Muchos años después, cuando regresé a aquel cementerio con un par de errores a cuestas y un puñado de experiencias surcando los alrededores de mis ojos, me encontré de nuevo cara a cara con el hombre que había acuchillado mis pesadillas infantiles durante tanto tiempo.
Nos esperaba en la entrada, igual que tantos años atrás, con la cara maltratada por los años y una mueca difícil de interpretar. Seguía vendiendo flores, sus flores, que cuidaba con agua fresca durante el día bajo la sombra de aquel toldillo de tela mientras estudiaba pacientemente el trajín de adultos y niños que entraban y salían del cementerio, con esos ojos que tenían algo de atemporal. Aquel día, revivieron mis fantasmas juveniles en la sonrisa de aquel anciano y su piel curtida por el sol que merodeaba las puertas de la muerte. Por eso, tal vez, decidí aceptarle una flor, al tiempo que me dedicaba una sonrisa como de papel secano. Y esperé sentada en el pilar de la entrada hasta que las lágrimas de mis familiares se secaron, su llanto suavizado por el cansancio y la evidente derrota de la expiración.
Cuando nos marchamos, me atreví a volver la vista atrás hacia ese hombre que vendía flores en el cementerio desde hacía más de diez años, quizás en un intento de superar mis propios miedos, que se insinuaban todavía en aquella flor inconscientemente enfundada en mi pecho. Sin embargo, solo un carrito viejo y vacío con el triste toldillo aún firme ondeando el viento me devolvió el saludo vespertino. Le busqué con la mirada y sólo alcancé a ver su sombra, escalando montaña arriba el escarpado camino de los nichos y las lápidas con el montón de flores frescas que no había vendido abrazadas con una ternura especial. Le vi acercarse a una lápida recubierta de unas flores iguales a las que él sujetaba entre sus brazos e intercambiar las que llevaba aquel día por un puñado de otras ya secas. Y comprendí que aquella era su forma de mantener viva la memoria de una muerta, por la que ya no quedaban suspiros ni lágrimas, tan solo el recuerdo de ese mismo espectro que inundó mis pesadillas de invierno.
Llegué a casa y coloqué la flor en un jarrón con agua en la ventana, mirando hacia la luna y las estrellas. Brindé a su salud y supe que el fantasma que me visitaba en mis sueños de niña se había marchado para siempre.




GermánLage
Un relato repleto de sentumiento y añoranza, Elsa. Me gustó como está escrito.
Mi cordial saludo y mi voto.
Elsa Eithne
Muchas gracias, Germán. Un saludo.
Mabel
¡Qué hermoso relato! Un abrazo Elsa y mi voto desde Andalucía
Elsa Eithne
Muchas gracias, Mabel!
Manger
Buen relato, Elsa. Mis saludos más cordiales con el voto.
Elsa Eithne
Muchas gracias, Manger. Me alegra que te gustara. Un saludo
Fiz Portugal
Tiene ese sentimiento que los gallegos llamamos saudade y tiene alguna diferencia con añoranza, se refiere a echar de menos a las personas , a su entorno y a algunas circunstancias que probablemente no se repetirán. Saludos cordiales. Tienes mi voto y te sigo.
Elsa Eithne
Muchas gracias! Me alegra mucho que te guste el relato. Nos leemos!
gonzalez
Hermoso, Elsa, me gustó mucho. Te dejo mi voto y un fuerte y cariñoso abrazo.
Elsa Eithne
Muchas gracias, gonzález. Un saludo.
alice
Bonito micro. Con mucha sensibilidad.
Un abrazo
Elsa Eithne
Muchas gracias!
sncaltero
Mi voto desde Colombia.
enriccarles
HOLA ELSA.
COMIENZO MI COMENTARIO CON DOS ACLARACIONES.
1º ESCRIBO EN MAYÚSCULA PORQUE LA LETRA DEL ESPACIO PARA COMENTARIOS ES PEQUEÑA Y NO VEO BIEN LA MINÚSCULA NI CON GAFAS.
