Un galán de Pata Negra
Los_Calvos_y_el_Corazon_3

Marcelo de cuarenta y tres años, con una alopecia galopante y bien entrado en carnes, apenas si podía dar crédito a lo que estaba pasando delante de él. Aquella mujer, mejor dicho, aquella afrodita con cuerpo de guitarra y voz en clave de Sol le estaba ofreciendo 300 euros por irse, en ese mismo instante, a la cama.

Trescientos euros y me haces un completo… chulazole insistía la bella dama.

Marcelo estaba en paro desde hacía tres años y vivía con su madre viuda en el barrio de Carabanchel. Marcelo tuvo una novia de joven y no había vuelto a yacer con mujer desde entonces. El amor propio es algo muy eficaz para quitarte la mala leche pero después de diez largos años sin meter en caliente uno se replantea le vida… o se va a un monasterio a orar o cambia de tendencias sexuales. Marcelo estaba al borde de ese delicado precipicio cuando pasó aquello.

—¿Me toma el pelo señorita?— dijo Marcelo mientras miraba a su alrededor escandalizado de lo que aquella ninfa le proponía.

—De acuerdo, quieres regatear ¿verdad? El dinero no es problema… ¿cuánto quieres?— Sacó un cigarro de su pitillera y lo encendió nerviosa—. Mira, no he hecho esto nunca… no me lo pongas más difícil —parecía contrariada.

—Perdóneme señorita, no tengo intención de ponerle los puntos sobre las íes, pero me reconocerá que todo esto es algo extraño… —dos gotas de sudor le caían por la sien derecha mientras se mesaba la barbilla sin dejar de mirar, calle arriba primero y calle abajo después, buscando alguna señal que desmintiese aquella supuesta farsa.

Fue necesario que la bella mujer le diese el dinero por adelantado, para que con mucha prudencia, Marcelo la acompañese al hostal donde sobradamente se ganó lo pactado más una generosa propina por méritos honoríficos e incursión en territorio enemigo.

Al día siguiente, mientras esperaba a su madre a la salida del médico se le acercó un hombre de mediana edad haciéndole proposiciones deshonestas a cambio de vil metal.

—Perdone caballero, solo atiendo a señoritas —se escuchó decir con soltura, como de repente encontrándose bien en su papel, como dando por hecho que él era quien el otro creía—. Señoritas no mayores de 35puntualizó Marcelo con una sonrisa.

El otro ruborizado y utilizando una disculpa breve se marchó calle abajo a grandes zancadas. Mientras veía como aquel tipo se iba no pudo reprimir susurrar la palabra vicioso a la vez que movía la cabeza a ambos lados.

Ese mismo día mientras recogía un paquete en correos se cruzó con una joven de veinte años que le guiñó un ojo y le hizo un gesto obsceno con la lengua mientras pasaba a su lado. Cuál fue su sorpresa cuando la jovencita le estaba esperando a la salida y tras ofrecerle la generosa suma de 400 euros, todos sus ahorros, le proponía un encuentro sexual sin compromiso de por medio.

Y así fueron pasando los días. Marcelo no podía salir a la calle sin recibir alguna propuesta económica, sin ver cómo su cartera engordaba semana tras semana. En dos meses se compró un coche, diez trajes, veinte pares de zapatos y una cofia para su madre. En seis meses era propietario de dos pisos en el barrio de Chamberí, invertía activamente en bolsa y jugaba al golf en Vallehermoso. Y lo más importante… no se sentía sucio. Fue entonces cuando una día, mientras recogía unos Cohiba importados, pasó al lado de un espejo y se vio la calva, el cartón, el blanco tapete bajo los escasos y finos filamentos. Bajó la mirada a su inflamada barriga, que más bien parecía un embarazo y tomó la decisión… había que ponerle remedio a aquello… al fin y al cabo, él vivía de su físico.

En las clínicas “Esbeltior” le injertaron una mata de pelo que envidia daría a Curro Jiménez cuando lo era. Después del balón intragástrico y las liposucciones varias, sobre su abdomen se hubieran podido planchar camisas de licra. La sesión de rayos uva le dio un aire a galán de telenovela de sobremesa y digestión pesada.

Para cuando salió de la clínica estaba hecho un Adonis, se podía haber quitado diez años fácilmente. Cuando llegó a casa de su madre, esta se negó a abrirle la puerta.

—No está mi hijo, pero llegará pronto —le dijo desde detrás de la puerta mientras le observaba por la mirilla.

Por primera vez en mucho tiempo Marcelo se gustaba a sí mismo.

