Capítulo 6. La redécouverte (tercera parte)

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-Quiero entrar en la habitación secreta de mi padre, y quiero que me acompañes.

Esta frase de Curt fue la que desencadenó una oleada de acontecimientos en esa calurosa mañana de julio. Si Mick y él supieran predecir el futuro, quizá hubieran planeado los sucesos venideros de otra manera, y actuado diferente ante las consecuencias y las adversidades que se derivaron del mismo.

Durante los últimos meses, Curt vivió un cambio en la actitud de su padre referente a él que, aunque evidente y doliente, rehusó aceptar; y empecinado como era no cesó en su empeño de analizar la causa-efecto de la misma. Seguía inquebrantable, demandando las atenciones perdidas e intentando comprender el amargo ceño que de repente solía apuntarle inexorable, las continuas quejas hacia su persona, los desplantes de los que nunca fue víctima hasta entonces, las azotainas sorprendentes que iban en aumento y de veras padecía, o cómo Ewen sacudía el brazo con vehemencia cuando él intentaba tocarle o abrazarle, cual mosca a la que tratara espantar pululando a su alrededor. Se le metió entre ceja y ceja que había algo esclarecedor en la habitación secreta de su padre, allí residía la verdadera causa de la cruel metamorfosis y quizá la ansiada solución. Territorio ignoto en el cual siempre se sumergía horas y horas encerrado bajo llave, donde ni él ni su hermano jamás osaron entrar, conscientes de que traspasar el umbral de esa puerta de madera maciza era una prohibición cuya vulneración no quedaría impune. Curt infringiría con buenas intenciones esa norma absurda, ensayando mil veces una creíble coartada por si acaso le descubrían. Entraría allí costase lo que costase, aún con temblores en sus piernas y falta de equilibrio al caminar de puntillas para evitar cualquier señal delatora, convencido de que podría encontrar el antídoto para la amargura que había invadido a su figura paterna, buscando desesperadamente retomar el apego perdido y ofrecerle su ayuda desinteresada.

Curt, que a duras penas se libraba de los suspensos en álgebra, aritmética, historia, literatura y cálculo, presumía de carácter práctico, desenvuelto, rapaz y avispado conjugado con una inventiva fuera de lo común y un atrevimiento honesto que se iría escarmentando con los años. Estas peculiaridades le llevaron a agudizar el ingenio al límite. Cual detective, se percató de que cuando su padre se iba a dormir, habitualmente en horas intempestivas, cerraba esa puerta prohibida con llave, deslizaba el pestillo de sus aposentos y depositaba todo el manojo en el vestidor contiguo de su dormitorio, el cual no atrancaba con cierres añadidos, pues creía que en esa casa laberíntica llena de sombras y escondrijos todos los ojos permanecían cerrados durante la noche.

Curt sí que los tenía cerrados, tanto que a fuerza de presionarlos para fingir mejor le temblaban los párpados. Curt tenía los ojos cerrados pero los sueños bien despiertos. Tras un tiempo prudencial, comenzó a vestir sus pies con doble calcetín de algodón para no dejar huellas ni hacer el más mínimo ruido sobre el parqué de haya o las frágiles moquetas, y con una radiografía de la madre de Michael, cuando por fin se atrevió tras varios intentos abortados, consiguió abrir el dormitorio amurallado paterno. Entonces cruzaba el cuarto cautelosamente, a través de sus profundos ronquidos, llegaba hasta el vestidor, atesoraba el ruidoso manojo de llaves que cogía delicadamente, acallando el tintineo bajo su regazo, y sobre jabón preparado con anterioridad conseguía el molde que le interesaba. Tras varias pruebas, finalmente logró la perfección.

