Miguel Cornejo de la Fuente, la sencillez de las ideas

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La frase: «Cada persona ha de cohabitar e interrelacionarse con lugares y personas, y dependiendo del ambiente en el que uno se mueva, tiene una percepción distinta de la ciudad» fue, aunque no de un modo cronológico, el punto de partida para inciar una charla con Miguel Cornejo de la Fuente sobre Transilvania, su primera novela. A la contundencia e inteligencia de sus respuestas, Miguel le agrega una percepción contemporánea de la realidad, de su ciudad y del arte. De modo que no hace falta aclarar el placer que nos ha dado reunirnos y comentar, detalladamente, todo aquello que reune Transilvania y que compone una obra interesante. Una entrevista recomendada para todos aquellos jóvenes escritores que han perdido la fe en publicar (las experiencias ajenas siempre son gratificantes). Con ustedes, Miguel Cornejo de la Fuente.

 

Antes que nada, cuéntanos qué encontrará el lector al leer Transilvania

A pesar del título, no se va a encontrar con una novela de terror. Transilvania es la historia de un joven licenciado en Historia del Arte que, como tantos jóvenes de hoy, no encuentra empleo, ni de su especialidad, ni de los que requieren menos formación. La novela nos cuenta su día a día, su búsqueda de trabajo, el que sea, sus relaciones, tanto amistosas como amorosas, y el lento desgaste que los sinsabores van causando en su ánimo.

Y también va a encontrar mucho rock’n roll.

 

Uno de los ámbitos de debate sobre literatura es lo referente a la inexplicable falta de temas relacionados con la crisis en España (y que, sobre todo, perjudica a los jóvenes). Sin embargo, aquí está Transilvania. ¿Qué te movilizó a escoger este tema como argumento central?

Se dieron una confluencia de circunstancias. Tenía en mente la idea difusa de que, algún día, me gustaría escribir algo sobre mi ciudad. Un sábado, leyendo un artículo sobre una película en Babelia, que no mencionaré para no dar pistas de por dónde va el argumento, me vino la idea de tomar la versión simplificada del argumento de la susodicha película y trasladarla al momento actual, en mi ciudad.

Para ello, necesitaba un personaje central que tuviera ciertas características coincidentes con el protagonista de la película, aunque luego tuviera personalidad propia. Me di cuenta de que un joven licenciado en paro y sus frustraciones era ideal. Servía para el desarrollo de la trama, y cumplía otros dos propósitos, el de dar voz literaria a la generación joven que se ha visto forzada al exilio, al infraempleo y al paro (al menos, en el aspecto laboral, hay otros temas con los que quizá esta generación no empatice), y ayudar a canalizar mis propias frustraciones, librándome del enquistamiento de mi propia situación personal. Escribir Transilvania ha sido el empujón para cumplir el sueño de ser escritor, y dar un sentido a mi vida, que no avanzaba en ninguna dirección.

Me di cuenta de que un joven licenciado en paro y sus frustraciones era ideal

 

Otro de los ejes de Transilvania es tu ciudad natal, Valladolid que incluso, por momentos, parece ser un sujeto narrativo más. ¿Puedes contarnos por qué Transilvania (alter ego de Valladolid) está tan presente y es esencial para entender la novela?

Hay que decir que, aunque la novela se llame así, Valladolid aparece mencionada por el protagonista con su nombre. Solo se parece a Transilvania en ocasiones.

El lugar donde uno vive no es un sitio neutral. Cada persona ha de cohabitar e interrelacionarse con lugares y personas, y dependiendo del ambiente en el que uno se mueva, tiene una percepción distinta de la ciudad. Esas relaciones marcan al protagonista, frustrado por lo que considera una ciudad anticuada, incluso clasista, por el comportamiento hacia él de algunos habitantes (por fortuna, no todos). También está el componente estético, muy marcado en alguien que adora la Historia del Arte. Valladolid no es una ciudad espectacular, pero sí tiene algunos rincones vistosos, que han de convivir con otros que prácticamente se caen a pedazos. Es algo que disgusta al protagonista, pero no tanto como algunas de las remodelaciones que han sufrido algunos edificios, convertidos en estructuras feas y anodinas que rompen el paisaje urbano. Quizá para otras personas no sea tan importante, pero para él, enamorado del arte, le irrita sobremanera.

Las diferencias entre distintas partes de una ciudad no es un fenómeno local, sino algo observable en el mundo. Me pasó en Gante o en Alcalá de Henares: el casco histórico es precioso, la periferia no. No es lo mismo moverse e interactuar en uno u otro. Donde mejor se refleja esta dicotomía es, para mi gusto, en The Wire. En Baltimore conviven las zonas marginales donde se vende droga, con el centro de la ciudad, donde se toman todas las decisiones que afectan a la misma. Un personaje como Jimmy McNulty se mueve entre un bar de barrio como el Kavanagh y los hoteles de lujo donde tiene sus encuentros con uno de sus ligues. Y eso fuera del ámbito laboral. Sin duda, esta serie ha sido gran influencia a la hora de plasmar estas diferencias en mi novela.

