Las video fintas

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«Mis ojos puestos en lo que sucede en los altos vuelos de la política, buscan la esperanza que viene de lo que sucede abajo, de lo que puede esperarse de la gente común; de las causas sociales que los demócratas podemos encausar».

 

Así se expresa el poeta, escritor y expresidente de la república Checa, Várclav Havel —uno de los personajes más distinguidos de la real-politik– que liberó a su país de las ataduras comunistas y reconfiguró la grandeza de Praga –a la par de las grandes capitales europeas– en su libro intitulado: La responsabilidad como destino (FCE, 1991) que debería ser lectu­ra obligada en las clases de civismo, en el INE y sus calcas locales, y en una que otra facultad de ciencias im-políticas.

Y es que tras presenciar por video los recientes escándalos políticos, la cena de negros disfrazados de amarillos, en la que se convirtió el nono congreso del PRD en Morelia  –el Sainete del Baja Compló, el garrote a la Dos Bocas, la Chirona de Lozoya, Collado, Deschamps y la Robles— y el abracadabra de las renuncias proféticas (bienaventurados los que sigan morenos, pues ellos verán el paraíso terrenal), bien haríamos los ciuda­danos de a pie en empezar a buscar nuestro «rayito de esperanza» en otro cielo que no sea el de los partidos con sus promesas multicolores. A lo mejor, quien quite, y lo encontre­mos allá abajo, en las grutas de Cuetzalan, en las cuevas poblanas donde los espeleólogos ingleses andaban en busca de nuestra luz dorada pero solo encontraron el huachicoleo ardiente.

SIN LAMPARA. Que no se me confunda, no ando con una lámpara como Diógenes buscando hombres íntegros y mujeres índigas a plena luz del día. Yo entiendo que un político autóctono no es ni más ni menos que un espécimen de nuestra fauna regional: los hay que rugen, otros que dan coces; los hay jaladores, los hay dinosaúricos y depredadores, pero también los hay con alas y altura de vista -no de vivales zopilotes- como las águilas. Dentro de la supraespecie del -homo sapiens- los hay honestos y comprometidos, y los hay pagados de sí mismos o los sin destetar, aquellos pegados a la ubre presupuestal o al maná del Tata. Cada uno tiene una idea, un proyecto, una noción de cómo sacar al buey (nosotros) de la barranca en la que nos metimos en nombre de la dura-democracia. Algunas de sus propuestas serán sesudas y posibles. Otras no pasarán de disparates populistas o autocráticos; de aventuras dictatoriales vestidas de libre empresa y socialización bolivariana.

LAS PIRAMIDES. Desde que los mexicanos éramos meshicas, teníamos una enorme afinidad por las soluciones piramidales. Ya mestizos, se agravó el asunto: todas las respuestas provienen del Tlatoani o del Palacio, la Catedral o de Ultramar. Lo que sorprende es que sigamos creyendo que una persona —sea Presidente o Papa— puede cambiar una ideosincracia. Esperar que México sea un país demo­crático –institucionalmente hablando— porque fulanito o perenganita se lancen por la «banda del águila» es tanto como pensar que la clase política dejará de ser corrupta y el pueblo más santo si el prelado Norberto llega a ser el sucesor 267 del soleo Vaticano.

Dicho de otra manera: que zutanito llegue a ministro o cuaúhtemin a chipocludo provincial, los hará más poderosos a ellos, pero los demás seguiremos igual que siempre. Porque… si nosotros no procuramos la unidad en la mexicanidad; si los ciudadanos no nos reconocemos en la diversidad de origen, la bastardía mestiza… la mentalidad de la Nación seguirá igual. Y es que la verdad está afuera, en la gente, no en los propósitos de los palacios, ni menos en los partidos o en las rectorías. ¿O es acaso que los ciudadanos no pensamos, no contamos, solo somos votos por mendrugos?