Una vez conseguido este propósito, el más arriesgado, procedió a realizar manualmente la copia de la llave codiciada. Atesoró un hornillo y un recipiente de metal, y siguiendo las pautas que recordaba haber leído una vez en clase de manualidades, empezó a cortar con tijeras de podar botellas de plástico duro, hasta tener una cantidad desmesurada de trocitos dúctiles y transparentes. Los mezcló silenciosamente con el metal y los hizo arder en el hornillo, causando una humareda que encendió los pilotos anti-incendios y provocó alertas exageradas del personal de servicio, gritos y quejas, aspavientos varios y toses ahogadas. La niñera, que obviamente también acudió al eje del conflicto, se percató de la travesura y disipó los malhumorados comentarios y acusaciones varias entre la cocinera, la pinche y la mucama, compartiendo secretamente con Curt un guiño cómplice y una sonrisa partícipe y dulce. Tras el pequeño incidente sin heridos, por fin consiguió una llave que podía introducir suave en la codiciada cerradura, abriéndole así las puertas del paraíso prohibido, dispuesto a desvelar todos los misterios y salvar la pesadumbre de su padre. Tan grande, temeraria y atrevida era esa aventura que no tenía los arrestos para hacerlo solo, y pidió encarecidamente varias veces a su mejor amigo que le acompañara en esta hazaña de vital importancia. Tras la promesa de fumar juntos un poco de hierba por vez primera y de apañárselas para contemplar a la joven niñera en traje de baño, Michael acabó aceptando y acordaron un día para ponerse manos a la obra.

Ese jueves echaron unas canastas tempranas de camino a casa de Curt, luego desayunaron ávidamente y se pasaron la mañana tomando el sol cual lagartos y dejando campar libremente sus revolucionadas hormonas adolescentes en la piscina de los McNeill, recreándose la vista con la niñera, que aprovechaba sus horas libres dándose un refrescante baño. Con ella recopilaron material para futuras fantasías y masturbaciones, preservando lo más nítida posible la imagen de sus senos turgentes, la larga cabellera negra, la piel tostada por el sol, la forma pronunciada de sus caderas, la estrechez de la cintura, el ceñido bañador rojo pasión. Con las bocas abiertas, a veces recordando tragar saliva, escondidas sus miradas lujuriosas y juveniles tras opacas gafas de sol, salvaguardaron los pocos recuerdos placenteros que tendrían en común a partir de ese día.

Tras saciarse de hamburguesas y patatas fritas, reunieron fuerzas para ejecutar sus intenciones. La conseguida llave moldeada a base de jabón, metal y plástico dio sus frutos y encajó sin problemas, girando fácilmente, y en un abrir y cerrar de ojos repararon en que ya estaban dentro de la ansiada cueva de Alí Babá. No fueron quilates de oro lo que vieron allí, pero sí quedaron anonadados frente unas paredes vestidas con expositores, los cuales guardaban en su interior de vidrio katanas japonesas de coleccionista, de diseños hipnóticos y colores llameantes. También había una hilera formidable de figuritas, guerreros y caballos de terracota. Lucían ante sus ojos un diván imponente con tapicería suave de chenilla y un armario descomunal de nogal que ocupaba casi todo un lateral; al abrirlo toparon con una cantidad imposible de CD´s , llaves USB y discos duros externos enmarcando una pantalla de plasma de unas 48 pulgadas. Asombrados, sin poder articular palabra, obnubilados por el tremendo tesoro que encontraron, tardaron en reaccionar. Luego, entusiasmados y excitados como dos niños que saboreaban exitosos manjares prohibidos, lo tocaron y lo abrieron todo, palparon por el mero hecho de invadir, disfrutaron de esa pequeña gran proeza.

“Quién iba a pensar que el juez estirado fuera coleccionista de katanas, voy a desenfundar ésta a ver”. “Y quién me iba a decir a mí que le gustaría el cine, si mi viejo no aguanta una sola película”. «Que a lo mejor es una porno, ponla a ver qué hay». “Voy a sacar un momento los guerreros de terracota y los caballos, pero luego los dejo tal cual, no te preocupes que no se me caen”. “Fíjate en esta espada, si estuviera afilada te partiría el cuerpo en dos trozos iguales”. “Voy a ver qué tiene el viejo grabado en estas cosas”. “La definición de este plasma es brutal, puedes ver como se le abren y se le cierran los agujeros de la nariz”.“Voy a sintonizar las entradas del disco duro, cuidado con las katanas, si se cae alguna la liamos”. “Tranquilo, voy a hurgar por ahí, avísame cuando empiece la película”.

