La desafiable, la trascendente, nido de polución hermosa y desventuras azarosas. Valle rebosante de incertidumbre, vívido, sangrante y curtido por anécdotas volantes infinitas. La bala que se dispara una y otra vez, el proyectil que en los noventa arrebataba Nikes y ahora va de frente por tu BlackBerry. Vértigo infinito expuesto en el pulso de una caleta nunca segura. El hambre de los pacos y un quince-y-último que necesita rebuscarse. El giro descarado. La doble moral de los ovarios poli quísticos y la amoralidad de los sin-ovarios. La ciudad que aspira mucho, la que se inyecta y auto medica libremente; la que sufre sus depresiones con la mente distraída a propósito. Luto siempre vigente, nos hacemos invisibles y construimos artesanías maravillosas. Caracas es arrabalera, desconfiada y sigilosa. Cuanto te amamos, perra. Alimentas a tus hijos con psicodelia y los coges con los ojos vendados. Toca jalar de tu culo y aprehenderte. Toca moverse rápido y ser letal. Desde tu oscuridad nos confeccionas un traje único; vestimenta perfecta para conmemorar tus desgracias. Caracas, en tu soledad confío porque de tu bruma me hice. Caracas, soy una puta, cara, pero de tus calles a fin de cuentas.


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El equipo de Falsaria
Cuanta garra. Me gustó la renuncia a los lugares comunes y al lirismo emotivo sin llegar a caer en lo maldito. Me parece en el punto justo, es curioso pero se palpa el enamoramiento. Un abrazo.
Muchas gracias, Alba. De Caracas soy y la intención es hacer el retrato que se merece la ciudad; uno sucio y paradójico-hermoso. ¡Abrazo!