En un primer piso no pasa nada que no pueda pasar en un tercero o un décimo. ¿O no?
No, claro que no. En el primer piso es problable que entre el hombre araña, una celebrity se suicide o la suiciden. Un violador entre por la noche y someta a una estudiante. O una borracha arroje porciones de pizza a los transeuntes. Bueno, eso último puede pasar desde cualquier piso pero sin dudas desde el primero tiene más adrenalina dada la cercanía con las víctimas.
El primer piso donde vivía la jovencísima y bella Eugenia Freixas presentaba todas estas posiblidades, pero no había sido seleccionado por estos atractivos. Era lo más barato / luminoso / cercano a la facultad que ella y su madre habían encontrado para que se mudara a comenzar…¿La facultad? Eso era lo que se decían a si mismas, aunque lo fundamental era comenzar la vida fuera de casa con la hija de 2 años que ya se estaba criando como hermana más que hija. La abuela no estaba convencida, seguía con la idea de que era mejor que se quedaran en casa asi Eugenia se dedicaba a estudiar pero la realidad es que la situación era insoportable.
Eugenia necesitaba imaginar que se mudaba para independizarse y ser libre de su madre y su bagaje de consejos y críticas sobre dónde, cuándo y cómo criar bien, como ella. Pero a los 2 milisegundos de soñarse libre, con el sol calentando los párpados y sintiendo una brisa seductora rozando sus brazos, se escuchaba un pucherito seguido de demanda que la arrojaba al suelo para darle patadas de realidad. Independencia, libertad… los anhelos mas absurdos.
Aún con los ojos cerrados pero con el ceño fruncido los labios apretados y arqueados hacia abajo y un frío espantoso que le corría por la espalda, siguió aferrada a la baranda, esta vez imaginando que se tiraba. Pero era primer piso asi que no podía soñar con morír rápidamente. Además recordó que cerca del ventanal estaba la mesita de juego de Charito, que dado el caso podría acercar para seguir llamando a gritos a mamá que había osado escapar tirándose al vacío, asomarse y caer junto a ella de cabeza. Y quedó imaginando que agonizaría durante mucho tiempo teniendo que ver el rostro destrozado y sin vida de su bebé. O peor, que quizás su hija caería de espaldas a ella y que incapáz de moverse por tener el cuello roto no podría verla, acariciarla por última vez. Se imaginó las lágrimas corriendo por su cara y cuando por fin abrió los ojos llorosos se dio vuelta para agacharse y abrazar a Charito y llenarla de besos.
– ¡Besho no! – Gritaba la gorda que llevaba los 10 segundos que su mamá habia dedicado a imaginar fatalidades pidiendo que le haga upa. Sin embargo Eugenia la tuvo apretujada debajo de su mentón todo lo que pudo hasta que Charo le pegó una cachetada feróz. – ¡Upa parada! – le exigió con expresión digna de un carcelero. Asi se sintío, presa. Asi pasaba sus días, en cada breve salida al balcón aspiraba con todo el pecho el perfume de la brisa breve y calida que la hacía imaginarse sensual y volviendo a su carcelera inmediatamente. Placer, odio, crimen, devoción, todo junto en cuestión de segundos.
Vivir en el primer piso con el balcón para imaginar tragedias y ya sin la presencia de la abuela para repartir la custodia, la enloqueció en cuestión de días. Para el Miércoles todavía quedaban cajas sin desarmar. Cada noche imaginaba que Charito despertaba y aprovechaba alguna de las cajas para asomarse al balcón y caer. Siempre caían, invariablemente Charito caía. Eventualmente ella.
Una sola vez, mientras encontró tiempo para la primera siesta desde la mudanza, se salteó la parte de las lágrimas luego de la caida de su primogénita y siguió la historia con ella sola en el departamento, pudiendo tomar el té en hebras escuchando in the Air tonight; Que al rato el vecino le hablaba desde la vereda pidiendo permiso para subir a pasar un rato, otra vez la brisa calida, el atardecer que le hacía brillar los ojos color caramelo. La luz y la temperatura ideales la hacían verse tremendamente seductora, irradiaba sensualidad y pronto el vecino incapáz de resistirse se avalanzaba sobre su cuello, tomándola con fuerza entre sus gruesos brazos. Siempre los soñaba con brazos y manos fuertes y excelentes besadores. Pronto todo seguía en una cama increiblemente suave (que no tenía realmente) y le empezaba a hacer todo lo que en las mejores películas románticas / eróticas light pasaba. Pero nunca concluyó, de nuevo Charito a los gritos.
