El Escape
Esas mujercitas que vivían en mi bolsillo, las colocaba sobre el teclado para observarlas y hablar con ellas. Eran pequeñas como los caracteres alfabéticos. Me pedían que las liberara. Que las dejara partir para poder ser felices. Yo les explicaba que no era posible. Que luego de tantos años manteniéndolas conmigo era demasiado aceptar la idea de una separación. Les hablaba de cuanto las estimaba y de la importancia de saber que siempre estaban cerca de mi corazón. Les daba pedacitos de golosinas y alguna bebida. A veces cantaba y ellas danzaban sobre el escritorio, ligeras y gráciles, pero con una tristeza que frecuentemente yo confundía con cansancio. Esta noche, cuando quise extraerlas de la camisa, no pude porque se habían marchado. Mis adoradas muñequitas que fueron la dicha de mi vida, decidieron escaparse y dejarme en este desamparo que no se si podré soportar. Ellas creen que no se a dónde fueron. Sí lo sé. Escaparon a la web. Estoy seguro que andan por ahí en el mar informático convertidas en bytes de progesterona, divirtiéndose, hablando mal y burlándose de mí. Que bailan para otro en algún lugar. Y que son la alegría de algún individuo afortunado. Casi puedo oírlas. Qué traviesas! Cuánto las extraño. Finalmente lograron lo que deseaban, la libertad. Cuando se evadían sigilosamente de mi bolsillo, presurosas, contentas, decididas, no tuve voluntad para detenerlas.
VIMON
Un relato muy ingenioso, saludos y mi voto.