La ropa que se había quitado en la noche estaba tirada en el piso, sobre el televisor que estaba frente a la cama colgaba la toalla cubriendo la pantalla. Sobre la mesa de noche, varios vasos con restos de gaseosa, el cenicero lleno entre colillas y cenizas, el celular cargando en modo silencioso. Debajo del velador los platos, uno encima del otro con sobras de comida.
El, sobre el colchón sin sabanas todas estas estaban sobre el cesto de ropa sucia.
Estaba oscuro, las cortinas no dejaban espacio para la luz, el único sonido que se escuchaba eran las gotas de agua que caían en el lavamanos. El aire había dejado de ser puro entre la humedad, la comida y el baño, ya no era respirable para alguien que entrara por primera vez.
Pablo dormía como los angelitos, no por tener la conciencia tranquila, sino por las píldoras de neuryl que tomaba hacia algunos meses.
Esta vez las cosas se fueron de las manos, aunque aun no era del todo evidente pero ya no podría esconder la situación pues era cerca de fin de año ya comenzaría una nueva gestión. El sacaba algo de dinero casi a diario de los fondos que el administraba, con la seguridad que lo devolvería a fin de mes, es que el dinero no alcanzaba para nada, por lo menos no para salir a comer a diario con el grupo de amigos de su juventud, tampoco para comprar ropa de marca y mucho menos para vivir en la zona que vivía.
Pagaba mucho por ese mísero cuarto con baño, en esa lujosa casa y en ese exquisito barrio, tenía habitualmente gustos extravagantes y le encantaba pagar la cuenta. Sobre todo de las amigas o colegas de trabajo, el era muy educado, no permitía que las damas pusieran ni un peso, es que todas estaban enamoradas de él, las acompañaba hasta sus casas y nunca se sobrepasaba, porqué él era todo un caballero.
Su ropa era impecable, su piel acariciable, cada musculo de su cuerpo muy bien trabajado, sobre todo sus nalgas. No era ningún tonto, tenía una charla interesante nada aburrida y muy buena dicción y sabía lo que cada una quería oír. Pero él no se enamoraba de ninguna, en realidad no podía aunque lo intentaba vez tras vez, le resultaban más excitantes los hombres. Con mucha discreción y pasando buenas propinas para que nadie hablara, iba a los lugares donde podía dejarse llevar por sus impulsos y dar rienda suelta al placer, la última vez no había sido tan cuidadoso con uno de los jovencitos que le gustaban y le había dado todos sus datos personales sentía que estaba al borde del precipicio.
Pero quien podría entender lo que le pasaba acaso era su culpa haber sido tan blanco, con esos increíblemente grandes ojos verdes, ese pecho lleno de vellos, esos dientes perfectos y ese abdomen plano, el no había sido hecho para vivir en la miseria, en el barrio de sus padres, ese lugar era para los oscuros. Tampoco no era su culpa haber sido iniciado por su tío, en sus preferencias sexuales.
Si esta sociedad era una mierda lo decía vez tras vez esta sociedad discriminadora que ve como persona de bien y exitosas a los mas blancos a los lindos, a los que se rodean de las mejores mujeres, que tienen un buen auto, viven en los condominios de la zona norte.
Golpes suaves se escucharon en la puerta casi imperceptibles que de a poco fueron subiendo de volumen conjuntamente con una voz de tras de la puerta.
Mientras Pablo confundía los golpes con su sueño, comenzó a moverse en la cama y a abrir muy lentamente los ojos, los golpes eran más fuertes, pero su cerebro estaba confundido entre dormido y despierto, hasta que abrió los ojos totalmente, lentamente estiro la mano para buscar su celular, tratando de no hacer ruido, era como si se le quedara paralizado el cuerpo, podría ser la policía, quizá lo habían denunciado, pero no era posible esto, pues hasta la hora de salida del trabajo todo estaba normal eso era imposible, de repente otro pensamiento es el muchacho los padres, comenzó a transpirar.
Pablo ¿estás ahí? – Era la vos de la dueña de casa – ¡¡Pablo!!
Sus pensamientos comenzaron a correr a mil, se quedó inmóvil y en silencio, no era posible, ella jamás tocaba la puerta ni para cobrar el alquiler ese era el trato.
¡Pablo! ¡Pablo! ¡Pablo!
Y sonaba esa vos y retumbaba en su mente una y otra vez y otra vez pudo estirar su brazo totalmente sintió la vibración de su celular, sin duda habían venido por él, paso de largo el celular agarro las píldoras y como por inercia tomo un neuryl y otro y otro más y muchos más… dejo de sonar la voz ya no había miedo ni temores ni culpas ni nada solo los párpados le pesaban tanto que se iban cerrando los bellos ojos verdes.
De repente todo se oscureció, había un absoluto silencio espeluznante silencio, quizá el silencio de la muerte, no sentía su cuerpo, ni sus brazos ni sus piernas, no podía abrir sus ojos, porque quizá ya no habían ojos, pero sabía quién era, era consciente de sí mismo, pensó que quizá estaba dormido y mañana al despertar no recordaría nada, otra vez el temor lo poseyó él sabía que no era un sueño, era real la muerte, tantas veces anhelada había llegado.




Mabel
¡Impresionante! Un abrazo Alfonsina y mi voto desde Andalucía
Alfonsina
Gracias Mabel!!
Walter Alan
Muy bien escrito. Felicidades! Un saludo y mi voto.
Alfonsina
Gracias Walter!!
Celeste
Madre mía, un relato muy bien planteado. Un abrazo y mi voto.
Alfonsina
Gracias Celeste!!
GermánLage
Tremendo drama, Alfonsina; magnífico el planteamiento del conflicto personal del personaje y perfecta la gradación con que el drama es conducido a su trágico final. Me ha encantado.
Un cordial saludo y mi voto.
Alfonsina
Muchas gracias German!!
eleachege
Buen escrito. Me gustó. Un saludo Alfonsina. Te sigo y recibe mi voto.
Alfonsina
Muchas gracias!!