Sabe que se hace tarde, lo sabe porque una gota de sudor le atraviesa la frente, porque se ahoga con la falta de aire y más precisamente porque ha mirado la hora en su reloj. Alza el brazo para mirar otra vez las agujas en la esfera y de pronto su mano se desprende y cae al piso. De todos modos alcanza a ver que faltan cinco minutos para las tres. No hay caso, dice en voz alta, voy a llegar tarde. Y apura el paso. Se da vuelta para ver la mano y su reloj tirados en la calle cuando una baldosa floja en la vereda lo hace tropezar, así que el brazo en el que llevaba el portafolio también se suelta del cuerpo y cae pesado al suelo, arrastrando la manga de la camisa y la del saco. Esta vez piensa en detenerse para levantar los papeles que se desparramaron por el piso, pero se da cuenta que ya no tiene manos, y además son papeles sin importancia; sabe de memoria cada uno de los datos impresos en las hojas que acaba de dejar atrás. Da unos pasos más, suena su teléfono celular dentro de algún bolsillo y se le cae una oreja. Por ridículo que parezca, esto no le preocupa; todavía puede seguir oyendo. Se me hace tarde, vuelve a pensar. Muy tarde, dice. Y la nariz salta de la cara al suelo. Es cuando comienza a correr, y así una de las piernas sale despedida hacia adelante, como si la pierna tampoco quisiera llegar tarde a la reunión, es más, como si la pierna quisiera llegar incluso antes que él. Entonces una ceja se despega de la cara. Luego, pesado, cae también el bigote. Con una pierna menos, a partir de este momento, resulta imposible correr: decide sacudirse la otra pierna. Luego, de algún modo, perderá el torso y parte del cuello.
Minutos después, nadie en la sala de reuniones se sorprende cuando ven entrar una cabeza rodando por el piso. Media vuelta más y se estabiliza sobre la base del cuello. Cuando alguien en la reunión lo levanta y lo apoya sobre la mesa, la cabeza dice disculpen la demora, tuve un ligero inconveniente. Le acercan a los ojos los papeles del día, y todos en la fábrica de maniquíes se ponen a trabajar.





GermánLage
Muy ingenioso, Mace, pero, sobre todo, muy bien contado.
Un saludo y un voto.
Marce.Galbán
Muchas gracias Germán por tus palabras, saludos!
Mabel
Muy bueno. Un abrazo Marce y mi voto desde Andalucía
gines
Felicidades, ingenioso, imaginativo y con un final sorprendente, de los que el lector ansía descubrir. Me gustó. Escribe! y … nos leemos. Ahí va un voto
Marce.Galbán
Gracias Gines, por tu tiempo y tu comentario. saludos.
lnanta
Fantástico, me gusta el detallismo que usas en la descripción. Un saludo y felicidades 🙂
Marce.Galbán
Gracias Inanta por tu comentario. gracias por leer. saludos.
Ricardo
Muy buen relato sobre todo el final. Saludos
Marce.Galbán
Gracias Ricardo. saludos
Opzmo
Bien original, muy buen trabajo. Saludos!