Sus pechos eran enormes ante mis ojos. Nunca los quise tocar, solo observar. Débiles sobre su ombligo, danzaban, desorientados con una inevitable gravedad. Su nariz afilada siempre provocaba cosquillas al acariciarme el vello. Iba y venía como el aliento agotado del ser humano. Mis calcetines blancos de algodón ardían sobre mis pies. Nunca hubo una pausa que los arrancara. El resto era todo desnudez. La suya, a veces también. Su pubis desierto era un deshielo veloz cuando desfilaban obligados mis labios. El olor inundaba la habitación, y al respirar su recuerdo, las noches pasadas abofetearon interminables en mi cerebro. Aferré con fuerza la evidente soledad, cerré los ojos, aceleré con rabia y nunca quise detener el placer. Mordí mis dientes, estrangulé mi piel y arroyé sin freno. Luz en el vacío de la oscuridad. Descontroladas gotas de mi piel. Y allí, entre la sombra, sus zapatillas viejas como único recuerdo.
Sueño con lo que tuve porque, tal vez, hoy, es una utopía inalcanzable recuperarte. Caprichoso ser humano que ignora lo que toca y adora lo que nunca alcanzará.
Duele el brazo que sujeta el bolso por el peso desproporcionado. Nadie puede ir con la vida a cuestas. Pesa. Manchan tus labios porque el dinero nada maquilla. Molestan los absurdos reproches porque se alimentan irascibles de una dieta que ya apenas ofrece esconderme dentro de ti. Olvidaste desabotonar, olvidé desfilar, y al despertar, a los dos nos dolía mirar.
Nadie bebe sin probar. La acera desarmada nos hizo tropezar. Una vez más. La noche escuece al amanecer. La música desafina, repetida en el vinilo, una y otra vez. Lo olvidé apagar. De nada sirven los posos del café. De nada sirve buscar en ti el semen que escapo de mí. Abrázame al menos… Hay una mirada distinta sobre la almohada. Late un miedo aterrado en los recovecos de mi corazón.
No importa la desesperación. El amor vende cara la derrota. Las pequeñas heridas las sutura el sexo fugaz. La cirugía es la necesidad de amanecer acompañado. Somos un nudo que nadie desanuda. Faltan tijeras y más valor. La costumbre camina invencible. Sin límite de velocidad por un carril que nadie cree capaz de descarrilar. Y, sin embargo, un día la curva exige frenar, y no pisamos, y el riesgo crece, y el equilibrio desaparece, y tras pestañear, duele el accidente. Heridas sin cura, latidos débiles y la muerte irremediable. Miradas como flechas, que sin palabras, dicen adiós.
Las zapatillas viejas, las suyas, hoy permanecen intactas en la esquina. Bajo las sábanas, bajo el error, bajo la casa; la nuestra; la tuya; después la mía. La vida distante, corriendo veloz en busca de destinos opuestos. Y sin embargo, al correr, nos ata el cuerpo. Ella, menuda, despreocupada, sonriente, despertándome, y susurrando, sin dientes, al oído, “papá”.
CxF


dannieldiez
Debido a que no coloco los relatos completos, os recomiendo que si deseáis, la lectura continúa aquí: http://lacomunidad.elpais.com/danieldiez/2011/4/8/zapatillas-viejas
Nicolas
Uf, qué pena, pues entonces na!
Saludos
dannieldiez
Gracias, Nicolás. La pena es compañera de viaje, a veces…
TAIKU TAO
Genial el fragmento y doblemente genial el relato completo.
Tonibe
Me gusta este relato, muy bien…
Tonibe
Me gusta. Muy bien
diloumafuag
Muy bueno el relato.
Eso sí, acá la idea es compartir, no hacerse promoción.
Saludos
dannieldiez
Muchas gracias! Me alegra saber que te gustó.
Pedirte disculpas si tuviste que irte a mi blog origen para leer el relato, soy nuevo y desconocía el funcionamiento de Falsaria.
No obstante, hablar de promoción de algo gratuito y de lo que yo saco beneficio cero no lo veo acertado. Pero tratare de ser mas altruista.
Un saludo!!
diloumafuag
Lo de “promoción” no era con tono peyorativo. Todos tenemos blogs o participamos de instancias que son, generalmente, gratuitas. La idea de Falsaria es ser una red social literaria en sí misma.
Un abrazo desde Chile y quedo a la espera de tu siguiente relato.
Silvia
el cuento zapatillas viejas me encanto resulta sorprendente y cargado de poesia buenisimo!!!!!!!!!!!
dannieldiez
Gracias, Silvia.
Lo dicho, y redicho, un placer tenerte como lectora.
Un saludo y un abrazo enorme!!
Carmen
Genial.
Elena Saavedra
Menuda foto! Me hecho un poco para atrás, pero mereció la pena leer el relat sin duda
dannieldiez
Gracias, Elena!!
La foto es un cuadro de Lucian Freud!!
Y el texto, mío, en un momento de poca lucidez… Jeje!!
Saludo!!
Alba2491
Un texto con mucha belleza. Me encanta cuando la melancolía se mantiene de principio a final con tanta dureza. Un gusto!