La soga (revisitada) - Capítulo III de X

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Anteriormente…

 

III

 

—¿Voces dentro de la casa, Sr. Cupcake? Eso es absurdo.

La Sra. Woodstock se había presentado en la casa tras recibir la llamada de Larry. Entró al dormitorio con interés y salió de él pasmada. Repitió la maniobra, como si, queriendo buscar una cosa, terminara encontrando otra. Luego abrió y cerró puerta y ventana tantas veces hasta las bisagras dejaron de chirriar. Repasó ambas plantas de la casa, más veces la primera que la segunda —tampoco tenía que demostrar cómo de atlético era su cuerpo regordete subiendo y bajando escaleras—, pero no escuchó ningún grito, ningún golpe.

—Sr. Cupcake —su voz sonaba contenida, un indicio claro de que estaba suavizando la manera como quería agradecerle haberla despertado tan temprano—. Se ha dejado impresionar por el relato del Sr. Michaels, y a menudo, los sueños nos juegan malas pasadas…

—¡No lo soñé! —protestó— Estoy seguro de haberlo escuchado… ¡Niños pidiendo auxilio! Si desperté con un brazo colgando de la ventana…

—¿Niños pidiendo auxilio? Sr. Cupcake. Estoy hastiada de alquilar esta casa y jamás había sucedido nada parecido, y permítame también aclararle, Sr. Cupcake, que el relato del Sr. Michaels se refiere a voces que se escuchan en la arboleda, solo por una pandilla de viejos amargados y aburridos… Necesita adaptarse. Aunque vieja, es una casa acogedora y apacible.

Seguir pegándose cabezazos contra un muro era una pérdida absoluta de tiempo, pero reconoció que la Sra. Woodstock no andaba muy errada; el viaje hasta Narrow Oaks se había cobrado con un día tan ajetreado que le había dejado exhausto. Tal vez debiera quitar hierro al asunto, descansar ¡y empezar por la mañana a escribir!

Pero las cosas no apuntaban a cambiar con el despunte del nuevo alba. Nada más poner un pie en la cafetería y ocupar un sitio en una mesa vacía, algunos de los compadres de Marcel se retiraron de forma descarada. La Sra. Woodstock, que ya llevaba rato haciendo realidad el propósito de vaciar la cocina de la cafetería, les saludó sarcásticamente mientras de metía un donut entero en la boca. Luego se les unió Michaels, que venía de reparar un estropicio en la vivienda de uno de los viejos.

—Son la manzana podrida de un cesto, Larry —decía Michaels, una vez al tanto del incidente de la noche pasada—, supersticiosos, pájaros de mal agüero, enganchados a un sufrimiento absurdo…

Y estúpidos. A Larry le hizo gracia; el asunto de la maldición había salido a colofón antes de tiempo, de modo que, lejos de dejarse afectar por los suspiros angustiosos de la Sra. Woodstock, inquirió a Michaels sobre el posible carácter perverso del maestro. Que pasara la mayor parte del tiempo con los niños, no implicaba que fuera a secuestrarlos.

—De hecho —añadió Michaels—, Gabriel nunca mostraba el menor gesto de descontrol o impaciencia hacia ningún niño. Al contrario, era encantador… Déjeme contarle algo, Larry.

“Una semana antes de desaparecer, Gabriel me llamó porque quería reformar todo el suelo de la planta principal. ¡La verdad es que se encontraba en un estado lamentable! Como deseaba que estuviera acabado antes de finalizar la semana, se ofreció a ayudarme para ir más rápido. Bastó un par de consejos sobre albañilería… se desenvolvía muy bien, pero le notaba tenso, acelerado en sus movimientos. Entones salió el tema de los niños. Parecía como si estuviera torturado por las desapariciones. Supongo que su nerviosismo era algo normal. Los niños eran su vida. No quise insistir demasiado y, cambiando de tema, le pregunté por qué tenía tanta prisa. Me dijo que su mujer y su hijo estaban regresando de la ciudad, y quería darles una sorpresa”.