¡Esos grititos! Los odíaba, y dijo en voz alta esta vez y entre dientes apretados — La odio — Se sorprendió porque pretendía decir Los odio. Y salió rápido de la habitación decidida a apretarle el brazo y pegarle unos buenos gritos. Una siesta, una puta siesta, nada más quería. Todo era demasiado pretender con Charito que en sus dos años no había dormido de corrido más de 4, 5 veces. ¿Hasta dónde podría apretarla sin que quedaran marcas? Que ganas de gritarle hasta que le ardiera la garganta. Tenía ganas de provocarle dolor, total, dos años, no se acordaría de eso en un tiempo más y a ella de chica era común que le dieran algún chirlo y nadie se espantaba. ¿Pensaría en eso su mamá cuando le aplicaba los famosos chaz chaz en la cola? ¿Era una forma de descargar sus frustraciones con ella? Y bueno, ella lo había superado, que lo supere Charo. Le fue dificil cambiar la expresión de rostro duro y furia cuando la vió caer. Incapaz de moverse y respirar sintió cómo se le quemaba el pecho, todos los poros liberaban agua fría al mismo tiempo y las piernas se languidecían. -No…- Alcanzó a decir con el poco aire que tenía en el pecho. Miró la puerta, estaba pensando si bajar por la escalera rápido o asomarse. Se decidió por la escalera. Obvio, pensaba, no estoy soñando, tengo que llegar a ella rápido, no suicidarme. Además si me tiro no me mato y tampoco la puedo ayudar. Eso iba pensando mientras sentía que la escalera tenía demasiados metros y escalones para ser que estaba en un primer piso. Primer piso, pensaba, nadie muere desde un primer piso, solo rogar que pueda recuperarse bien. ¡Por favor que quede bien! Rogaba. Charito postrada y con los mismos grititos fue el panorama que se le vino y fue entonces que gritó – ¡BASTA! – ¡Por favor que viva, por favor que viva mi hija! Siguió repitiendo como un mantra hasta que logró llegar a la entrada del edificio, abrir la pesada puerta y empujar a dos mujeres que tapaban la escena en la vereda. – ¡BASTA! ¡Bastaaaaaaa! ¡Nooooo! ¡No, no no, basta!- Asi siguió gritando hasta que alguien la sujetó, los ojos se le iban para todos lados incapaz de controlarlo, veía el cielo, sentía la brisa calida pero ya no la hacía sentir sensual, volvía a ver el cielo y muy a su pesar el aire le seguía entrando por lo que insistía pidiendo BASTA. Otra vez cielo celeste, brisa, piso rojo. Cielo celeste, brisa, piso rojo, un hombre, dos mujeres llorando….cielo, brisa, cielo, rojo, oscuro, rumor, una mujer tapándose la boca, cielo…Basta…rojo.




Beto
Muy bueno, angustia, pero es muy bueno, te felicito.
NoSoyCorso
Muchas gracias en serio, primera vez que escribo y comparto.
Mabel
¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido
Walter Alan
Menudo relato, es genial. Otro voto para tu obra. Saludos.
Patry
Uff muy buen relato. Pero que duro… esas ganas e desahogarse con su hija tan pequeñitay después todo eso.
literato
Tremendo. Muy bien lograda la tensión y el horror sin llegar a ser morboso. El tachado lo vas a eliminar verdad?
Lauper
Extraordinario relato, me ha encantado. Me has hecho pensar mucho sobre la protagonista. Puede que tuviera algún tipo de patología previa al nacimiento de la niña que después de acentuó o que fuera víctima de una depresión postparto. En cualquier caso creo que la manera en que narras sus pensamientos es genial. Saludos y mi voto.
gonzalez
Me gustó mucho. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!
Germán Lage
Duro el tema, pero, a mi modo de ver, tratado con mucho tino y narrado con maestría. Excelente.
Un cordial saludo, y un vot.
NoSoyCorso
Bueno, no saben lo agradecido que estoy por sus comentarios. No lo esperaba. Es un gran apoyo para continuar escribiendo. Gracias a todos. Y en cuanto a lo tachado que consulta Literato, la verdad es que lo dejé justamente para ver qué las parece. Y también porque es un buen recurso (el texto tachado) para agregar información de la situación que no pertenece al relato propiamente. No se si sacarlo, aguardo más comentarios al respecto en todo caso y me gustaría saber si alguien más usa el recurso y cómo. A mi se me ocurrió asi. Gracias, de nuevo a todos.