EL CAMBIO REAL. México no va a cambiar si nosotros, los ciudadanos efectivos, los que cuentan y pagan las elecciones, no cambiamos. Por eso, lo que más necesita el país no es al Gran Gurú Providencial, no, lo que requiere México es El Gran Destape de los Ciudadanos. Porque la neta y sin video-fintas, como dijo «sitting bull»: aquí todos aspiramos a ser «big chiefs» y nadie quiere ser peatón común y corriente. Todos queremos mandar y nadie quiere obedecer; porque, los que no saben mandan, y los que saben, solo trabajan becados. Todos nos quejamos de que no se vislumbran los hombres de bien, los aguerridos campeadores del bien común, por quienes comprometer nuestra voluntad patriota.

¿Por qué no fue a votar, don? Pa’ qué, si de todas formas nos dan atole poblano. ¿Por qué se estaciona en doble fila, señora? Es que no ve mi VAN negra fifí, además el estacionamiento queda retelejos. ¿Por qué no paga impuestos, señor? Pos es que los políticos son reterratas, ya ve lo de los moches, Odebrecht, las condonaciones de impuestos a los magnates, las inversiones ruinosas y las concesiones pa´los cuates. ¿Por qué no vas al civismo, chama­co? Pus´ es que mi jefe dice que mejor le dé al inglex, pa’ ser bicultural a lo Ninitendo con todo y beca.

EL DILEMA. Ya lo advirtió el agorense Aristóteles y el jiquilpense Lázaro —es que «el man­do mejor se logra sobre subordinados mejores». Y eso significa que, si de forma paralela a los destapes por los cargos públicos no ocurre el Gran Destape Ciudadano —en el que cada uno de nosotros se autonombra cumplidor de las leyes del Estado donde libremente ha decidido vivir— bien podemos entronizar a Salomón de Judea, a Perícles de Atenas, a Marco Aurelio de Roma o a Bonaparte de Córcega, nuestra atribulada República no se va a arreglar por decreto trigarante de Palacio, San Lázaro y Xicoténcatl. No, lo providencial de este destape es que podemos adelantar vísperas, y hacerlo efectivo este año: ¡Orita’mesmo, esti ‘mero agostu, pa’ no sacar gallos dia’tiro penitentis!

Como lo dijo el poeta y lo hizo realidad el presidente Havel: en el oficio de ser ciudadanos, debemos pronunciarnos porque «cada uno empiece por sí mismo, porque si nos esperamos unos a otros, jamás llegaremos a la meta».

O sea, como en un juego de civismo aplicado: lo que hace la mano, hace la cola. No nos quéde­mos de «toros sentaos» o sea: de bue-y-nazos en la barranca.

 

CORTEX

Comentarios

  1. Esruza

    3 agosto, 2019

    Cuestión de idiosincrasia, estimado Cortex. Si nosotros cambiáramos, cambiaría todo, pero no hay modo.
    ¿Que no es mexicas?

    Mi voto desde Atenco.

    Stella

  2. ROTUA

    12 agosto, 2019

    Los sistemas antiguos de gobiernos en cualquier parte del mundo crearon la llamada democracia , DONDE NO LA HAY hacen que una nación la inicie, es un proceso de parto lento pero los grandes capitales se aseguran que solo funcione en su beneficio olvidando la raíz de todo proceso político como lo es la sociedad y su garantía a disfrutar de un ESTADO SOCIAL DE DERECHO Y DE JUSTICIA . Es un circulo de vicios creando mas vicios . HASTA QUE LA CONCIENCIA DEL SER HUMANO NO VISUALICE LA VERDADERA RAZÓN DEL SENTIMIENTO AFECTIVO ENTRE LOS UNOS Y LOS OTROS LOS COLORES POLÍTICOS SEGUIRÁN ACABANDO CON LOS SISTEMAS LLAMADOS DEMOCRÁTICOS Y SU RAÍZ ESTA ANTE LOS OJOS DEL MUNDO LA CORRUPCIÓN QUE NO PERDONA A NINGÚN COLOR Y SINO TE HACE BLANCO Y NEGRO PERO IGUAL COMPRAS SU ACUARELA .

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