Estaba Mick de espaldas a Curt, blandiendo un pesado shinai samurái con dotes expertas, poniendo en práctica todo lo aprendido en las clases de artes marciales y de kendo que desempeñaba con ahínco desde los seis años, cuando quedó extrañado por un silencio incómodo y petrificante. “Mira, Curt -decía enfrascado, con la espada desenvainada y tensando la empuñadura- si giras así, creas un movimiento de látigo y sierra simultáneo. Con esto podría cargarme a dos de una sola estocada”.

Pero Curt no contestó. Extrañado, envainó el arma y se giró hacia su amigo, absorto y paralizado, sin parpadear un segundo, mal sentado en una esquina del diván. Blanco como las paredes, el pelo rubio de las piernas erizado, con el pecho hundiéndose y sobresaliendo rápidamente, y las manos agarrando los pantalones de su bañador, acaparando el mayor trozo de tela posible y enmarañándolo, aprisionándolo con fuerza, formando un puño impotente de nudillos marcados y enrojecidos.

-¿Qué cojones…? -iba diciendo mientras se le acercaba.

Y acto seguido, Curt cogió un exótico jarrón cercano con diseño oriental para vomitar violentamente. Una y otra vez, con arcadas de dolor y una repulsión que traspasaba todo lo humano, con quejidos lastimeros. Al final no hizo más que expulsar bilis, pero no podía parar de arrojar, fruto de los nervios. Mick, inquieto y con una mano depositada inmóvil sobre la espalda de su amigo, a modo de apoyo incondicional, volteó la mirada hacia la televisión y se encontró con gran cantidad de archivos en miniatura, pertenecientes a una carpeta, que incluían imágenes morbosas y grotescas de un niño desnudo, de unos seis años. Habían más carpetas grabadas en ese aparato, y en la estantería reposaban decenas y decenas de dispositivos electrónicos semejantes, aunque no sabían si en su interior se hallaban las mismas atrocidades.

-Joder tío, esto es pederastia. Esto es abuso sexual infantil, ojalá tu padre le haya cortado los huevos al cabrón que le hizo esas cosas terribles a este pobre crío. ¿Sabes quién es?

-Este crío soy yo de pequeño, Michael

Si en ese mismo momento hubiera entrado alguien con malas intenciones, Mick hubiera caído fulminado, pues sus músculos se atrofiaron, sus huesos se volvieron endebles, sus articulaciones rígidas, sus nervios de plastilina, su cerebro inservible y sus reacciones ausentes. Los dos amigos se miraron, y Michael sólo atisbó a transmitirle un “lo siento mucho, tío” con la mirada. Curt lo entendió, y no hicieron falta emitir cadenas de sonidos ni palabras inútiles de consuelo. Rápidamente lo dejaron todo como estaba, se entendieron con los gestos y no hicieron falta órdenes o apremios. Curt apagó la pantalla y dejó en el mismo sitio la funesta llave USB, agenciándose una de las que estaban perdidas en el fondo del armario, encomiándose a algún ser superior para que no hubiera otra tanda de fotografías de él mismo sufriendo la peor de las barbaridades.

Todavía impactados por los hechos, uno con la sorpresa desgarradora del maldito hallazgo, el otro atragantándose con la repugnancia y la mayor de las traiciones, se despidieron. Lo hicieron en silencio, con un abrazo, y en el último murmullo Michael le sopló al oido: “Cuenta conmigo siempre”. Curt dejó caer dos lágrimas abochornadas, costosas y agonizantes, aturdido y sobrepasado por los acontecimientos. No supo si eran de agradecimiento, de terror, de disipación o de dolor; lo que sí supo es que Mick era su único apoyo en el mundo, quien le conservaría este secreto arrollador y que, por suerte, no tenía por qué soportar en solitario todo este terrorífico peso sobre las espaldas porque al menos podía contar con un amigo.