 

Otro de los aciertos de Transilvania es su ritmo narrativo: ágil, dinámica, no parece sobrarle nada, lo que la asimila, en parte, a lo mejor de la tradición norteamericana (de la que tú, por otra parte, tienes un máster). ¿Siempre tuviste claro que esa era la fórmula para que el lector no pierda atención o nace de forma espontánea?

No creo que sea del todo espontáneo. Este estilo es el que más me gusta, el que más leo, así que es normal que, consciente o inconscientemente, lo haya intentado plasmar en la novela. Creo que desde la idea más elevada al pensamiento más profundo pueden ser expresadas con sencillez. En eso, mi maestro es George Orwell, aunque él sea británico y yo tenga más apego, como dices, a la tradición norteamericana.

Lo que sí es consciente es seguir un consejo de Stephen King, un referente de mi adolescencia, al que he vuelto gracias al buen nivel de sus últimas novelas. En su libro mitad autobiográfico, mitad manual de escritura, Mientras Escribo, King dice que en la primera versión hay que poner todo lo que a uno se le ocurra, para después reelaborarlo en borradores posteriores, eliminando lo superfluo y centrándose en contar bien la historia. King cita a Elmore Leonard, quien decía que quitaba las partes aburridas. Así hice yo, eliminando toda anécdota poco relevante o repetitiva, o que no aportaba nada a la historia.

Hay que tener en cuenta que no todo son recortes. Cuando envié el borrador a varios conocidos para que lo criticaran, hubo varios que apuntaron a que el final no estaba bien desarrollado, así que tuve que añadir varias escenas para que la evolución del personaje fuera más clara. Al final, la versión que he publicado es bastante más larga que el borrador original.

King dice que en la primera versión hay que poner todo lo que a uno se le ocurra, para después reelaborarlo en borradores posteriores, eliminando lo superfluo

 

Transilvania parece, en mi opinión, estar construida por bloques antagónicos, algo así como una relación dialéctica entre Eros y Thanatos (pulsión de vida y de muerte). Que se da en la relación del personaje con sus pares, la relación del protagonista con su ciudad, con sus aspiraciones, con la sociedad, etc. ¿Hacia dónde apunta exactamente esa dicotomía?

A que el ser humano se guía mucho por dualidades contrapuestas, y pasa de un extremo a otro con facilidad, a pesar de que seamos seres más complejos de lo que apunta esta afirmación. Se suele decir que hay una línea muy fina entre el amor y el odio. El protagonista, debido a su forma de ser y a su situación personal, camina en esa línea, tan pronto del lado de eros como del de tánatos. Es bastante extremista, a pesar de que en un momento dado diga que lo ideal es encontrar el término medio para todo. También tiene un problema a la hora de controlar sus impulsos, a pesar de que lo intente. Sus vivencias van erosionando su capacidad de control, su ánimo, e incluso su propio raciocinio. Se va viendo empujado hacia uno de los extremos, y resistirse o sucumbir será su batalla a lo largo de la historia.

Creo que las personas en general nos vemos enfrentadas a este tipo de situaciones de estrés, y no todo el mundo tiene la misma capacidad de superarla, ya sea por su propia naturaleza, o por dejarse arrastras por la negatividad, consciente, o inconscientemente.

 

Por lo demás, y en este sentido, me gusta la sensación constante (explícita e implícita) de violencia. Me sugiere aquella idea, ya un poco olvidada, en la cual la sociedad contemporánea se asienta sobre el engaño: suponer que realmente todos somos iguales o dicho de otra forma: que todos tenemos las mismas oportunidades. ¿Hay algo de eso? ¿Tienes esa misma sensación de ruptura con el engaño al plantear la violencia de forma natural?

Ante esta pregunta hay que hilar muy fino. Nos guste o no, el ser humano es violento. Durante siglos, los conflictos se han resuelto con violencia, y aunque por fortuna vivimos una época en la que las guerras han disminuido, aunque sigamos teniendo varias por todo el planeta. Pero la violencia nos rodea, no hay más que mirar las noticias o leer la prensa. También está muy presente en la ficción. De nuevo se nos plantea una dicotomía: tenemos que ser capaces de controlar esa violencia innata, que algunos sienten en mayor medida que otros, para poder convivir civilizadamente, pero al mismo tiempo liberarla de un modo u otro, para que no se acumule y acabe con un estallido desastroso. Es a una de las cosas a las que se enfrenta el protagonista.

