Marioneta de la ventisca

Escrito por
| 13 0

Se encontraba en una etapa de su vida en la que sentía que todo iba en contra suya. Sentía que nada hacía sentido. Ya nada tenía un significado para él… ya nada tenía valor. Sus emociones se apoderaron de él. Había sufrido la mayor parte de su vida. Con el tiempo sus lágrimas se evaporaban porque nunca tuvo quien las secara por él. La única persona más cercana a él, era de hecho la más lejana. En múltiples ocasiones intentó darle una explicación a todo, pero nunca lo lograba porque nada lo tenía. Él nunca le contó a nadie, porque nunca tuvo a alguien y aún si lo hiciese, nadie le comprendería. Cada melodía que escuchaba era un impulso más para tomar la decisión más importante de su vida.

Y allí estaba él, parado sobre un puente mirando el agua de aquel río que pasaba bajo él velozmente. Nunca sintió miedo, nunca había tomado una decisión con tanta seguridad en toda su vida. Veía en el reflejo del agua un portal… un portal hacia un nuevo lugar en donde no había sufrimiento, penas ni angustia. Donde las lágrimas solo emergían por un sólo sentimiento… la felicidad.

Confiado, elevó su pie derecho en el aire y pretendía pisar su nuevo suelo metafísico. Cada vez se aferraba menos a aquel puente que como misión tenía el de llevar a las personas de un extremo al otro; pero por primera vez desde su construcción, se había convertido en algún tipo de vortex que llevaría a una persona de una angustiosa pesadilla, hacia una eterno sueño divino. Su cuerpo comenzó a inclinarse hacia el frente y elevó su pecho en signo de victoria. Su frente seguía en alto, sus sueños le esperaban abajo. Sentía cómo la brisa le daba ése último empujón que tanto necesitaba para llegar hasta su sueño más anhelado. Por primera vez sentía apoyo sobre sus hombros. Sintió un gran cosquilleo en todo su cuerpo; la dopamina estaba tomando control del momento. Su único impedimento era su pies izquierdo que aún yacía sobre el borde, listo para empaparse en vida.

Su último gesto de carácter humano fue el de haber dado la inhalada de aire más profunda de toda su vida. Distinguió tantos olores de sólo una… que su corazón palpitaba de emoción al distinguir el nuevo aroma de la vida. Mientras el agua esperaba su cuerpo con los brazos abiertos, éste era atraído con gran fuerza por la gravedad; pues sus sueños habían vencido a la pesadilla. Había extendido sus brazos para darle la bienvenida a sus sueños y cerró sus parpados porque no existía vida alguna que pasara frente a sus ojos como muestran en las películas de ficción. La presión de aire era intensa. Se había convertido en la marioneta de la ventisca. Sentía que todo corría en cámara lenta, todo se había detenido y de repente… cuando menos lo había calculado, había dejado atrás a la pesadilla. Luego de tanto sufrir, finalmente lo había logrado.

… Y yo como escritor les aseguro que soy de los que también vive en la misma pesadilla. Pero él…

“-Él le venció.-”

Por: Fernando De León Cancel

Add a comment