 

Comentarios

  1. fisquero

    23 febrero, 2017

    Ania, supongo que para que la trama tenga sentido y la narración pueda proseguir , era necesario pasar el mal trago de presentar los vicios y aberraciones que conformaron y dieron forma al carácter del personaje de Curt
    No es plato de buen gusto, pero ya hemos superado ese escollo importante… Y ahora qué?

    Saludos Años, te seguimos leyendo

  2. XaviAlta

    23 febrero, 2017

    Benissimo como de costumbre, Esteff, aunque incluya una patada dónde más duele.
    Quiero más…

  3. Planeta

    23 febrero, 2017

    Sister me lo temia yo que podia ir a peor, soo espero que alguna catana de esas de la cpleccion senle caiga al pabre de curt entre el cuerpo y la cabeza y le corte el cuello…. Podria se no?? Maravillosamnete relatado, quiero mas sister one kiss

  4. Mabel

    23 febrero, 2017

    ¡Excelente! Un abrazo Estefanía y mi voto desde Andalucía

  5. GermánLage

    24 febrero, 2017

    Inesperado, pero coherente. Sorpresa tras sorpresa, las piezas van encajando. Extraordinario, Esteff.
    Mi cordial saludo y mi voto.

  6. Fran

    20 marzo, 2017

    La p~#€~. Yo sabía, mientras ibas avanzando en la narración, que algo malo deparaba, porque empecé a pesquisar tu costumbre de dejar ese choque en el final. Sin dudas te gusta el cine y el texto, además de que tiene mucha literatura encima, esta cargada de cine. Está hecha para una película. La narración en la que Mick está con algunas cosas y Curt petrificado ante su imagen desnudo, es de escena de cine.
    A ver, ahora voy a lo que importa: Estoy enamorado de tu narración, de la forma en que contás una historia con palabras tan sutilmente escogidas en tu cabeza y dispuestas en el texto de modo que quede genial.
    Me gusta mucho esa relación entre la niñera y Curt. Curt dedicàndole hormonas y la niñera dedicàndole la complicidad. Yo creo que ahí, más que la madre de Mick, se encuentra su segunda madre.
    Desde la vez que te escribí ese primer comentario hasta hoy, creció mucho la expectativa que tengo en vos. La forma que tenés de narrar es digna de publicación.
    Sólo quiero saber algo, de qué época estamos hablando? Ya que venía imaginandome una época y de pronto aparecen USB y Cds.
    Te estoy leyendo con la gran obra de Tchaikovsky, Swan Lake. Hacen buena dupla.
    Gracias por tus escritos, la verdad que sos muy buena y das una gran envidia sana, Esteff.
    Sigo… y voto!!!

    • Estefania

      21 marzo, 2017

      Me leiste la mente. Disfruto con el cine, desde hace muchísimos años, y tengo imágenes clavadas en la retina. Miro las películas que me gustan una y otra vez. Respiro cine por cada uno de los poros.
      Gracias por comentarme y tomarte tu tiempo. Espero que te siga gustando, gracias por decirme algo en cada capítulo, es muy importante para mí.
      Nos seguimos leyendo, un abrazo y un beso!

    • Estefania

      21 marzo, 2017

      Se me olvidaba contestar, perdona. Época actual, retrocede ciertos años, nuevo milenio, finales de los 90. A algunos países, sobre todo a personas muy adineradas, ya les habían llegado las novedades que llegarían más tarde al resto de hogares. Si hay un poco de ficción, no me lo tengas en cuenta….ya sabes, novela jeje
      Tú con Tchaikovsky, yo me pongo a ratos Chopin y a ratos Yann Tiersen, sobre todo las piezas de piano.
      Te invito a que le pruebes, inspirador 100%

  7. Hannaly.Higuera.Zitarrosa

    20 marzo, 2018

    Eres un genio de las letras Estefanía, me cuesta mucho leer en la computadora por tiempos, por ojos cansados, y porque sinceramente prefiero leer en libros pero a ti trato de leerte cada que puedo.

    ¿Por qué decidiste hacer esta historia? Me provoca mucha angustia, y recuerdo como víctimas de pronto nos volvemos victimarios. ¿Habrá redención? Tengo tristeza de pensar que no hay un final feliz aunque sea para uno de los personajes….

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