La pluma que pudo a la espada

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Aquel sádico de barba plateada, todas las noches pluma en mano y tintero en mesa, osaba dictar sentencia sobre la vida de los personajes que iba creando.

Sus páginas goteaban sangre por doquier. Los más afortunados hombres eran asesinado por hojas de acero en las guerras que relataba. Otros, sin embargo, no corrían tanta suerte y eran torturados de las maneras más atroces.

En pocas palabras, aquel anciano jugaba a ser Dios.

Lo que sin duda ignoraba es que él era parte de mi novela y que le tenía preparada una despiadada venganza.

Comentarios

  1. Estefania

    1 abril, 2017

    Me encantaría que colgaras esa novela, los sádicos siempre son disfrutables y bienvenidos en este mundo, jeje
    Siempre y cuando se queden en la ficción, claro.
    Un saludo y mi voto!

  2. Luis

    2 abril, 2017

    Buen artículo, saludos y mi voto!

  3. Mabel

    2 abril, 2017

    ¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida

  4. GermánLage

    2 abril, 2017

    Todos somos autores, protagonistas y personajes secundarios de nuestra propia novela. Buen micro, Ikagirre.
    Mi salido y mi voto.

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