Un viejo aliado

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Esta mañana cuando te vi desde atrás del alambrado, salías a regar las plantas de tu casa. No pude contener la emoción al escuchar el sonido del agua y se me escapo un ligero relincho. Ya sabias que yo estaba allí, pero aquel sonido te sirvió para interpretar que tenía mucha sed. Una vez más me habían atado para pastar y con la atadura derribé mi recipiente con agua. Te acercaste y me ofreciste agua, la cual sin dudar acepte. Luego de un cálido saludo de despedida te alejaste.

Por la tarde volviste, a tu casa, yo seguía firme pastando, y cuando te vi hacer lo que hacías no lo podía entender. Con un aparato ruidoso, comenzaste a mutilar las pasturas para luego juntarla toda dentro de un recipiente. Cuando te acercaste por segunda vez pensé que traías otro poco de agua, pero en cambio eran las pasturas mutiladas que tirarías sobre una pila de pasturas viejas y secas. Trataba de entender, como es que el mismo ser que por la mañana regaba con agua las plantas para que crecieran, ahora las mutilaba sin ningún resquemor. Al igual que el otro ser que me deja atado solo durante días, sin agua, para luego venir a “pedirme” que lo ayude con sus tareas y subir a mi espalda para no tener que caminar. Es nuestra historia, aliados incondicionales de ustedes, masacrados en batallas, condecorados en desfiles, aplaudidos en competencias y azotados para llevar mayores cargas.

Ahí te acercas de nuevo, pero esta vez con más agua, puede que parezcas diferente, pero son la misma naturaleza. De todas formas te agradezco tu cálido saludo y espero verte pronto.

Comentarios

  1. Pablo P.

    6 diciembre, 2016

    Un relato tierno y realista. Asi de cambiantes y contradictorios somos los humanos. Feicidades

  2. GermánLage

    6 diciembre, 2016

    Hola, Kunma. Ingeniosa esta especie de fábula reflexiva sobre las actividades humanas. Obviamente un caballo no entiende la diferencia entre plantas y malas hierbas. ¡Qué le vamos a hacer!
    Un cordial saludo y un voto.

  3. Lauper

    6 diciembre, 2016

    Que lindo relato, invita a la reflexión.Seguramente si los animales pudieran hablar, nos harían replantearnos muchas cosas igual que lo hacen los niños. Un abrazo y mi voto.

  4. Kunma

    6 diciembre, 2016

    Muchas gracias por los comentarios! hasta cortar el pasto es un buen momento para reflexionar

  5. Mabel

    6 diciembre, 2016

    ¡Qué belleza! Un abrazo y mi voto desde Andalucía.

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