“¡Menuda sorpresa, Larry! La policía, que llevaba tiempo interrogando a Gabriel, como principal sospechoso de las desapariciones, se presentó esa misma noche para llevarlo a comisaría. No desveleraron ni informaron de nada, aunque todo el condado se temía que el maestro no había sido trigo limpio. ¡Y aún queda lo mejor! La policía encontró la casa desierta. Ni Gabriel, ni su mujer, ni su hijo, los cuales, según el maestro, ya debían haber vuelto de la ciudad. No había un alma dentro. ¿Cómo diablos se habían largado sin que nadie les hubiese visto?”.

“¿Por qué le estoy diciendo todo esto, Larry? Si Gabriel realmente secuestró a los niños, si hizo algo que no les permite descansar, entonces hay que hacer como Marcel y los viejos: creer en espíritus, maldiciones y fantasmas, pero será inútil, porque terminará tan amargado como ellos”.

—El Sr. Michaels tiene razón —dijo la Sra. Woodstock, algo más tranquila, dedicando un gesto de satisfacción a la caja de donuts vacía—. No merece la pena, Sr. Cupcake.

Larry asintió un par de veces. A fin de cuentas —y como escritor, de eso sabía bastante—, un condado que no apareciera en los mapas, cuyos habitantes estuviesen más corrompidos que las fragancias de las ciénagas, que adoleciera de la típica maldición con fantasmas con insomnio y trastos que se mueven solos, era tan interesante como un bostezo… Aprovechando que la Sra. Woodstock había ido al servicio, Michaels invitó discretamente a Larry a visitar el robledal, algo que sí despertó su curiosidad.

—Esta es la noche en la que Marcel y los viejos se reúnen para cantar a los niños.. ¡Comprobará lo perdidos que están…!

Y entonces se echaron a reír.

Pero si era cierto —se preguntó Larry, conteniendo las risas porque la Sra. Woodstock ya estaba regresando—, y no había maldiciones ni fenómenos paranormales de ninguna clase… ¿en qué lugar quedaba la sombra que le había causado el desmayo?

…continuará

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Arlequín

    Arlequín

    18 junio, 2017

    Perfect, estaré atento a la continuación…abrazos.

  2. Imagen de perfil de Celeste

    Celeste

    18 junio, 2017

    Engancha, Edhipo. Tienes una prosa fluída, que se lee sola. Un abrazo y mi voto.

  3. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    18 junio, 2017

    Muy misterioso. Un abrazo Agaes y mi voto desde Andalucía

  4. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    19 junio, 2017

    Seguiremos, pues, esperando, amigo Agaes. Al final, como hice con la novela anterior, me leeré otra vez los diez capítulos seguidos; mientras tanto, seguiremos disfrutando por entregas de tu magnífica prosa.
    Un fuerte abrazo y mi voto.

  5. Imagen de perfil de eleachege

    eleachege

    23 junio, 2017

    Mis felicitaciones edhipo por tu escrito. Leí a vuelo de ave los capítulos I y II para tener idea del contenido de esta III entrega. No soy un experto, pero noto cohesión y coherencia pragmática en la estructura de tu novela.
    Unida a la calidad textual de la redacción que envuelve el interés del lector. Saludo cordial y mi voto.

  6. Imagen de perfil de Siby

    Siby

    6 julio, 2017

    Agaes, buenisimo relato, ahora hay que esperar
    lo que sigue, tienes mi voto.

    besitos dulces
    Siby

  7. Imagen de perfil de Fiz Portugal

    Fiz Portugal

    30 julio, 2017

    He leído a vuela pluma los capítulos anteriores y este tercero con mayor detenimiento. Me gustan los diálogos y descripciones que sitúan al lector en un contexto concreto, el que tú deseas trasladarle. Espero el próximo episodio. Saludos cordiales. Tienes mi voto.

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