En cuanto a vivir en una sociedad del engaño, no lo hice con esa intención, al menos conscientemente. Sí es cierto que vivimos en una sociedad donde la igualdad de las personas es más teórica que real. Las leyes se hicieron para todos por igual, para evitar que se repitieran los abusos sociales de épocas pasadas, lo cual es un gran avance, sin duda. Pero a la hora de la verdad, pregúntale a familias de pocos recursos si son iguales que otros para conseguir mandar a sus hijos a la universidad. O en caso de un juicio, si pueden permitirse la misma justicia que un rico.

También es cierto que cada uno tiene sus propias capacidades, pro lo que nos hace distintos entre nosotros. Yo no tengo las misma comprensión de las matemáticas que un astrofísico. En cambio, una vez admiraron mi capacidad de leer novelas de mil páginas, confesándome la persona que me alababa que él era incapaz. Basta heredar unos genes, o que éstos sufran una alteración, o crecer en un tipo de ambiente determinado, para que sigamos sin ser iguales.

Sin embargo, lo que yo quería plantear con la cuestión de la violencia son dos cosas: ¿pueden las circunstancias romper la estabilidad mental de una persona normal, haciendo que las consecuencias sean impredecibles? Y en caso afirmativo, ¿cuánta predisposición genética tiene dicha persona? Me atrae el tema de la psicopatía, y, según los estudios, ambos factores (genética y ambiente) tienen su importancia a la hora de estudiar el comportamiento de los psicópatas. Claro que todo esto no aparece explícitamente en Transilvania.

 

¿Hasta qué punto la ficción puede construir un tipo de conciencia social capaz de romper el engaño del que hablábamos?

La verdad es que no lo sé. Lo que a todo escritor le gustaría es que su obra sirva para cambiar la sociedad a mejor, pero ese cambio tiene que venir de las personas: si ellas no están dispuestas a promover activamente esos cambios, la ficción no sirve más que para ilustrar ciertos fenómenos, como puede ser éste. Volviendo al ejemplo de The Wire, no creo que la serie haya cambiado mucho la fisonomía de Baltimore. Igual que no creo que En la Orilla, de Chirbes, haya cambiado muchas conciencias respecto de la crisis.

 

Si me permites, en otro orden de cosas, me gustaría que nos cuentes cómo fue el proceso creativo de Transilvania

Empezó la víspera de San Patricio de 2013, que fue cuando se me ocurrió la idea que citaba arriba. Lo recuerdo bien porque se unió a cierto cambio trascendental en mi vida de pareja, que ambos comentamos al día siguiente, pinta de Guinness en mano, tanto el cambio trascendental como mi idea. Al principio sólo me limité a ir tomando notas de posibles lugares donde ambientar escenas de la novela, y escribiendo algún fragmento que otro. No fue hasta julio cuando me decidí a empezar en serio. He escrito en la biblioteca municipal, para evitarme distracciones en casa, aunque allí también las he encontrado. Pero me distraigo con facilidad. Además, soy lento escribiendo. A finales de octubre estaba listo el primer borrador. Pero el proceso se alargó, porque mis primeros lectores (familia y amigos) tenían su vida propia, y tomaron el proceso con responsabilidad y calma. Luego se me sugirió una corrección ortotipográfica, y de ahí, la revisión y ampliación del texto, en marzo de este año. En abril terminé y volví a enviar el borrador en busca de nuevas correcciones. A finales de mayo el borrador estaba listo, y una vez terminados los trámites legales, salió el 11 de julio a la venta.

 

¿Cuáles son tus referentes literarios? Como dijimos, la novela está impregnada de la buena literatura norteamericana. ¿Hay alguien específicamente que te haya servido de inspiración?

Sin duda, el género negro en general. Me gusta la forma de narrar, sencilla, directa, descarnada, áspera. No hay tiempo para florituras, o para las justas. Entran a cuchillo, y no te sueltan hasta el final. Es cierto que, en general, he tendido hacia la ficción norteamericana, tanto por gusto propio como por mis estudios, luego con el tiempo he ido diversificando y ampliando lecturas. Pero los que más me gustan, en general son los narradores norteamericanos, desde Chandler y Hammett a Michael Connelly, pasando por James Ellroy.

Pero aunque he intentado no fijarme en nadie, seguro que hay nombres a quien he seguido de forma inconsciente. De Josh Bazell he tomado la voz narrativa en perpetuo estado de enfado de su debut, Burlando a la Parca, que he leído varias veces, en versión original y traducido. También algunos diálogos de esa novela me han ayudado, como los del doctor Brown con la Chica del Osteosarcoma. Pero el maestro de los diálogos es Elmore Leonard. Uno diría que grababa a la gente en distintas situaciones, y luego plasmaba los diálogos en el papel. Del James Sallis de Drive me encanta su seca sencillez, hasta en los momentos más trascendentales, muy distinto del estilo que usa en las novelas de Lew Griffin. Pero no creo haber alcanzado ese nivel de sencillez. Esas son las conscientes, seguro que algo de Stephen King, o de los autores del primer párrafo también se ha colado en algún momento.

