Ángel Fabregat, la brevedad como universo

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Hola Ángel, felicitaciones por tu libro El cielo en ruinas, ¿Puedes explicarnos que encontraran los lectores en tu obra?

Pues encontrarán breves historias que me gustaría que fueran releídas. Por qué he intentado que fueran reconfortantes como una canción de Bruce Springsteen.

 

Para escribir cada uno de estos microrrelatos, ¿Captaste la sociedad actual? ¿Observaste el pasado para construir alguno de ellos?

Sí. Mis fuentes de inspiración es lo que veo en la televisión, leo en los periódicos o escucho en los bares y por la calle. A partir de esta materia prima intento construir historias cotidianas que puedan emocionar al posible lector.

 

He podido observar que en algunos microrrelatos mostrabas temas actuales como la corrupción o los desahucios ¿Qué querías trasmitir con ello?

Que me indignan, simplemente…

 

Resumidamente, podríamos decir que das un toque de realidad en cada uno de tus microrrelatos ¿Buscas hacer consciente al lector de situaciones o sentimientos que, en numerosas ocasiones, nos negamos a aceptar?

Cada uno tenemos nuestra propia realidad. Por qué vemos las cosas de diferente manera. Creo que una sola realidad no existe. Cada uno se crea la suya. Es decir, hay millones de realidades. Pero un día te das cuenta de que si existe una realidad verdadera: la muerte. A todos nos afecta de la misma manera…

 

Me gustaría resaltar que en varios de tus microrrelatos has mostrado el amor en diferentes facetas ¿Qué es el amor para ti?

Como alguien dijo una vez: ”amor es el dolor de no tener cerca a la persona que uno quiere”. Lo dicho está en la línea de lo que dijo Platón: “la mayor declaración de amor es la que no se hace”.

 

¿Crees que el lector conseguirá captar la esencia de lo que persigues con tu libro?

Creo que sí. A las profundidades se llega buceando. Con cada brazada uno se adentra en lo turbio para luego buscar y encontrar algo de luz

 

He notado a lo largo de todo el libro, una especie de abismo existencial en cada microrrelato ¿Era tu intención dejar que el lector cree sus propias conclusiones acerca de cada uno de ellos? ¿Por qué?

Sí. Persigo que sea más importante lo que no se dice que lo que se dice. Realmente, no es fácil conseguirlo. Me satisface mucho cuando lo consigo. No sé por qué… pero siempre tengo en mente dos versos de Federico García Lorca: “Por los espejos sollozan / bailarinas sin caderas”.

 

Una pregunta más personal, pero relacionada con El cielo en ruinas son las referencias a personas de tu entorno o a otros autores ¿Qué buscas realmente con esas intertextualidades?

Sentirme acompañado.

 

En un aspecto más general ¿Quiénes son tus referentes literarios? ¿Quién te ayuda a sacar ideas, quién te inspira?

Mis referentes son Pere Calders, Raymond Carver, Ana María Shua y alguno más. Agatha Christie decía que la tristeza es la cuna de la inspiración de todo escritor. Creo que es cierto. Aunque también Jack London decía que no se puede esperar a la inspiración, hay que ir a buscarla. Yo lo hago leyendo, viendo y escuchando.

 

¿Cómo te imaginas de aquí a unos años, en plano literario?

Sinceramente, me imagino que un estudiante cualquiera elije un texto mío para un trabajo de clase. Entonces todo este esfuerzo se verá recompensado. En definitiva, me imagino escribiendo brevedades, algún relato corto y poesía como hasta ahora. Lo que tenga que llegar, llegará. Y si no habrá sido un placer haber hecho lo que he hecho hasta ahora. Al final, casi todo se desvanece.

 

¿Tienes algún nuevo proyecto en mente?

Sí. Tengo un volumen de poesía en catalán que intentaré publicar vía la obtención de algún premio. Enciendo una velita…

 

Por último, como un gran autor reconocido nacionalmente y con una gran trayectoria ¿Qué les diría (desde su experiencia) a aquellos jóvenes que quieren abrirse hueco en este mundo literario?

Les diría que la literatura es como el fútbol y que de Messi, Cruyff, Maradona o Pelé hay pocos. Pero en la vida hay que divertirse ya sea jugando al futbol o escribiendo. No obstante, la posibilidad de ser un Borges o Benedetti hace que la vida sea interesante. Pero de los sueños también hay que saber despertarse.


Datos del Autor

    • Nombre: Ángel Fabregat
    • Género del libro: Microrrelatos
    • Nacionalidad: España
    • Bio (parcial): Ángel Fabregat Morera nació en Belianes, Lleida, el viernes 13 de agosto de 1965. Empezó a escribir a los diecisiete años. Su escasa obra, en catalán, se centra en la poesía y el relato corto, con los que ha cosechado más de ochenta premios literarios. En el verano de 2012 puso en marcha un proyecto de literatura breve en castellano a través de una página en Facebook que actualmente tiene más de 14.000 seguidores. Algunos de sus microrrelatos publicados en dicho espacio forman parte de El cielo en ruinas.Tiene publicado el libro de poesía “Antologia d’un Onatge” (Ed. Columna, 1990) y ha ganado numerosos premios.

 

Libro: El cielo en ruinas.

Portada de El cielo en ruinas

Ángel Fabregat Morera
Me Gusta Escribir Libros
(29/06/2015)
120 páginas
Este libro está en Español
ISBN: 8491120165
ISBN-13: 9788491120162

Conseguir

¿Cómo escribe Ángel Fabregat Morera?
LA REALIDAD
Alison era una neoyorquina que un día decidió vivir al margen de lo que sucedía a su alrededor. Vendió su televisor, su ordenador Apple iMac y cambió su móvil Nokia 9210 por un viejo Motorola. Iba y volvía del trabajo escuchando música clásica. El fin de semana se dedicaba a pasear por Central Park, pintar… y, una vez al mes, iba al teatro en Broadway. El 11 de septiembre de 2001, se levantó pronto y fue a su oficina, situada en la planta noventa y seis de la torre norte del World Trade Center. Miró por la ventana y vio venir un avión desde el horizonte. Segundo a segundo se fue percatando de que, a pesar de haberlo intentado, era imposible evadir la realidad.

 

EL TABACO MATA
—¡Voy a por tabaco! —me dijo con cierto nerviosismo.
Luego me di cuenta de que encima de la mesa había un paquete prácticamente lleno. Ya no volvió.
Ese día empecé a fumar.

 

DIARIO DE INVIERNO
Era un sábado navideño. Cuando el pequeño Elías se levantó de la cama y miró por la ventana, saltó de alegría al descubrir que un manto blanco cubría las calles: la noche anterior había nevado copiosamente. Con cierto ahínco, amontonó la nieve del jardín y moldeó un muñeco, a imagen y semejanza de su progenitor. A última hora de la tarde, antes de que oscureciera y a escondidas de su madre, le llevó las zapatillas y el periódico.
Pasados un par de días, la situación climatológica cambió. Cuando salió al jardín, vio que el muñeco se había desvanecido y los únicos rastros de su efímera existencia, además de las zapatillas y el periódico, eran una bufanda y un viejo sombrero. Y evocó la noche en que su padre les abandonó.

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