2º CONSIDERO QUE UN COMENTARIO SIN UNA CRÍTICA ES INÚTIL, YA QUE ESA ES LA MEJOR HERRAMIENTA CON QUE CONTAMOS EN EL GRUPO, LA QUE PERMITE VER ERRORES QUE AYUDAN A MEJORAR NUESTRA VOCACIÓN DE ESCRITORES.
EL RELATO ES INTERESANTE, MUESTRA UN CÚMULO DE SENSACIONES Y SENTIMIENTOS ÍNTIMOS Y ARRAIGADOS.
NO HE HALLADO ERRORES ORTOGRÁFICOS,PERO SÍ ALGÚN QUE OTRO DE CONSTRUCCIÓN.
TE DETALLO ALGUNO DE ELLOS:
surcando los alrededores de mis ojos, me encontré de nuevo cara a cara con el hombre que había acuchillado mis pesadillas infantiles durante tanto tiempo.
NO LE ENCONTRÉ CORRELACIÓN CON EL RESTO DEL RELATO
aquel toldillo de tela mientras
TELA ES UN ADJETIVO (EN REALIDAD CUMPLE CON LA FUNCIÓN DE) QUE SOBRA Y PRODUCE CACOFONÍA Y NO APORTA AL SUJETO, MAYOR INFORMACIÓN, PERSONALEMNTE LO QUITARÍA
ese hombre que vendía flores
ESTE ES UNO DE ESOS CASOS EN QUE LA SECCIÓN DE LA FRASE ES INNECESARIA YA QUE EN EL PÁRRAFO ANTERIOR SE DICE DE LA ACTIVIDAD QUE DESARROLLA
Le vi acercarse a una lápida recubierta de unas flores iguales a las que él sujetaba entre sus brazos e intercambiar las que llevaba aquel día por un puñado de otras ya secas.
AQUÍ HAY UN PAR DE FALLOS, “LE” ES UN LEISMO MUY COMÚN EN EL QUE CAEMOS TODOS LOS ESCRITORES, NO TIENE MUCHA IMPORTANCIA, PERO PARA EL LECTOR AVEZADO RESULTA NOTORIO. LO SIGUIENTE ES LA CONSTRUCCIÓN DE LA ORACIÓN, UNA CORRECCIÓN DE ELLA QUEDARÍA CON MAYOR LEGIBILIDAD SI SE REEMPLAZA POR: ” LO VI ACERCARSE A UNA LÁPIDA RECUBIERTA DE FLORES IGUALES A LAS QUE LLEVABA EN SUS BRAZOS, Y CAMBIAR LAS FRESCAS POR LAS SECAS.”
NO QUIERO AGOBIARTE CON MÁS DETALLES QUE PASAN DESAPERCIBIDOS
PONGO MI VOTO Y TE DEJO UN GRAN ABRAZO, TE SEGUIRÉ LEYENDO Y ESPERO QUE CRITIQUES LOS MÍOS.
Elsa Eithne
Muchas gracias por la crítica constructiva, tomo nota para mejorar los próximos relatos. Un saludo.
Fiz Portugal
Que cara es a veces la liberación. Pese a la tristeza y la añoranza, la saudade, que diríamos aquí en Galicia, ha sido un placer leer tu relato. Saludos cordiales. Tienes mi voto.
Walter Alan
Lo que sucede hoy día es que todo somos críticos literarios. Si realmente quieres corregir le envías un mensaje privado y lo debates.
Lo digo por el comentario de: enriccarles.
En lo personal me gustó mucho, en cuanto a los detalles que pueda tener son común en muchos de nosotros. Cada día que pasa vamos mejorando la técnica para desarrollar nuestro arte. Un saludo y mi voto, jaajaja, directo al Raking.
Tuyo: Walter
Elsa Eithne
Mcuhas gracias Wlater! Me alegra mucho que te gustara! Un saludo!