Hasta que brote la última sangre

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La presión de las burbujas sobre el muslo recuperaba las sensaciones en su piel, sentía el calor del agua y un cosquilleo que él achacaba a la circulación de la sangre por la zona herida. Los médicos del balneario le dijeron que el masaje que proporcionaban los chorros de burbujas sobre el muslo mejorarían su funcionalidad y reducirían la tumefacción de la herida, aunque nunca volvería el muslo a su aspecto anterior.

Un sicario por cuenta de un estafador al que estaba haciendo una vigilancia, lo sorprendió sentado en su coche con una cámara de fotos en la mano y le disparó con la intención de darle en el pecho, pero no pudo evitar que abriera la puerta y lo empujara desviando el tiro que alcanzó la parte alta del muslo.  El delincuente huyó pistola en mano pero volvió a disparar para rematar la faena, la bala alcanzó el parabrisas  y se perdió en la tapicería, sin alcanzarle. Unos instantes después estaba  rodeado de policía alarmada por los disparos que inexplicablemente se habían hecho sin silenciador.

Al sicario lo había detenido un policía de paisano cuando se deshacía de la pistola en un contenedor.

La Policía estaba realizando una vigilancia de la zona porque se esperaba una visita de los Reyes para inaugurar una exposición en uno de los museos del centro de la ciudad. A causa de los disparos, la visita se aplazó dos horas mientras las fuerzas de seguridad peinaban la zona y a Adrián Gómez, acompañado de dos policías se lo llevaban en una ambulancia al hospital, donde permaneció incomunicado y custodiado  hasta que  la policía judicial le tomó declaración.

Un mes después, aburrido de tanta inmovilidad y tanto cuidado, el traumatólogo le dio el alta hospitalaria y le recomendó una estancia de un mes en cualquier balneario que tuviera yacusi y unos buenos masajistas que pusieran a punto su cuádriceps que había sido el perdedor de su duelo con el sicario.

Llevaba ya una semana de baños en el yacusi y masajes y decidió, con el criterio en contra de los médicos, dejar las muletas y la silla de ruedas y volverse un poco más autónomo.

El recurso de sobrevolar su vida desprendiéndose de su envoltura carnal, para librarse de sus prejuicios y ganar objetividad  le estaba funcionando y en esas condiciones de ingravidez había llegado a la conclusión que una vez que los médicos habían ejercido su oficio lo que restaba era cosa suya.

El balneario está enclavado al borde de la cuenca del río Palomas, que se llenaba por el agua que permitía acumular  la muralla del pantano.

Aunque esperaba encontrarse rodeado de personas mayores, el establecimiento tenía muchos clientes jóvenes que le daban un aire muy animado, pese a que una de las principales especialidades del balneario eran las depresiones. Los bañeros y las bañeras comentaban  a quien quería escucharles que hasta hacía muy poco tiempo existían en las dos termas romanas que se conservaban desde hacía diecisiete siglos, dos columnas unidas por una cadena. En la época romana y muchos siglos después, hasta el siglo veinte,  a los enfermos mentales se les ataba a las cadenas  semi sumergidos en el agua  hasta que se tranquilizaban y el efecto de nueve o diez baños les mantenía tranquilos durante varios meses. Eso hoy era una curiosidad y un porcentaje muy elevado de los clientes venía a combatir el stress o simplemente a disfrutar con los baños, en la piscina de burbujas, un yacusi muy grande rematado por una pared traslúcida y abobedado lo que le daba un aspecto vivificante, entre lo sano y lo lúdico.

Adrián tenía muchas ganas de andar de nuevo y le habían dicho que no se disponía de una idea completa del Balneario si no se contemplaba desde el piso más alto del Hotel Varinia Serena, que disponía de un ascensor abierto desde el que se contemplaban las cúpulas del Balneario, el hotel Acualange  y las riberas y el agua del embalse que encuadraban todo el complejo. En la descripción siempre se olvidaban de hablar de la sierra que de alguna forma remataba  el castillo de La Culebra, construido durante la dominación musulmana para defender la Ruta de la Plata y que ahora, junto con el Balneario, eran los dos referentes históricos de Alange.

Cuando estaba disfrutando del paisaje en la terraza más alta del Hotel Varinia Serena, se le acercó una de las recepcionistas del hotel Acualange  para decirle que el sargento de la Guardia Civil del puesto de Alange lo esperaba en la recepción del hotel nuevo.

