Todos apretujados en aquel enorme congelador sienten latir sus corazones, en busca de un atisbo de calor. Lo único que consiguen es perpetrar su sufrimiento. Ya no es vida lo que recorre sus venas, sino afilados cuchillos que parecen querer cortarlas en pedazos, aunque eso nunca ocurrirá. La mayoría se lamenta constantemente y se arrepiente de lo que le ha llevado hasta allí. Están juntos, sus cuerpos se tocan, pero no perciben el calor que un día les hizo humanos y se sienten cada vez más despreciables. Preparen sus abrigos, amigos. ¿Quién dijo que el Infierno era un lugar abrasador?




Mabel
¡Impactante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida