Yo maté a
un ángel.
En el callejón,
del Starbucks
de la esquina
yacía, ¡Yacía!
Ese perfecto David.
Revuelto y bañado
en sangre
su celestial cabello.
Fueron los malditos
desalmados hijos de
este siglo. Ellos le
dejaron medio muerto.
(Vodka blanco y
frustración;
películas snuff
y diversión.)
—Pobre ángel,
¿no ves que este no
es ya tu tiempo?,
¿no ves que los
que son como tú
ya cayeron?
No había nada que hacer:
él lo sabía;
yo lo sé.
Una «inyección letal»
en la nuca y todo
acabará.
No sufrirá más.
Y ahora Tanatoturismo:
selfies en la tumba
del ángel con gafas
y vestidos/ trajes coloridos.
Extraña forma de bailar
esta danza mácabra
la humanidad.
Extraña forma de bailar.
Y mientras tanto,
no me arrepiento.
¡No! No me arrepiento
y lo haría de nuevo.
Era el último acto de piedad
del que era capaz
esta desarraigada
humanidad.
—Una «inyección letal»
y ya no sentirás
las costillas rotas
ni las piernas quebradas
ni la hemorragia cerebral.
Pese a que muy pocos
lo entiendan,
era el máximo acto de piedad
del último hombre gris de la ciudad.
Yo maté a
un ángel.
Lloro y pago el precio,
…
pero con todo
lo haría de
nuevo.





The geezer
Me ha gustado mucho este poema, ¿quizá canción? Con ese ritmo y esa originalidad por todos lados
Saludos y mi voto
César
Jean Arthur Lerouac
Gracias César. Me alegro que te haya gustado.
En principio no estaba pensando en hacer una canción, pero más de una persona me lo ha comentado.
Saludos.