Emprendió el camino hacia su esquina habitual donde ejercía la prostitución. A las dos horas sin clientela se empezó a poner inquieto. A las cuatro horas se plantaba de un salto delante las mujeres cortándoles el paso mientras les decía ¡Cien por cien ibérico! ¡Auténtico macho español! A las seis horas se sentó en un banco y se apretó dos cajetillas de tabaco mientras se hurgaba la nariz.

Al día siguiente el horror se repitió y a la semana las cosas empezaron a caer en picado. Descendió la clientela significativamente, las acciones en bolsa quebraron, el sol se oscureció mientras el cielo se caía sobre su cabeza.

En dos meses tuvo que vender el coche y los pisos para pagarse las sesiones de bronceado, tapar los agujeros de las acciones y pagar el agua con la que riegan el campo de golf de Vallehermoso. En tres meses, hacía más de uno que no tenía encuentros y cuando se cruzaba con alguna antigua clienta, esta torcía el gesto. No solo despreciaba al nuevo Marcelo, sino además no parecía tener el menor recuerdo de él.

Marcelo hoy es uno más entre otro de tantos y ninguna mujer compra su amor.

La moraleja de este cuento es bien sencilla:

Si un día te levantas por la mañana y abriendo la puerta ves que te ha venido Dios a ver… alma de cántaro, no quieras ser mejor, solo sé tu mismo.

 

14 Comentarios
14 Comentarios
  1. ¡Felipe, el comienzo es buenísimo! Me ha cautivado lo de “me haces un completo… chulazo!” jajajajajaja.

  2. Si el principio es un conflicto que alude a lo insólito. Por eso se sostiene hasta el final…que no es tan novedoso. Gracias.

  3. “El amor propio es algo muy eficaz para quitarte la mala leche pero después de diez largos años sin meter en caliente uno se replantea le vida… o se va a un monasterio a orar o cambia de tendencias sexuales.” Madre mia qué buena frase!!!!
    Tienes algo, Felipón, un don. No es facil arrancarle una sonrrisa a uno en estos días de mierda!
    Me gusta leerte y por cierto, con total sinceridad, Falsaria te ha hecho mejor. Escribes cada día mejor, tienes un estilo propio (lo más dificil) y se ve que lo difrutas!! Gracias!!

  4. Yo también creo que tu escritura ha mejorado muchísimo. Se nota más frescura… más arte. Muchas gracias por colaborar con nosotros.

  5. Estoy de acuerdo con vosotros, Falsaria es un magnifico soporte para autores que deseen mejorar y tomar buenos hábitos narrativos.

  6. JEjeje guapo guapo el cuento. Me gusta mucho el giro que da. Muy buena reflexión final.

  7. Oye en general : felicitaciones a quien ilustra los cuentos, las fotos me parecen apropiadisimas.

  8. Plas, plas, plas, plas, plas. ¡Grande, grande! M’ancantao figura.

  9. Estoy de acuerdo con el comentario de Paloma: ese “…chulazo” es antológico. Me encanta tu sentido del humor. Explótalo, porque es una mina.

  10. Me recuerda a un compañero de taller que escribía como hablaba. Y bien se sabe que es una de las artes más difíciles. Se mantiene la atención, el interés. Muy distinto a lo que acostumbro a leer, por eso es refrescante. Saludos.

  11. Muy bueno! a mi me encanto! Me quede con ganas quizas de mas peripecias sexuales o de ver algun tinte de realismo magico. Me lo imaginaba que iba para otro lado el cuento, pero el final me gusto igual. Bien ahi! a pleno.
    Salud!

    • Marcof muchas gracias! Al principio pensé en desarrollarlo un poco más y era la idea. El problema al que le doy vueltas desde que publico en este medio, es el siguiente: A veces me da por pensar que un texto muy extenso se sostiene peor que otro un poco más breve. Que el lector de novelas(libros) no es el mismo que el de Internet, aunque ambos seamos el mismo. Lo que quiero decir es que la literatura que se consume por la red es más rápida, se fagocita de otra forma…la red es amplia y hay mucho que mirar, en la decisión de donde detenernos a veces tiene mucho que ver con la calidad de lo que leemos y otra la amplitud del texto. No se coincidirás conmigo y abriría un debate en torno a esto, animando a la gente a participar.
      De nuevo gracias por el comentario, esto es alimento fresco para seguir con esta larga y gran afición.

  12. tenes razon fipo. Hay que hacer los textos cortitos y al pie. Bienaventurados aquellos que puedan leer mucho a traves de un monitor de pc.

    salud!

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