Arrastrando la pierna izquierda bajó al Balneario y desde allí, en la silla de ruedas, por el parque de los plátanos, hasta el hotel nuevo, el Acualange.

  • Yo le dejo aquí. Ahí está el sargento de la Guardia Civil.
  • Mi capitán, soy el comandante de puesto de Alange y vengo en misión oficial.
  • Fui capitán de la Guardia Civil, pero ahora no soy otra cosa que un detective privado con licencia de armas. Usted dirá Sargento.
  • Vamos a retirarnos porque me piden discreción total para no alarmar en este establecimiento. Julián Cortizo, el sicario colombiano que le hirió a usted, consiguió fugarse cuando  reconstruían el hecho. Estos asesinos a sueldo no paran hasta que consiguen sus objetivos, los matan o los meten en la cárcel y creemos que intentará dar con usted. Aunque que parezca difícil, igual que dio con usted cuando estaba haciendo la vigilancia, pensamos que puede localizarle aquí e intentar asesinarle. Le voy a poner aquí, bueno… Ya le he puesto, un guardia de paisano. Le he traído para usted estas fotografías del sicario aunque creo que lo recordará y quería comentarle como están actuando en las últimas semanas.  Se mueven en un coche seguro y se dirigen directamente al encuentro de su víctima, le disparan, comprueban que está muerto o lo rematan y se van. Aquí lo tienen un poco complicado porque tienen que regresar en su coche o robar otro y  se les complica la operación.
  • Muchas gracias,  Le agradezco mucho sus palabras y su apoyo. Esperemos que entre todos consigamos detener al asesino.

En cuanto se fue el Guardia Civil e identificó al guardia de paisano que se quedaba con él, se puso a trazar un plan de acción para protegerse del asesino. Lo primero fue llevar siempre la pistola, incluso en el agua, donde podía meterla en una bolsa de plástico para que se mojara lo menos posible.

El mayor problema era que el sicario entraría en el complejo balneario e iría a buscarlo, probablemente al yacusi y allí sin más tiempo que el necesario para reconocerle le dispararía.  Adrián se tenía que adelantar y dispararle para herirlo de muerte, porque el sicario no fallaría el tiro.

Necesitaba dejar su mente limpia, sobre todo eliminar el miedo y pensar que el sicario, era, en definitiva un hombre que había fallado dos veces al intentar matarlo. El asesino a sueldo se jugaba su prestigio que era de lo que vivía y eso después de lo ocurrido jugaba en contra de Adrián. Por muy frío que fuera, el hecho de enfrentarse con un Guardia Civil curtido ahora más, si cabe, con el trabajo detectivesco, tenía que tensar al sicario que cometería algún error.

Se liberó de su envoltura carnal y con ella quedaron sus condicionamientos,  sus prejuicios y sus miedos. Por encima del suelo, sobrevolándolo todo,  veía el pasado con mayor objetividad y se proyectaba en el futuro con clarividencia.

Había dos lugares donde podía atacarlo el sicario con probabilidades de éxito,  la gran sala de trabajo del Balneario, con un área de duchas, la piscina de burbujas y las de agua fría, además del baño turco y el comedor. En el comedor, aunque no supiera en que mesa estaba, dispondría de dos o tres minutos para buscarle y dispararle, por lo que Adrián creía que el sicario escogería la noche para atacarle, la media  luz ambiente y los focos sobre las mesas favorecían los planes del asesino. En la piscina de burbujas, el yacusi gigante, lleno de empleados y clientes la identificación era más difícil y con una sola puerta tendría que hacer una carnicería para salir y el trabajo de los sicarios debía ser lo más limpio y discreto posible aunque el que lo perseguía a él no se distinguía por su discreción.

Llevó su pensamiento a ras de suelo y se percató de su soledad, estaba en trance de que le quitaran la vida y no podía compartirlo con nadie, pero toda su vida había sido así. Se había pasado años como ave nocturna. La noche había sido su aliada y la Luna le había servido de inspiración, pero en la noche no había nada que le consolara. Con la luz del Sol los ligues de la noche aparecían desteñidos, todo era impostura y este efecto de la luz solar no solo actuaba sobre los vampiros, sino sobre todas las aves nocturnas que se habían atrevido a vestir las galas diurnas.

