Jueves Santo

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Cuatro botellines de Cruzcampo. El Sol en llamas. La cubierta del cielo entre gritos estallaba en mil mariposas de colores. Los gorriones, amos y señores de las cornisas, revoloteaban sus canciones al son de los gritos del reloj. Cuatro cuadros carentes de todo sentimiento conocido pendían de alcayatas torcidas en la pared de la certidumbre. Miles de almas en una sola voz represaliadas por el calor de la justicia de los castigados.

 

Tres días era la vida. Una copa de whisky del malo. On the rocks. Vómito en las entrañas que subía hasta los oídos. Pena de vivir porque faltó la alegría que da la valentía. Solo los bravos aman. Solos los verdaderamente extraordinarios sueñan, cumplen y viven. La silueta violacea de la amiga íntima de quien suspira por lo que pudo haber sido y no fue, por lo que se escapó y nunca más supo volver.

 

Dos campanadas, dos, las de la torre mayor de la cruz arbórea. La mesa coja cruje. Mazmorra tiznada de blanco y sábanas azules. Testigo de las postrimerías del cabestro que agonizaba, dos orejas y rabo. Plaza y murmullos en la quietud de la penumbra.

 

Un tiro. Carbón y alabastro. Lágrimas y victoria.

 

 

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    18 febrero, 2016

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  2. jon

    18 febrero, 2016

    Buen trabajo. Bienvenido a este círculo de letras.
    Un saludo y mi voto.

  3. LOPERA

    19 febrero, 2016

    me gusta mucho el relato y tu estilo. te dejo mi voto y bienvenido

  4. Castalia

    26 febrero, 2016

    Me gusta desde el segundo párrafo. Un saludo y mi voto.

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