Marina encuentra un fragmento de un relojito chino en su jardin acuático.
Lo pone bocabajo con mucho cuidado
y mira el mapa, que marca con una tachuelita roja.
‘Volver a casa, pudiendo ajustarle un tornillo’,
Pensó…
Lo pone junto a su oido.
Se duerme vestida, exhausta.
La noche entra entre las verdes algas, destilando aromas.
Y sueña con fideos largos y wonton soup, y pide la carta en mandarín.
Entonces aparece una pintura en la pared donde ella misma va recorriendo todo shanghai con zapatos de verano, y sube a un autobús.
Mira su reloj invisible de pulsera y… no creo que en realidad quiera saber la hora.
Cierra los ojos.
La música es buena, agradable.
Todo esta teñido por un color rojizo. A mí me da la impresión como si fuera la eternidad. Abarca hasta el mismísimo cielo, y cubre toda la ciudad.
Abre los ojos unos minutos después.
Percibe su cuerpo de modo irreal.
Suspira envuelta en el nuevo día.
Un fragmento de un relojito chino sigue allí, bocabajo.




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Mari y mi voto desde Andalucía
B€RTA
Muchas gracias Mabel. Un abrazo
Esruza
Lindo cuento Berta
Va mi voto con mis saludos
B€RTA
Gracias Esruza. Saludos
Nana
Oh, Meri, con qué cuidado vas describiendo los detalles que, poco a poco, nos van engatusando. Sentirse fuera de uno mismo, marcharse por realidades que nos dan una sonrisa, un tanto artificial, un tanto precaria, pero que nos empujan, a coger trenes, buses,… poner los pies en la tierra con la cabeza en las nubes. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo 😉
B€RTA
Que lindo, Nana. Muchas gracias. Un abrazo.
gonzalez
Me gustó mucho, Berta, mi voto diez para portada je. Un fuerte abrazo.
JR
Muy lindo! Me gusta mucho! Saludos y mi voto.
B€RTA
Muchas gracias!
B€RTA
Gracias, Gonzales!
Carlos Calleja
Hên hâo, Berta.
Un saludo,
Carlos
B€RTA
Xie xie, Carlos. Saludos!