No tardó en observar que desde donde le habían colocado no veía la entrada del comedor y estaba de espaldas a una gran cristalera que daba al empedrado por donde bajaban los coches que descargaban en la entrada principal del hotel, probablemente el peor lugar para prevenir un ataque. Llamó al maître y el pidió que lo trasladara a una mesa de la esquina desde donde controlaba perfectamente la puerta, la ruta de acceso y tenía la espalda cubierta.

Cuando lo acomodaron de nuevo, se levantó y se dirigió a los lavabos. En cuanto dio dos pasos vio al sicario que andaba por la ruta abierta entre las mesas.  Llevaba una gabardina abierta y muy floja y la mano derecha metida en el bolsillo, demasiado abultado pese a llevar tan floja la prenda de abrigo.

Adrián no cambio el paso, evitó cojear y siguió andando de frente al sicario que miraba a uno y otro lado, mientras avanzaba lentamente con movimientos felinos. Al llegar a su altura Adrián le cogió el bulto con su mano derecha y con la izquierda le tomó fuertemente de la pechera, inclinándolo hacia delante y dándole un fuerte cabezazo en la cara. No pudo evitar que el sicario disparara un tiro. La bala dio en el suelo, rebotó y se empotró bajo el tablero de una mesa vacía. Fue lo más ruidoso porque sin que el detective se hubiera dado cuenta, el guardia civil que lo protegía se había colocado detrás del sicario y le estaba atando las manos a la espalda y retirándole la pistola que llevaba un voluminoso silenciador y sin transición lo sacó del comedor a empujones.

Después se enteró que aquella misma noche habían entrado en su oficina y probablemente habían descubierto alguno de los dípticos del balneario, para conseguir el efecto sorpresa el sicario había salido aquella misma mañana de Madrid, llegó al balneario, esperó a que se llenara el comedor  para el almuerzo y entró con la pistola en el bolsillo de su gabán para hacer brotar hasta la última sangre del detective. Allí fue reconocido por  Adrián y el guardia civil y detenido.

 

Comentarios

  1. eleachege

    4 julio, 2017

    Un buen relato Fiz Portugal. Un saludo y recibe mi voto.

  2. Mabel

    4 julio, 2017

    ¡Excelente historia! Un abrazo Felix y mi voto desde Andalucía

  3. GermánLage

    5 julio, 2017

    Excelente reportaje, Fiz. Me ha gustado.
    Un cordial saludo y mi voto

  4. Siby

    5 julio, 2017

    Magnifico relato Fiz, un gusto
    visitarte, tienes mi voto.

    besitos dulces
    Siby

  5. enriccarles

    6 julio, 2017

    Hola Fiz Portugal
    A veces me resulta antipático hacer una crítica, pero pienso que si no nos dicen la verdad sobre nuestros trabajos, jamás progresaremos. Recuerdoq ue en el ’76 exponía en una galería de aret mis obras en plástica, ya tenía encima varios premios que habían hecho crecer mi ego demasiado para los 22 años que tenía. Una tarde de verano apareció de la nada u renombrado crítico de arte, observó por más de tres cuartos de hora y al final con su voz ronca de tanto tabaco, me dijo: siga así y dentro de poco lo veo vendiendo postales. Me quedé helado y le respondí cuando salí del estupor: ¿Qué espera que haga, qué debo mejorar? y me dio la clave: Haga la obra, váyase a dar un paseo, regresé y observela, métase dentro de ella y busque lo que quiso decir; si solo encuentra silencio, quémela, no sirve. Aprenda a observar y luego exponga.
    Desde ese momento creo en la crítica.
    Tu relato tiene fuerza e intriga, pero el final no redondea lo que tenías en mente. Además los incisos que hablan de su «desprendimiento corporal o material» no llevan el suficiente sustento como para sumarlo al resto de la trama. Presentas un único diálogo que no teien vuelo literario, podría haber sido más rico, ya que no hay otro que muestre al personaje y lo defina mejor. No diré nada de la estructura esta vez, pero sugiero que la releas para que la entonación sea mucho más legible.
    En fin, espero que no tomes a mal mi retahila.
    va mi voto y mis saludos, también espero la crítica sobre los míos.

    • Fiz Portugal

      6 julio, 2017

      Creo que tienes razón, el relato tienes más de reportaje periodístico que de relato literario. No tenía esta intención y no quise quemar al detective que si me parece un personaje literario. Es posible que reescriba la historia y que la vuelva a traer aquí. Gracias por tu análisis. Saludos cordiales.

  6. gonzalez

    6 julio, 2017

    Me gustó mucho, Fiz. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

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