Sentada ahora en ese café, que en otro momento fue escenario, revivo aquellos momentos de días pasados.
Saboreo la sonrisa burlona, que aparece en la comisura de mis labios. Cuando recuerdo aquel instante en que los nervios me embargaban y la alegría iluminaba mi cara.
Fue en ese instante, pegada a esa valla. Cuando tomé conciencia de que la vida, había pasado deprisa, de que había dejado esos diez años desde el último encuentro, a mis espaldas.
Iba a estar allí, justo a un metro de distancia. Iba a cumplir mi sueño de verle tan cerca. Y sin embargo no esperaba nada más que poder tirarle una buena foto.
En los primero acordes de su guitarra, me quedé mirando fijamente esos ojos cristalinos que brillaban tras el micrófono. Sentí cada frase, cada palabra, como si saliera de mis propios labios, como si fuera la última vez que fuera a disfrutar de ellas.
Fue así como sin buscarlo, sin quererlo, sus ojos se posaron en los míos y la sorpresa creo ese recuerdo imborrable, del momento mágico.
Una mirada de gratitud, que hizo que todo alrededor se borrara y fuera el momento más feliz de mi vida.
23 mar 2012
6 Comentarios


Soraya, estoy de acuerdo contigo: los recuerdos logran que volvamos a la felicidad, perdida, muchas veces, por la pesada cotidianidad. Recordar… qué hermoso…
Gracias por lo que hoy has publicado.
Volivar
Gracias a ti por leerme de nuevo. Un abrazo inmenso Volivar!!
FELICIDADES SORAYA, ME HA GUSTADO TU MICRO, UN ABRAZO, ESPERO SEGUIR LEYÉNDOTE.
NATALIA
!!Muchas gracias Natalia!! aquí estaremos. !Un abrazo!
Muy bonito relato que transmite esa íntima satisfacción de una forma muy clara. Felicidades Soraya, gracias por compartirlo.
Muchas gracias Pedro, me alegro que te haya gustado!!. Nos leemos. Un saludo.