Última carta de Don Juan
Phekda es una estrella de la Osa Polar

Cuento ilustrado por el pintor Jorge Rosensvaig. “Phekda, óleo, 71 x 51 cms, 2011, http://jorgerosensvaig.blogspot.com

Tuve un día que renunciar a una y, renunciando a una, las tenía a todas; pero teniendo a todas, no obtuve ninguna. De nada sirvieron las delicadas palabras de mi galanteo ni mis elaborados coqueteos: todas mis artimañas románticas estaban destinadas al fracaso y ellas, mis lúbricas diosas, se regocijaban en esa empresa inútil. Fueron un vicio, el más exquisito de los vicios, aquel que valía la pena conservar porque en ellas estaba mi debilidad. No pude pensarlas más que en plural, no pude desearlas más que en muchedumbre y no pude sufrirlas sino a raudales.

Buscaba en ellas el encanto de la primera mujer, el aliento seductor que llevó a Adán a increpar a su Dios. En cada una de mis veladas etílicas fui un réprobo que se alimentó de su belleza inalterable y mi sed muchas veces descansó en el húmedo cáliz de su sexo. Una nunca fue suficiente; una siempre fue mi frustrada búsqueda. Sus ojos profundos, el ligero estremecimiento de sus labios en el momento de la excitación, su figura labrada en los talleres desconcertantes del arte divino, sus palabras impregnadas de inocente desdén… todos los elementos que las constituyen fueron los ingredientes adecuados de mi tragedia personal, tragedia de la que no blasfemo porque fui yo —el supremo— quien la provocó.

Las mujeres. ¿Quién por ellas con gusto no se perdió? ¿Qué pie no trastabilló en las calles cuando a su lado se cruzaron sus sinuosas formas? Fatigué los bares y fue mi pábulo el licor y el tabaco, la música nocturna y las relaciones pactadas por unas cuantas horas bajo la cómplice mirada de mil olvidadas noches. Ellas eran mi religión y cada una la diosa, era el lupanar el templo y la cópula mi oración fervorosa. Mi voluntad y mi buena conciencia —si alguna vez la tuve— se redujeron a su caprichoso laudo y me vi envuelto en sus veleidades, en su querer nunca satisfecho. Pero la culpa es mía: yo, en todo momento yo. Y mi pecado consistió en amar a la mujer que en cada una de mis amantes pretéritas habitaba. Amé las carnes que se precipitaron entre mis sábanas una vez persuadidas por mis falsos requiebros, mis manos insistentes exploraron el velado misterio que obligaba mi búsqueda y el resultado fue el mismo: la resignación ante un propósito inútil y el autoinflingido engaño al ser incapaz de abarcar la eternidad. No veo en todo esto más que la acción de una mano invisible que resiste mis aspiraciones románticas. Nietzsche: “manos invisibles son las que nos doblan y maltratan”.

Realmente no creo que me enamore: el hombre enamorado es un ser desvalido recluso de los ardides femeninos a los que se sujeta. Mi búsqueda me llevó por diversos cuerpos y distintos rostros. Ahora solo me queda la soledad, la más barata de las compañías. Mi corazón desamorado no logró perderme, tampoco pudo: me condenó mi dispersión por las mujeres a vivir como extranjero en todas partes sin esperanza, aunque también sin humillación.

 

CxF

21 Comentarios
21 Comentarios
  1. ¡Bienvenido a Falsaria!

    Muchas gracias por colaborar en este espacio (que ya es tuyo). Esperamos que nos concedas el placer de seguir leyéndote.

    Un saludo,

    El equipo de Falsaria

  2. Me parece que tienes un estilo sublime, que conservas un corte clásico que te equipara a los escritores del Renacimiento. Creo que has subido el listón muy alto.

    Un gran gusto leerte!

    • Oigan muchachos, MUCHAS GRACIAS. Me alegra que les haya gustado. Espero también leerlos a ustedes y seguir compartiendo estos textos por mucho tiempo. De nuevo gracias

  3. Un texto impecable…felicidades y bienvenido.

  4. Estoy de acuerdo, es un texto impoluto… «a la antigua usanza». Enhorabuena.

  5. Excelente. Felicitaciones!!!

  6. Me parece una agradable reflexion poetica.El manejo de la tematica del hombre con respecto a su relacion amorosa con el sexo opuesto a mi parecer es trabajada en un tono muy elegante delicado y fino.

    • Gracias Paloma, Felipe, Alefes, Jorge y Alma por sus comentarios. Saben lo bien que hacen al que apenas hace público un trabajo solitario por años.

  7. Hola!
    Me gustaria decir que esta narrativa me pareció interesante, compleja, quizas algo barroca para estos tiempo de Dan Brown. Me ha recordado lo mejor de Marguerite Yourcenar, por su lenguaje tan excentrico y poetico. Valió la pena!

    • Gracias Bruno por su comentario. En cuanto a la narrativa, es la observación que le han hecho en los sitios donde lo he leído y es exacta. Quise hablar de la boca de Don Juan como un hombre de su época para que el artificio no fuera falseado, y creo que no me salió mal. Quise un acercamiento poético a eso que se me dificulta tanto, que es la poesía, y salió este escrito. En los próximos días, continuando con el ambiente que ha provocado la Ultima carta… postearé, si Dios es servido, un escrito más extenso sobre un donjuan desengañado. Saludos a todos y de nuevo gracias por sus valiosos comentarios

  8. Escribís muy bien, va. Es barroco, es cierto, pero es la estética que vos estás buscando. Va bien. Saludos

    • Gracias Romi. Sus comentarios elevan el nivel de exigencia del próximo escrito a postear aquí, el cual sigo revisando. Creo que lo tendré listo en 10 días y aspiro a no decepcionarlos.

  9. muy bella la descripción del vicio, me hubiera gustado un poco mas de descripción de la soledad, me quede con ganas de mas…Muy lindo!

  10. Ha sido como viajar en el tiempo, como envolverme en un halo de clásico Romanticismo que debe ser leído a la luz de las velas en un cómodo diván.

    Sublime

    • Es curioso Anaid, pero fue concebido precisamente bajo esa premisa: evocar de algun modo el lenguaje de Donjuan. y de ese estilo es el otro cuento posteado también en Falsaria, El filósofo y la doncella, y los otros tres que estoy revisando para publicar. Sin embargo, hay quienes me critican ese aspecto y me tildan de anacrónico. Me alegro que te haya gustado y gracias por tu comentario.

  11. Muy bueno! Me re cabió. Me encanto el vocabulairo y la forma en la que esta escrita. o.., mas acorde a lo que escribiste: fueron tus palabras, desprejuiciadas de tiempo, las que conmovieron mi espiritu inquieto

    Salud!

    • Gracias Marco. Aquí es donde uno se da cuenta que todo escrito tiene su lector y lo encuentra. Estos espacios son propicios para cultivar lectores. esperemos que sigan leyendo lo que posteo sin defraudarlos.

  12. Sin duda alguna, has echo que me recuerde a la literatura de siglos pasados, dulce, delicada y sobria. Enhorabuena !! Me he imaginado a Don Juan, famoso amigo mío jajaja acostado en la cama reflexionando sobre su mas preciado vicio. Muchos besos!!

  13. Gracias Raquel. Todos los comentarios sobre este clásico personaje son reconfortantes. Tambien besos.

  14. A veces el sonido del amor es el martillo… muy buen texto. Espero seguir leyéndote por aquí.
    Saludos

    • Buen comentario, Carlos. El sonido del amor es el martillo. Agudo. Igual espero seguir teniendo tu visita por aquí y leerte también. Saludos.

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