mi yo ficcional en el País de la Maravillas (¡lo cual es la literatura, y la ficción principalmente!) le haría al gato, que seguramente desapareció entre risas y llevándose algunas posibles respuestas.
Y si tal vez sigo la historia en la imaginación, el personaje me sigue respondiendo en la ficción sobre la ficción, esa boca sonriente del felino se va configurando en un señor de mirada firme, con un cigarrillo en la mano atento a la boca y me responde “se escriben ficciones para poner en evidencia el carácter complejo de la situación, del tratamiento de la verdad”
Acaso buscamos la ficción para evadir la realidad, ¿o la buscamos para seguir enriqueciéndola?, y así nuestras lecturas serán una configuración de cómo pararnos ante ella y viceversa. Entonces pienso en atravesar el espejo de la ficción, hacia lo inexplorado con la lectura y la escritura, quiero ver que hay más allá, con quien dialogamos en las historias.
En la mesa esa hora del té, miro a cada uno de los invitados y me detengo en una nena que pregunta ¿usted es un señod pobe o un pobe señod?, escuchaba su pregunta y me recordaba cuantas veces dije esas frases, aquel o cual pobre señor. Cuáles eran mis razones para llamarlo de esa manera, y, si así era, ¿ésa era verdaderamente su condición? ¿Y yo?
Construyo la lógica del relato ficcional, así como la lógica de la verdad que nos dice qué es o no es real. Y entonces aparece la sonrisa hipnótica y afirma –Estoy loco, porque cuando estoy contento gruño, y cuando estoy enojado muevo la cola. Por esto pensé ¿es el gato es menos real que el perro, que cuando está contento mueve la cola, y cuando está enojado gruñe? El verosímil se vuelve real.
Volviendo al principio todo comienza cuando las partes de la realidad desaparecen con el gato: su cola, su cuerpo, sus patas, y finalmente su rostro. Entonces queda la ficción, su sonrisa dibujada en el aire, flotando. La idea del autor, el verosímil narrado, que me atrapa en la lógica en la que somos cómplices. Esa es la realidad de ahora en adelante para el lector
VIMON
El escritor escribe para descubrir la verdad; el político para esconderla. Y si, hay que traspasar el espejo de la ficción…Saludos y mi voto.