Eso no significa que no tenga más autores que me gusten incluso aún más que éstos. Pero dudo que haya algo de George R.R. Martin, y desde luego, nada del lado más sobrenatural de John Connolly.

 

¿Cómo ha sido el proceso de publicación, un tema siempre presente para los escritores/lectores de Falsaria?

Insoportablemente tedioso. No tanto por la elección del formato, que iba a ser PDF desde el principio, porque es el que se puede leer en todo tipo de reproductores, sino por el proceso en sí de edición; pero sobre todo, por la eterna espera hasta que me han concedido los derechos de autor. Mientras que el ISBN han tardado unos días en enviármelo, el copyright ha sido más de un mes, y cuando tienes la novela lista, pero aún no puedes darla a conocer, los días pasan lentos e interminables. Y doy gracias a que, con la nueva ley, los contenidos digitales no precisan de Depósito Legal, si no, hubiera sido el acabose, sobre todo, para una persona como yo, no demasiado paciente.

A eso hay que añadir crear la página web. No ha sido tan complicado, pero hacerlo sin ayuda, no mucha idea de informática, y que todo funcione bien lleva su tiempo. Pero también he de decir que, desde que solicité los derechos hasta que me los han concedido, he tenido bastante tiempo para hacer las cosas a mi ritmo y mi gusto.

El proceso de edición tendría que repetirlo si quiero vender el libro en Amazon, pero estoy pensándome sus condiciones.

 

¿Deseas agregar algo más?

Ha sido una gran entrevista. Quizá al lector no le haya llevado mucho leerla, pero a mí me ha costado bastante contestar a alguna de las preguntas. Está bien tener que estrujarse el cerebro para dar una respuesta convincente.

Recordar a los lectores que, además de la novela, hay disponible un adelanto gratuito en la tienda de mi página web.

Sólo agradecer la entrevista, el tiempo que se haya tomado quien la haya leído, y que espero que les guste Transilvania.

 


Datos del Autor?

  • Nombre: Miguel Cornejo de la Fuente
  • Género del libro: urbano/costumbrista
  • Nacionalidad: España.
  • Bio: Nació en Valladolid en 1984. Se licenció en Filología Inglesa por la Universidad de Valladolid, y tiene un máster en Estudios Norteamericanos por la Universidad de Alcalá de Henares. Transilvania es su primera novela, con la que espera hacerse un hueco en el mundo literario. Influencias: Josh Bazell, Elmore Leonard (diálogo), género negro en general.
  • Blog: http://www.miguel-cornejo.com/

Libro: Transilvania


Transilvania Portadade Miguel Cornejo de la Fuente

Categoría: Novela

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¿Cómo escribe Miguel Cornejo de la Fuente

-¡Hernández Vela, Daniel!
Había llegado el momento. Después de mi amigo Dani, dijeron mi nombre y me dirigí hacia el estrado. Me felicitaron por haber logrado graduarme y me pusieron la misma banda azul grisáceo que a mis compañeros. Después regresé a mi sitio, mientras la ceremonia seguía con su ritmo tedioso. Los nombres de los restantes compañeros fueron sonando uno a uno, y repitieron el mismo ritual que los que me precedieron, yo mismo incluido.
Había sido una ceremonia un tanto aburrida, por decirlo suavemente. Primero los discursos de bienvenida, llenos de excelentísimos, magníficos y superlativos
representantes del profesorado universitario. A continuación, una intervención interminable de un poeta de medio pelo, que defendía que había que leer poesía china del siglo XI en vez de a Ildefonso Falcones. No sabía de qué iba el tipo aquel. Conocía a gente que no había abierto un libro que no estuviese relacionado con la carrera en cinco años, y ninguno fue por placer. ¿Cómo pretendía aquel hombre que personas que no habían pasado de la poesía de los libros de texto del instituto, atontada por la tele e hipnotizada por Internet, leyera poesía china sin haber abierto un libro de literatura comercial primero?
Para llegar a ese nivel de sofisticación había que empezar por el principio. Falcones era tan bueno como cualquier otro. El problema consistía en quedarse con él y no leer algo de más nivel. Pero así eran los autodenominados intelectuales, tan pagados de sí mismos que olvidaban su propia mediocridad. Apenas una hora después ya había olvidado el nombre del poeta.

Comentarios

  1. Patxi-Hinojosa

    25 julio, 2014

    ¡Muchísimas gracias a Falsaria por darnos a conocer la vida y «opera prima» de Miguel Cornejo de la Fuente!

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