En tiempos antiguos, donde la crueldad y el dominio eran comunes y se hacían sentir en el mundo por doquier, el Discípulo, en su andar alerta y pausado, acompañaba al Sabio.
Construía su mundo interno, diferente al de la mayoría de las personas que conocía y diferente a sí mismo varios años atrás, otro sentir, otras esperanzas, otros proyectos y expectativas, otro modo de ver la vida, el amor, el perdón…
Nada podría él hacer que no influyera en los demás y nada harían los demás que no afectara su sentir…ya lo había comprendido.
Cuanta ignorancia veía y sentía…cuantas incógnitas aún corrían por sus pensamientos.
La vida y el amor, la relación con otros, la comprensión de las cosas, tenían ya otro sentido, que él nunca hubiera imaginado antes.
La forma de impartir justicia, la razón de la verdad, sus creencias, sus ideologías, habían dado un vuelco, un giro de ciento ochenta grados.
Y deseó aprender mucho más y se dispuso a ello.
El Sabio le había pedido que lo acompañara…
Lo haría…pues su propio ser se lo reclamaba.
Ya había oído de él porqué se existe, qué sentido tienen la vida, los seres, los sentimientos y las cosas.
Ahora quedaba por recorrer un camino, tal vez largo, tal vez no tanto, para ir comprobando y experimentando cada razón que sus oídos habían escuchado y su entendimiento había captado.
Sí…lo acompañaría, porque sabía que ello completaría su ser…
Sandra Legal
Angelo, tu cuento permite reflexionar sobre el presente y en la necesidad imperiosa que tiene la humanidad de encontrar esa “sabiduría” en su interior o aprendiendo de aquellos que tienen su visión puesta en un mundo de amor, de paz, de fraternidad….
Muy bueno el texto.
Saludos y mi voto
Sandra
Angelo Scotti
Muchas gracias Sandra por tus conceptos. Saludos