Acuerdo entre el Bien y el Mal

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En un cuarto cerrado, sin puertas ni ventanas, se encontraban el Bien y el Mal. Sentados en la mesa de roble que acostumbraban, dividida en dos por aspectos desiguales, como lo es la suciedad y lo pulcro; debatían, como otras veces, sobre las decisiones que debían tomar en el mundo.

El lado izquierdo de la mesa rectangular, en donde el Bien callaba, tenía un aspecto nefasto, oscuro, de colores grises y opacos; justo en la mitad de la mesa el aspecto cambiaba por uno pulcro e inofensivo, de ese lado, estaba sentado el Mal. Detrás del Mal, las paredes del cuarto sufrían una combinación muy extraña del color blanco y gotas de pintura negra que creaban formas reconocibles y otras innombrables, que se perdían en solo segundos e instantes. En medio del cuarto, la apariencia de podredumbre y oscuridad rodeaba al Bien; aquí el color que reinaban era el negro, y el color intruso, eran pequeños hilos blancos que dibujaban lentamente las mismas figuras que se dibujaban en la pared detrás del Mal; ambos vestían de smoking, la única diferencia era que el Bien tenía uno blanco, y el Mal por su parte uno negro; como se los clasificó prejuiciosamente durante milenios: el Bien blanco, el Mal negro.

—Buenos días —se dirigió el Bien al Mal, con mucho respeto.

-Hola, ¡tanto tiempo!-, contestó el Mal tomando de las manos al Bien;- ya te extrañaba mi compañero de existencia-. El bien le sonrió.

- Sinceramente, si el equilibrio del mundo no dependiera de su existencia, me encantaría que desapareciera-. El Mal empezó a reír a carcajadas y soltó las manos del Bien.

- ¡Es verdad! Después de todo yo tambíen te mataría. Hace ya mucho, porla EdadCretácica, que tu rostro me insita a hacer alguna de las mías. Pero bueno, éste es nuestro trabajo, o mejor dicho, nuestro deber.

-Yo nunca dije que quisiera matarlo, sólo le conté sobre mi reflexión sobre su supuesta desaparición,- el bien se puso serio y volvió a hablar;- Si lo matara, o usted a mí, todo se perdería porque yo tambíen moriría -; el Mal se cruzó de brazos y se apoyó en el respaldo de la su silla; que al igual que el lado de su mesa, era de un blanco penetrante.

-Y eso pasaría porque los dos somos uno, pero a la vez no, ¿no es cierto?- Esbozó serio el Mal.

-Exacto, mi querido amigo. En mí, hay una parte suya, y en usted, una parte mía. Es muy complicado tomar decisiones, ya que siempre tengo que hablar con usted para llevar a cabo tal y tal acción.- Respondió el Bien, apoyando ambos codos sobre la mesa, mientras miraba fijamente al Mal.

-A mí tampoco me agrada el sistema que fue establecido desdela Creación, es decir, ¡soy el mal!, tendría que estar causando caos y destrucción por doquier; tendría que estar depravando a las masas, para volverlos perros insaciables de sangre, pero no puedo, por la culpa de tu existencia en mí ¿Alguna vez probaste salvar a alguien por tu cuenta sin tener que consultarlo conmigo?- Le preguntó al Bien, enojado por su impotencia ante las reglas de la existencia, y el equilibrio establecido.

-No, nunca pude hacer algo, a menos de que antes lo hable contigo; es muy cierto lo que dice, yo podría de un sopetón salvar millones de vidas, y parar billones de guerras, pero no puedo; su yo, que habita en mí, me lo impide; como le pasa a usted mi querido compañero.- Admitió el Bien para que el Mal pudiera aclarar sus dudas.

El silencio se adueñó del cuarto. Los dos callaron instantáneamente. El Mal habló:

-Tenemos que aclarar el tema que nos concierne hoy, algo bastante pesado por cierto.-

El Bien dijo:

-Tiene razón, entonces ¿de qué se quiere encargar?-. El Mal se acarició la pera por un momento, pensando cual sería el trabajo que más le convendría realizar.

-Yo me voy a encargar de las miles de muertes, tanto de la primera oleada como de la segunda…- El Bien interrumpió.

-¿Piensa aniquilar a todos?-. Le preguntó confundido.

-Aunque quiera, no puedo, porque aún sigo teniendo algo de Bien en mi interior, así qué tranquilo, no te me alteres-. Le aclaró entre risas, y con una sonrisa maniática.

-De acuerdo, entonces me encargaré de brindar felicidad a aquellos qué, con mucho esfuerzo y sufrimiento, han conseguido la victoria, aunque también les brindaré lágrimas y horror a aquellos que sobrevivan de sus manos.- El Bien le sonrió.

-Me parece justo.- Esbozó mientras se paraba delante de la mesa extendiendo la mano hacia su compañero. El Bien copió las acciones del Mal, y dijo:

-A mí no, pero es algo inevitable, estas cosas tienen que pasar.- El bien no sonrió, tomó la mano del mal cerrando el trato. Ambos se desvanecieron, dejando el cuarto vacío, con la ausencia rigiendo las paredes; la mesa; y las sillas.

El 6 de Agosto de 1945, la Segunda Guerra mundial había llegado a su fin, con el lanzamiento de una nueva arma de destrucción masiva; la bomba atómica. La nueva arma brindó una nueva estrategia a Estados Unidos, para acelerar el final de la ya tediosa e inestable guerra. La primera bomba nuclear fue lanzada sobre la ciudad de Hiroshima, Japón, dejando un saldo de 300.000 fallecidos en total, y una cantidad innumerable de personas afectadas por la radiación, luego de la explosión. La segunda Bomba Atómica, lanzada el 9 de Agosto del mismo año en la ciudad de Nagasaki, fue el paso decisivo para la rendición del país asiático…; la lectura del bien fue interrumpida en este punto. No pudo leer en totalidad, la huella histórica que habían dejado él y el mal.

-Al fin todo rastro de tu cuerpo ha desaparecido de mí. Ya no estoy atado a tu moralidad, ni a tus juegos de chico bueno. Desde ahora, mi palabra será la ley.- Dijo el Mal, quien había comenzado su reinado en la tierra con una muerte.

 

Comentarios

  1. Luna.de.lobos

    8 noviembre, 2011

    Cuando das los datos de la 2ª Guerra Mundial, te sobrecoges. ¿Cómo el bien ha podido participar en esto?
    Muy buen final
    Un abrazo!

    • Fran

      9 noviembre, 2011

      ¡Muchas gracias!, me alegro que lo hayas disfrutado. 🙂

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