Solo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban se les ofrecía visitar la cámara secreta del castillo. Un pasillo largo, derruido, conducía hasta ella en penumbra, entre angostas paredes pedregosas comidas por la humedad. Las muchachas ahogaban risitas nerviosas mientras ellos avanzaban ocultando su miedo jugando a apartar telarañas. El eco de sus pasos entre goteras se apagaba pasillo abajo sumergido en un vértigo de tinieblas. Ante la puerta entreabierta de la cámara siempre permanecían indecisos, vacilantes. A mi vez, yo también esperaba expectante, tenso, pegado a los demás. Porque nosotros, los esqueletos infantiles de la cámara secreta, ansiamos compañía de carne y no solo de hueso.
VIMON
Muy buen micro, felicitaciones y mi voto.