La vida coja

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| 168 | 19 Comentarios

Ahora que he vuelto,

he envejecido un poco.

Me han salido algunas canas,

me he dejado la barba

y mi voz suena como si

estuviera arrugada y cansada.

Me despierto antes de que salga

el sol los fines de semana

y duermo cada noche

soñando siempre con la muerte.

Los huesos comienzan a

dolerme si hace frío,

y la humedad en verano me

asfixia hasta dejarme vacío.

Me he quedado un poco sordo

y me he quedado un poco ciego.

A veces veo fantasmas a mi

alrededor que me llaman susurrando,

otras gritando,

pero siempre con sus

dedos hacia mí señalando.

Ya no desayuno,

ya no lloro,

me han prohibido el vino,

el tabaco,

los viajes

y las mujeres.

Mi mirada, dicen, la tengo triste,

mis piernas se han vuelto

torpes y lentas.

A veces me olvido de ir a cagar al baño,

a veces me despierto por las madrugadas

gimiendo y sudando.

Casi ya no tengo recuerdos,

pues se me han ido evaporando.

Los labios los tengo secos,

todos los suspiros ya

se me han muerto.

Soy un hombre solo,

cansado, triste

y viejo.

Mi doctor me dice que me encuentro muriendo,

pero yo sé que eso no es cierto,

sólo me está mintiendo…

pues eso ocurrió hace mucho,

ya mucho tiempo.

 

VDL

< Pintura: «Hombre viejo en duelo», Van Gogh >

Comentarios

  1. Luis

    5 julio, 2017

    Muy buen poema, saludos y mi voto!

  2. Mabel

    5 julio, 2017

    ¡Excelente! Un abrazo Víctor y mi voto desde Andalucía

  3. Esruza

    6 julio, 2017

    Me entristece ese poema porque a muchos de nosotros nos pasa o nos pasará lo mismo.

    Tienes mi voto y cordiales saludos.

  4. gonzalez

    6 julio, 2017

    Me gustó mucho, Víctor. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

  5. Luie Speler

    7 julio, 2017

    quiero imprimir mi corazón roto
    en las paredes de insomnio de mi conciencia
    rebuscada

    de tanto ir muriendo voy bostezando
    y naufragando
    con tanto muerto alrededor
    me voy muriendo
    anestesiado

    quisiera gritarlo todo
    quisiera oírlo atento
    querría encontrar la tumba de mi hermano
    allí donde las voces
    se afinan con el viento

    y registro las cuevas de su ausencia
    y aparezco sin sentido en mis esfuerzos
    y me tumbo en el altar de la firmeza
    débil y cansado
    soñoliento

    me escucho con su voz en mis cantares
    me muero con su vida
    entre mis cuentos

  6. altair

    10 julio, 2017

    Mi enhorabuena Daniel. Relatas muy bien la vejez. Saludos

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