Miro el suelo bajo mis pies; pierdo la noción del tiempo, del espacio, de la vida, durante un buen rato. Siete pájaros azules atraviesan la frontera que divide mi razón en dos. Hoy no es Lunes; ni me he levantado con el pie izquierdo; todo apunta a día perdido. Un gato negro usurpa mi ventana, me mira y se relame. Salgo de ese minuto crucial que marca el resto del día. ¿Has venido a por Sue?, pienso mientras lo miro y afirmo con mi cabeza. Sue, la gata gris de mi vecino, ya esta junto a él. Miro de nuevo al suelo; el parquet no es más que un abismo sin final, decido caer al vacío. Mientras, el cuerpo donde habito desde hace poco más de una treintena, se ha sumergido en la rutina diaria, rutina disparada a golpe de despertador, una ducha y al trabajo. Me digo adiós desde el balcón, pero no me contesta. El resto de la calle es una reproducción de mi fachada. Sueños con la mano alzada diciendo adiós a su creador, día tras día.
15 ene 2012
5 Comentarios


Saludos Sol Maya.
Encuentro en tu relato muchas cosas que invitan a la reflexión.
Si te sirve mi modesta opinión, te animo a que sigas escribiendo.
Gracias por compartirlo con todos nosotros.
Un abrazo cordial
Gracias a ti por leerlo Juan, por supuesto que me sirve tú opinión
Muy interesante el relato por las imágenes que evocas y el cuadro que creas en la mente del lector. Saludos desde Brasília.
Hola Rosemarie, me alegra que comentéis porque me sirve de guía para lo próximo que escriba
Reconozco ese “paseo circular”… a veces yo también escribo sobre él y me gusta llamarlo “mi espiral infinita”.